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México y EU, en busca de la estabilidad perdida en Centroamérica

J. Jaime Hernández

 

México y Estados Unidos han emprendido la búsqueda de la estabilidad perdida en Centroamérica. Una misión que tiene como antecedentes las muchas guerras y cruzadas anti comunistas de Washington en esa región, los golpes de Estado a mansalva para imponer gobiernos títeres y el convencimiento de que sólo las opciones policiales o militares han sido la mejor respuesta a las continuas olas de violencia e inestabilidad política.

Hace una década, la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, proponía en un encuentro con aliados europeos en Nueva York la construcción de una cárcel de máxima seguridad en Centroamérica para contener la amenaza de las pandillas o maras.

Un mal que, por cierto, tuvo su origen en las pandillas que nacieron en la ciudad de Los Angeles con el protagonismo de los hijos de aquellos militares exiliados que buscaron protección de EU tras las fallidas operaciones contrainsurgentes para “poner un alto al avance del comunismo”.

A lo largo de casi 100 años, la búsqueda de la “paz y la prosperidad” en Centroamérica ha sido para EU una tarea imposible. Y el resultado de sus acciones son las mareas de migrantes que huyen de la miseria, la violencia o los desastres naturales.

Hoy, por primera vez, la administración de Joe Biden parece dispuesta a escuchar a su socio mexicano. Un aliado estratégico que le ha advertido que las opciones militares o el blindaje de fronteras seguirán conduciendo a un callejón sin salida.

Si, al parecer, la administración de Joe Biden acepta en esta ocasión la propuesta de México para impulsar programas de inversión en Honduras, Guatemala y El Salvador, la región podría tener por primera vez la oportunidad de salir del pozo de la violencia y la miseria que la ha entrampado durante casi medio siglo.

Y lo mismo podría ocurrir con México que, desde los atentados del 11 de septiembre del 2001, se convirtió en el villano favorito de los políticos nativistas en el seno del partido republicano o demócrata, para dar bríos a las presiones para construir un Muro inexpugnable o legislar al vapor leyes contraterroristas que han hecho de los migrantes sus chivos expiatorios.

Según el estudio realizado por Douglas S. Massey and Karen A. Pren hacia fines de la década de los cincuenta, “Estados Unidos permitía la entrada de aproximadamente medio millón de inmigrantes mexicanos al año, de los cuales 450.000 entraban con visados de trabajo temporal y 50.000 llegaban con visados de residentes permanentes.

“A mediados de los años sesenta, los cambios en la política migratoria de Estados Unidos realizados en nombre de los derechos civiles redujeron drásticamente las oportunidades de entrada legal a Estados Unidos. Se eliminaron los visados de trabajo temporal y se limitaron los visados de residentes a 20.000 por año.

“Con las oportunidades de entrada legal restringidas, los flujos migratorios ya establecidos simplemente continuaron, fuera de los límites legales, dando comienzo a una inesperada reacción en cadena de eventos que culminaron en una guerra total contra los inmigrantes y el rápido crecimiento -sin precedentes- de población residente no autorizada en Estados Unidos”.

En pocas palabras, la ruptura de la circulación migratoria, que permitía el continuo flujo del sur hacia el norte y viceversa de millones de migrantes hacia EU, ha sido la causante de la guerra que se han empeñado en mantener las fuerzas vivas del conservadurismo en EU.

Si en esta ocasión EU desaprovecha esta última oportunidad, la avalancha de migrantes hacia el norte se mantendrá como una constante explosiva y no regulada y una amenaza sobre la estabilidad de millones en el hemisferio.

Por lo pronto, y en opinión de expertos consultados por distintas agencias internacionales, el fenómeno migratorio en la frontera entre Estados Unidos y México es un asunto con variables de difícil solución en el corto plazo, por lo que las acciones anunciadas por los Gobiernos de los dos países sobre soluciones en la franja divisoria "generan escepticismo".

Para el profesor e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales Rodolfo Casillas, la creación de empleos contemplada en el nuevo enfoque propuesto es una medida coadyuvante, que podrá tener resultados cuando se aplique, pero no en el corto plazo.

"Por lo menos para lo que resta del año la política de contención se va a mantener", afirmó el académico, que destacó que aun y cuando la actual Administración estadounidense comparta del todo la visión mexicana, los recursos para cualquier política deben ser aprobados por el Congreso en Washington.

Pese a eso, Casillas calificó de acertado que los dos países comprendan que la respuesta al problema migratorio está en el modelo de desarrollo de las naciones y no en los flujos de migrantes como tal.

"Tiene que ver con las inversiones que deben hacerse en los mercados que emplean mano de obra masiva en esos países", subrayó.

En ese sentido, Pablo Yankelevich, profesor e investigador del Centro de Estudios Históricos del Colegio de México, ponderó  que "la política migratoria de México no ha sido nunca una de puertas abiertas".

"Es una política de restricción al ingreso de migrantes, que difiere de la de asilo y refugio, en la que México ha sido generoso", sentenció.

El académico, autor de estudios históricos sobre inmigración, asilo y extranjería en México opinó que "hay un problema serio en la gestión del asilo y refugio. Son miles de personas solicitantes y el Instituto Nacional de Migración (INM) tiene que calificar a cada una para ver si la acredita como sujeto de protección".

"El trámite está en un cuello de botella por una debilidad institucional para poder gestionar la acreditación del refugio, que es una acreditación individual. Es una situación muy trágica que se da en el marco de ingresos irregulares", sentenció Yankelevich.

El desbordamiento institucional señalado por el experto, unido a la política de contención de los migrantes y al continuo incremento de estos, conllevó a la formación de cuatro caravanas de migrantes en apenas ocho días desde el 28 de agosto, todas disgregadas por operativos del INM y la Guardia Nacional.