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El futuro de las orcas en México

Georgina Saad Navarro, Mercedes Eugenia Guerrero Ruiz, Sergio Francisco Flores Ramírez y Jorge Iván Cáceres Puig

La orca (Orcinus orca), comúnmente conocida como la “ballena asesina”, es el depredador tope de los océanos. Es, quizá, el mamífero marino más carismático del mundo, dada su inteligencia, sus estructuras sociales complejas y su distribución en todos los mares del mundo.

Sin embargo, al ocupar el nivel más alto de la pirámide alimenticia, es también uno de los más expuestos a altas concentraciones de contaminantes y metales pesados, amenazando la salud y viabilidad de algunas de sus poblaciones.

Durante el siglo XX, las orcas fueron capturadas y mantenidas en cautiverio para su estudio y el entretenimiento humano. El documental Blackfish (2013) reveló lo insensible de sus capturas y entrenamientos; contribuyendo a que los acuarios redujeran drásticamente su exhibición. Hoy, la mayoría de estos animales han sido liberados de esas prácticas.

Las orcas enfrentan amenazas múltiples, entre ellas enmallamiento en las redes de pesca, la sobrepesca, la contaminación química y sonora, los derrames de hidrocarburos, la pérdida de hábitat y el turismo no regulado.

La contaminación es un riesgo silencioso al acumularse en sus tejidos, afectando sus sistemas inmune y reproductivo.

Las orcas buscan a sus presas mediante la emisión de sonidos (ecolocación), por lo que el ruido de embarcaciones altera su capacidad de caza, comunicación y orientación. Mientras que la sobrepesca reduce la disponibilidad de presas, comprometiendo su reproducción y supervivencia.

Las actividades turísticas no reguladas pueden generar estrés, lesiones y afectaciones auditivas, por lo que es urgente establecer medidas de manejo y conservación.

El turismo de naturaleza en el Golfo de California ha pasado de ser escaso y basado en observaciones oportunistas, a una actividad en auge, promovida incluso por pescadores en Baja California Sur.

El rápido crecimiento de la demanda por el avistamiento y nado con orcas de los últimos cinco años ha superado la posibilidad de regulación, capacitación y supervisión.

Factores como la pandemia, la falta de vigilancia, relatos de influencers, promoción por redes sociales y el interés de empresas que ponderan la estética sobre la conservación, han impulsado malas prácticas y actividades fuera de la norma.

El turismo de naturaleza es un ingreso alternativo para comunidades pesqueras; el reto es convertirlo en una experiencia educativa y responsable. Donde gobiernos, promotores y turistas prioricen el beneficio local y la conservación por encima del espectáculo inmediato.

México prohibió la caza de cetáceos desde mediados del siglo pasado y cuenta con normas para su protección. Como la NOM-059-SEMARNAT-2025 y la NOM-131-SEMARNAT-2010. Además de la Ley General de Vida Silvestre y su Reglamento que para delfines, incluyendo a la orca, exige autorizaciones mediante planes de manejo.

Aun cuando muchas agencias turísticas operan al margen de la ley, la normativa no se ha actualizado frente al auge del turismo de avistamiento y nado, intensificado por las redes sociales.

La falta de vigilancia, los escasos recursos de operación y el desconocimiento en comunidades locales agravan la situación. Ante este panorama, la corresponsabilidad entre autoridades, operadores, comunidades y turistas es esencial para proteger a los cetáceos y sus hábitats.

Los avances científicos acerca de las orcas en el Golfo de California refieren aspectos de su estructura social diversa, comprendiendo desde animales solitarios hasta grupos de 40 individuos.

La foto-identificación nos ha permitido registrar más de 200 individuos. La dieta de las orcas es amplia. Incluye tortugas, tiburones y mamíferos marinos. Más de dos décadas de estudios acústicos, revelan vocalizaciones persistentes y con estructuras similares a un lenguaje, que varían dentro de cada familia, semejantes a una cultura.

La diversidad genética de las orcas es alta y hay flujo con el Pacífico oriental tropical, con un sistema de apareamiento quizá poligámico y exógamo sin endogamia. Estos hallazgos sugieren que podrían constituir una unidad evolutiva única, reforzando la urgencia de su conservación.

A pesar de los avances, sabemos poco sobre las orcas en los lugares en donde se están llevando a cabo las actividades de observación y nado. ¿Son grupos residentes o visitantes temporales que viajan largas distancias? ¿Cuántos individuos realmente forman parte de la población local? ¿Qué relación existe entre los individuos que conforman los grupos observados? ¿Qué papel juegan en el equilibrio de este ecosistema?

Éstas y muchas más son preguntas que todavía están por ser contestadas. Lo que sí sabemos es que documentar su presencia es una oportunidad única. Las comunidades costeras, armadas con cámaras y celulares, se han convertido en aliados fundamentales. Cada foto y cada video aportan datos valiosos para la construcción de una ciencia ciudadana.

De esta manera, la ciencia ciudadana se convierte en una herramienta poderosa para conocer y proteger a estos depredadores tope. El futuro de las orcas en el Pacífico mexicano dependerá de que seamos capaces de trabajar juntos: investigadores, autoridades, comunidades, guías y turistas para generar medidas estrictas con sanciones claras y monitoreo científico continuo que evalúe los impactos e incluya capacitaciones certificadas.

Si logramos ese esfuerzo compartido, podremos asegurar que este enigmático animal siga surcando nuestros mares y sorprendiendo a quienes tienen la fortuna de encontrarse con él.

Georgina Saad Navarro
Orcas Pacífico Mexicano

Mercedes Eugenia Guerrero Ruiz
Orcas Pacífico Mexicano

Sergio Francisco Flores Ramírez
Laboratorio de Ecología Molecular y Genética de Conservación, UABCS

Jorge Iván Cáceres Puig
Efecto Arena, AC

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