Venado cola blanca, vital para la cosmogonía de Wirikuta
Pedro Sautemai Pareja Badillo
El Gran Espíritu borda nuestras vidas de maneras que, en primera instancia, no comprendemos. Con el tiempo, logramos descifrar lo que parece un mandato divino, un destino propio o común. Mi nombre es Sautemai; soy biólogo y estudiante de maestría en biología integrativa en el Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Veracruzana. A media hora de mi hogar, en Jalcomulco, Veracruz, ya es posible encontrar venados en la selva baja; sin embargo, elegí recorrer más de 35 mil kilómetros entre Veracruz, Wirikuta y la Sierra Madre Occidental durante dos años para desarrollar el proyecto de monitoreo que sustenta mi investigación de maestría del cual se desprende el presente análisis.
El venado cola blanca (Odocoileus virginianus) posee la distribución geográfica más amplia entre los ungulados de México (Hall, 1981). De las 38 subespecies reconocidas, 14 se encuentran en el país, reflejando una notable diversidad adaptativa a ecosistemas que van desde bosques templados a selvas, zonas áridas y semiáridas (Mandujano et al., 2010). En particular, la subespecie Odocoileus v. miquihuanensis, adquiere especial relevancia cultural, ecológica, económica y política dentro de la Reserva Ecológica y Cultural de Wirikuta. Sin embargo, sus poblaciones han sido afectadas negativamente por distintos factores antrópicos (Agraz, 2019).
A partir de julio de 2024 se instalaron diez cámaras de fototrampeo en el ejido Las Margaritas, municipio de Catorce, San Luis Potosí, que permanecen activas hasta la fecha. Paralelamente, se realizaron entrevistas a pobladores del altiplano y a miembros del pueblo wixárika con el fin de documentar información sobre la presencia y los hábitos del venado cola blanca. Esta investigación busca resaltar su importancia ecológica, su relación con los habitantes del territorio y su dimensión espiritual para los wixaritari.
Los testimonios locales señalan factores que han contribuido al declive de la especie: cacería furtiva perpetrada por locales y fuereños, instalación de cercas en todo el territorio para la delimitación de milpas y zonas de pastoreo, así como el uso de chamuscadoras –sopletes activados con combustible usados para quemar espinas de nopales dados como alimento al ganado– y el desplazamiento de los animales de pastoreo se encuentran entre los principales factores.
Adicionalmente, en la última década los efectos del cambio climático, el cambio de uso de suelo por la instalación de la agroindustria exportadora de tomate, pimientos y granjas industriales avícolas han comprometido la regeneración de la vegetación en general. Estos factores han fragmentado el hábitat y reducido la capacidad de carga y resiliencia del ecosistema.
El venado como ser sagrado
La centralidad simbólica del venado en Wirikuta se inscribe dentro de un patrón más amplio del pensamiento mesoamericano, en el cual ciertos animales fungían como ejes articuladores del paisaje sagrado. En diversas culturas prehispánicas, la geografía (montañas, cuevas, manantiales y llanuras) estaba organizada como un axis mundi que conectaba el inframundo, el plano terrestre y el mundo celeste (Chávez Gómez, 2012).
Para los wixaritari, el venado cola blanca es un elemento central de su cosmovisión. El relato mítico y el ritual destacan la asociación entre el maíz, el venado y el peyote. Desde una perspectiva chamánica, el venado está emparentado con ellos y forma parte de la red de reciprocidades mediante los cuales se pide y agradece por la vida.
Antes no había fuego, sol, luna o personas. Todo estaba en tinieblas hasta que Tateiyurienaka (la Madre Tierra) logró finalmente alzar al Padre Sol. Sin embargo, el Sol no sabía subir al cielo. En la sierra de Catorce, se encuentra la montaña sagrada llamada Reu’unaxi o Cerro Quemado, donde culminó la peregrinación primigenia de los dioses que emergieron del mar de occidente y se dispersaron convirtiéndose en los guardianes del mundo y el camino, en la naturaleza. Hasta llegar a ese lugar, donde de la cornamenta de Kauyumari, el Venado Azul, nuestro Sol saltó al cielo para iluminar a toda la creación y dar inicio al mundo tal y como lo conocemos.
La correlación entre el ciclo agrícola con los ciclos ecológicos y fisiológicos del venado es uno de los elementos más notables. Para los mayas, la caída de su cornamenta simboliza la preparación de la tierra para sembrar, el inicio de la renovación de dicha cadencia. Entre los wixaritari, este paralelismo se expresa de forma similar: cuando la cornamenta comienza a crecer, se activa la ceremonia Hikuri Neixa, que marca el tiempo de siembra y de lluvias. Esta coincidencia intercultural refuerza la idea de que el venado es un marcador temporal y agrícola que encarna la respiración del paisaje.
Bajo el costumbre wixárika, el venado y el hikuri (Lophophora williamsii) son una sola entidad: del sacrificio del primero brota la planta sagrada, cuyas huellas en el desierto conducen la peregrinación, donde en Wirikuta se sueña cazar a ese venado que concreta el acuerdo de reciprocidad para hacer llegar las nubes que brotan de la espuma de la piedra blanca de Tateí Haramara hasta las milpas de la Sierra Madre Occidental y del mundo. El Bernalejo, dentro del Ejido Las Margaritas, es reconocido como la “Casa del Venado”, sitio de ofrendas y ceremonias. La posible explotación ganadera, minera o agroindustrial en esta zona representa, desde la perspectiva wixárika, no solo una amenaza ecológica, sino la ruptura de un equilibrio espiritual que sostiene su cultura vela y pilar del mundo.
Saberes locales y campesinos del altiplano
En Las Margaritas, la cacería de venado cesó con el cambio generacional; aunque persiste la caza de pecarí de collar (Dicotyles tajacu), principalmente por fines alimenticios y de protección de sus cultivos. Los ejidatarios poseen un conocimiento detallado de la ecología del venado: identifican sitios de parto, zonas de conectividad con otros ejidos y los puntos de agua usados durante la sequía. Reconocen la dieta estacional del venado y aplican técnicas locales de “huelleo” para diferenciar machos y hembras. La presión cinegética de venado relevante entra por San Antonio Coronados y ejidos vecinos.
Conforme a la Ley General de Vida Silvestre, la cacería de venado fuera de las Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA) y sin autorizaciones federales constituye caza furtiva; sin embargo, si es parte de las tradiciones históricas respecto a la relación económica y alimenticia de los habitantes del altiplano con su entorno natural, “todos mis hijos crecieron comiendo carne de venado”, “En San Antonio se come más carne de monte que de res o de cerdo”, son frases inscritas dentro del diálogo común de dicha región del altiplano potosino.
Los resultados preliminares del estudio señalan la necesidad de crear una Unidad de Manejo Ambiental que permita recuperar interacciones ecológicas y brinde alternativas económicas mediante aprovechamiento sustentable.
Contexto territorial y conectividad
El ejido Las Margaritas abarca 5 mil 860.38 hectáreas dentro de la ANP de Wirikuta, dominadas por matorral micrófilo y elementos rosetófilos (Chávez-González, 2022). Por colindancia inmediata, el ejido San Antonio Coronados aporta un territorio continuo mucho mayor (aproximadamente 25 mil hectáreas) que funciona como área fuente para los desplazamientos estacionales del venado. Su gradiente altitudinal con transiciones de matorral xerófilo a bosques de pino-encino ofrece mayor cobertura, alimento y disponibilidad de agua, condiciones preferidas por los venados.
Durante la temporada de lluvias y el periodo reproductivo, numerosos machos descienden desde la sierra de Catorce, atravesando San Antonio Coronados y Ranchito de Coronados, hasta llegar a Las Margaritas en busca de alimento y, posteriormente, grupos de hembras residentes. Esta dinámica se documentó mediante fototrampeo, reportes de los ejidatarios y análisis satelital. Los desplazamientos siguen cañadas y mogotes que funcionan como corredores naturales para evitar áreas cultivadas o con mayor actividad humana; sin embargo, los venados enfrentan obstáculos significativos, como alambrados, la carretera y las vías del tren que fragmentan el hábitat y aumentan el riesgo de mortalidad.
Con base en los ámbitos hogareños y rutas de movimiento descritos por los informantes locales, una UMA confinada exclusivamente a Las Margaritas sería ecológicamente insuficiente para sostener objetivos poblacionales a largo plazo. La alternativa viable es un esquema inter-ejidal, integrando San Antonio Coronados y Las Margaritas bajo normas compartidas de monitoreo, veda, pasos de fauna y restauración del hábitat.
Articulación intercultural y gobernanza comunitaria
El fototrampeo comunitario produce datos replicables (tasas de detección, riqueza de especies, traslape espaciotemporal entre fauna silvestre y ganado, índices de actividad, proporciones etarias y sexuales) y simultáneamente restaura confianza en la palabra ritual al hacer visible a los seres tutelares de la cultura wixárika y de una especie clave en términos biológicos. Esta convergencia permite transitar a un programa operativo con metas claras: recuperar abundancia, disminuir conflictos fauna-ganado y reactivar prácticas consuetudinarias compatibles con la economía local y la conservación.
En Wirikuta y en la Sierra Madre Occidental existió inicialmente desconfianza hacia cualquier intervención externa, pero esta fue cambiando conforme avanzó el trabajo de campo, la convivencia y la devolución de información mediante la revisión conjunta de las imágenes de fototrampeo. La investigación evidenció que un cerco ilegal instalado para intentar parcelar el uso común del territorio en Las Margaritas también fragmentaba rutas naturales del venado.
Esta información respaldó la postura comunitaria durante las reuniones con la Procuraduría Agraria y el INPI, contribuyendo a la decisión colectiva de retirarlo. A partir de ello, el proyecto fue apropiado por ambas comunidades (wixárika y campesina) como una herramienta de monitoreo, reconocimiento de su entorno y defensa territorial.
La defensa del territorio sagrado wixárika ha dependido históricamente de alianzas con ejidos como San Antonio, Las Margaritas y Tanque Dolores (Alarcón-Cháires et al., 2013; Gavilán-Galicia, 2017). Dichas comunidades han participado en acuerdos para garantizar el libre tránsito de peregrinos, proteger sitios sagrados y frenar la expansión de concesiones mineras. La comunidad local campesina ha estado presente en distintos momentos en mesas de negociación actuando como un puente entre la normatividad agraria y las reivindicaciones espirituales wixaritari.
La colaboración entre autoridades tradicionales (maraakate y delegados), ejidatarios y equipo técnico puede cristalizar protocolos comunitarios que definan reglas de acceso y uso del territorio, calendarios y límites territoriales de cacería, mecanismos de compensación/prevención por daños de depredadores; y rutas de beneficio justo (empleos locales, capacitación, turismo de naturaleza de bajo impacto, reinversión en agua y restauración ambiental).
El manejo sugerido es el del monitoreo con cupos adaptativos: si los indicadores biológicos muestran recuperación, se abre espacio a aprovechamientos tradicionales o deportivos regulados; si no, se mantiene o endurece la veda local. Este enfoque reduce la incertidumbre y legitima decisiones colectivas. Dicho enfoque se basa en el establecimiento de normas claras para el manejo de los bienes comunes (Ostrom).
La defensa territorial wixárika no puede separarse de la defensa ecológica: proteger los manantiales, las rutas de peregrinación y los lugares sagrados implica también resguardar el hábitat del venado azul (kauyumari). En este sentido, San Antonio Coronados, por su posición geográfica y su extensión territorial, se convierte en un nodo crítico tanto para la conectividad ecológica del venado como para la continuidad cultural de los caminos rituales. Así, la articulación intercultural entre ejidatarios y wixaritari se expresa simultáneamente como una estrategia de conservación biológica y de resguardo espiritual (Alarcón-Cháires et al., 2013).
La cosmovisión wixárika otorga al venado un papel espiritual que trasciende el ámbito ecológico: es un mediador entre el mundo natural y el sagrado. Este valor simbólico convierte al venado en una especie biocultural clave, capaz de articular acciones conjuntas entre comunidades locales, instituciones académicas y autoridades ambientales. Al mismo tiempo, la dimensión espiritual wixárika de Wirikuta aporta una base ética y simbólica para el manejo del territorio. Los lugares sagrados como el Bernalejo y el Ameyal coinciden espacialmente con áreas de alta riqueza biológica y rutas naturales de desplazamiento del venado, consecuentemente, del resto de la biodiversidad de flora y fauna que sostiene, mediante su presencia y funciones ecológicas, el equilibrio natural y cultural de Wirikuta.
Bibliografía
Agraz, L. D. L. R. (2022). Wirikuta. Bases para la preservación de un territorio sagrado ancestral como patrimonio de la humanidad.
Alarcón-Cháires, P. Chávez, T. Chávez, C. 2013. Wirikuta: Defensa del territorio ancestral de un pueblo originario. Michoacán, México: Frente en Defensa de Wirikuta Tamatsima-Wahaa.
Chávez-Gómez, J. M. A. (2012). Los significados del venado sol en la cosmovisión maya: un atisbo a la mitología y la historia oral mayance. Editorial Académica Española.
Chávez-González, T. R. (2022). Dictamen forestal, ejido Las Margaritas. Comisión Nacional Forestal.
Gavilán Galicia, M. I. (2017). Movimientos culturales en defensa del territorio: Tamatsima Wahaa y la preservación de Wirikuta (Tesis de doctorado en geografía). Universidad Nacional Autónoma de México.
Hall, E. R. (1981). The Mammals of North America (2 vols.). John Wiley & Sons.
Hernández-Silva, D. A., Pulido Silva, M. T., Zuria, I., Gallina Tessaro, S. A., & Sánchez-Rojas, G. (2018). El manejo como herramienta para la conservación y aprovechamiento de la fauna silvestre: acceso a la sustentabilidad en México. Acta Universitaria, 28(4), 31-41. https://doi.org/10.15174/au.2018.2171
Mandujano, S., Delfín-Alfonso, C. A., & Gallina, S. (2010). Comparison of geographic distribution models of white-tailed deer Odocoileus virginianus (Zimmermann, 1780) subspecies in Mexico: biological and management implications. Therya, 1(1), 41-68.
Ostrom, E. (1990). Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Cambridge University Press.
Pedro Sautemai Pareja Badillo