Situación actual de las tortugas marinas en el Pacífico mexicano — ecologica
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Situación actual de las tortugas marinas en el Pacífico mexicano

Myriam Llamas González, Israel Llamas González e Israel Llamas González

Las tortugas marinas han habitado la Tierra desde hace más de 100 millones de años. Su caparazón es un escudo protector ante depredadores; actualmente también debe ser un protector de los peligros creados por el humano, principalmente en las desafiantes aguas del Pacífico mexicano (foto 1).

La vida de una tortuga marina no es sencilla; por un lado, le afectan los disturbios naturales, como las variaciones en las corrientes, los afloramientos de algas nocivas y los más drásticos, los cambios de temperatura impulsados por eventos como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) o el propio cambio climático global.

El ENSO y el cambio climático pueden provocar una alteración severa en la proporción de sexos de las crías de tortugas; la incubación en arena cálida resulta en una cantidad mayor de hembras, lo que conlleva a una preocupante disminución de machos (foto 2).

Además, hay otro problema: si la temperatura es demasiado elevada, esta puede llegar a ser letal para los embriones en los nidos (foto 3). Además, los cambios drásticos en las temperaturas pueden alterar o destruir ecosistemas marinos que funcionan como hábitats esenciales de estos organismos.

Las temperaturas oceánicas elevadas provocan un exceso de humedad en la atmósfera, lo que intensifica las tormentas, que a su vez afectan gravemente a los nidos inundándolos y erosionando o destruyendo las playas de anidación.

Ante estas circunstancias, las tortugas del Pacífico mexicano han presentado adaptaciones que las distinguen de otras poblaciones en el resto del planeta, por ejemplo: la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), la más grande de todas, crece a un tamaño más pequeño, pone una cantidad menor de huevos y sus tiempos entre anidaciones son más prolongados; la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) se ha hecho dependiente de los estuarios en manglares durante toda su vida y es muy esquiva y la tortuga prieta (Chelonia mydas agassizii) es mucho más carnívora y su apariencia ahora suele ser más oscura.

Como resultado del crecimiento exponencial de las poblaciones humanas, han surgido disturbios antropogénicos para las tortugas: la captura directa e incidental, la pérdida del hábitat y la contaminación, los más importantes.

Las prácticas pesqueras provocan la muerte de miles de tortugas. A pesar de que su caza está prohibida, en México aún prevalece el interés de su consumo, debido a costumbres arraigadas o creencias de que su carne es un afrodisiaco.

Al contrario de traer beneficios, la carne de estos organismos puede provocar intoxicaciones graves.

Las tortugas pueden enredarse o enmallarse en diversas artes de pesca industrial o ribereña. Las artes de pesca que se rompen o son desechadas al océano siguen siendo un riesgo inminente, dado que las tortugas pueden enredarse (redes fantasma), dificultando su desplazamiento y limitando su alimentación, por lo que muchas veces no sobreviven (foto 4).

Aunque se han establecido medidas para reducir la captura incidental, como los excluidores de tortugas –unas secciones abiertas ubicadas en la parte superior de las redes de arrastre que permiten a las tortugas escapar de la red.

Sin embargo, la colaboración con los pescadores no siempre es sencilla. Se requieren alianzas sólidas para establecer exitosamente un plan de acción para evitar eventos de enredamiento.

El desarrollo costero del litoral mexicano ha destruido y alterado el hábitat de las tortugas. Las construcciones en la playa reducen el espacio de anidación; la iluminación excesiva desorienta a las tortugas que salen a la playa a desovar y a las crías que buscan su camino hacia el mar; el tránsito marítimo colisiona con tortugas que descansan en la superficie del mar (foto 5); y el dragado del fondo marino afecta sus áreas de alimentación.

Las tortugas confunden los desechos plásticos en el océano con alimento, al consumirlos les provocan obstrucciones, daños severos en los intestinos y hasta la muerte (foto 6). La contaminación por metales pesados ha sido tema de preocupación pues se han registrado concentraciones altas de cadmio que pueden causar problemas crónicos y la muerte.

Debido a la sobreexplotación en búsqueda de sus huevos y carne, las tortugas marinas han estado en riesgo durante décadas. A partir de 1990, en México se prohibió su pesca y se decretó su protección.

Durante décadas, diversos programas de conservación se han dedicado al cuidado de estos organismos. Entre ellos, destaca el titánico esfuerzo de más de 60 campamentos tortugueros en el Pacífico mexicano, que han contribuido a la protección y recuperación de las tortugas (foto 7).

Uno de ellos está en la playa La Escobilla, Oaxaca, el cual ha experimentado una recuperación asombrosa de tortugas golfinas (Lepidochelys olivacea). En este sitio se presenta el fenómeno de anidación de arribadas más grande del mundo, ayudando a que esta especie se encuentre en bajo riesgo.

Otro campamento se sitúa en Colola, Michoacán, donde se ha logrado un aumento significativo en la población de tortugas prietas, contribuyendo a que esta especie se encuentre catalogada como en bajo riesgo.

La red de Iniciativa de Tortuga Carey del Pacífico Oriental (ICAPO), se enfoca a la investigación, protección, recuperación y conservación de esta especie, lo que ha llevado a situar en la agenda mundial de conservación de tortugas marinas como “altamente amenazada”.

La Red de Conservación de la Tortuga Laúd del Pacífico Oriental (Laúd OPO) se ha especializado en establecer un plan de acción para estabilizar y recuperar la población de esta especie, ya que se encuentra en la categoría de “alto riesgo”.

Aún con este esfuerzo de protección a las tortugas marinas en México la recuperación poblacional de algunas especies no ha sido posible en su totalidad (foto 8). Además los esfuerzos por proteger a estos seres vivos se desvalorizan si el mismo país no detiene la continua generación de impactos antropogénicos, pues sus propias acciones y decisiones constituyen la principal amenaza para estos organismos.

Myriam Llamas González
Posgrado BEMARENA, Universidad de Guadalajara

Israel Llamas González
Campamento Tortuguero Mayto, EcoMayto, AC, Jalisco

Christian D. Ortega Ortiz
Facultad de Ciencias Marinas, Universidad de Colima

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