Sirenas en riesgo: no están alejadas del peligro de extinción — ecologica
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Sirenas en riesgo: no están alejadas del peligro de extinción

León David Olivera Gómez

Los manatíes son mamíferos acuáticos herbívoros, lo que los hace únicos. Son grandes y corpulentos, se distribuyen en zonas costeras y aguas interiores de las planicies costeras, alimentándose tranquilamente en zonas bajas y en las orillas de los ríos y lagunas.

Esta forma de alimentación motivó el nombre del grupo Sirenia al que pertenecen, en similitud a las míticas sirenas. Estas características también los hacen vulnerables a las actividades humanas.

El manatí americano, Trichechus manatus, se considera en estado vulnerable en la naturaleza. Y la subespecie que habita más allá del sur de los Estados Unidos, el manatí del Gran Caribe, se estima en peligro de extinción.

Desde antes de la llegada de los españoles, los manatíes se utilizaban integralmente: carne, grasa, cuero y huesos.

En buena parte, la fragilidad de sus poblaciones se debe a su reducción, consecuencia de la cacería desde la época colonial hasta la primera parte del siglo XX. En México, la primera veda oficial para la caza de manatíes se publicó en 1921.

Los riesgos para el manatí han cambiado gradualmente: de la extracción y consumo inicial, substituyéndose por captura incidental y accidental durante la pesca y colisiones con embarcaciones, hasta la degradación de los ecosistemas donde viven, interacciones directas con humanos y la silenciosa contaminación química, orgánica y física de las aguas interiores y de las costas.

Todo esto, sumado a los cambios súbitos de los regímenes hidrológicos y meteorológicos consecuencia del cambio climático. En el sureste de los Estados Unidos, la colisión con embarcaciones mostró incrementos sustanciales desde los años setenta.

En México este problema no ha sido tan grave, pero cada vez es más frecuente encontrar animales lastimados o muertos derivados de las colisiones. Especialmente en Quintana Roo, por el crecimiento exponencial del turismo y la navegación costera.

En Tabasco, la suplementación directa de alimento a manatíes en la época seca es una actividad turística emergente, resultado de los contrastes estacionales en los niveles de los ríos y lagunas. Estos contrastes limitan el acceso de los manatíes a la vegetación natural de orilla en esta época. La gente notó que si se les ofrece alimento agradable, como los mangos, los manatíes se habitúan a las personas.

Sin embargo, para un herbívoro fermentador, la ingesta de alimentos ricos en fructosa y glucosa, como el mango y otras frutas, no es la mejor opción alimenticia y los efectos de la adecuación forzada de los animales pueden ser diversos y cuestionables.

Los viajes de observación, la suplementación de alimento y otras actividades, necesitan ser regulados para reducir los riesgos potenciales para la especie, cumplir con la normatividad ambiental y asegurar una actividad sustentable.

Los cambios climáticos regionales están relajando las condiciones que limitaban la dispersión de los manatíes. Y más aun, forzando sus movimientos. En el sureste de Estados Unidos, el cambio de clima, el exceso de nutrientes y la contaminación química, tienen efectos sobre el alimento del manatí; estos factores también favorecen la “marea roja” –florecimientos de microalgas tóxicas– en las costas.

Todo esto coincide con la observación, cada vez más frecuente, de manatíes migrantes de la subespecie de Florida hasta países como Cuba y México. En el sur del Golfo de México, los sistemas fluviales son hábitat de excelente calidad para el manatí, así que estos animales usan las costas preferentemente como corredores.

Tanto los animales migrantes como los locales que transitan por la costa, tienen un riesgo potencial de colisión con embarcaciones debido al incremento en el tráfico marítimo y de intoxicación por contaminantes originados en las cuencas.

Aunque en México no se han reportado muertes masivas de manatíes por marea roja, el exceso de nutrientes provenientes de aguas residuales y aumento de la frontera agropecuaria, especialmente monocultivos extensos, poco movimiento del agua y altas temperaturas, propician en sistemas de agua dulce florecimientos de cianobacterias potencialmente tóxicas.

Esta amenaza se une a la contaminación debida a la utilización masiva de herbicidas, plaguicidas y otros agroquímicos, y a la derivada de industrias, como la de los hidrocarburos o la minería.

En 2018 se presentó en México la primera mortandad masiva de manatíes, con registros oficiales de más de 50 cadáveres, entre los meses de mayo y octubre. Ocurrió en una región de la cuenca del río Grijalva. Los pocos análisis disponibles revelaron daño compatible con cianotoxinas u otros agentes biológicos o químicos. Desde entonces se siguen presentando muertes, con menor intensidad, pero aún preocupantes.

Nuestras sirenas no se han alejado del peligro de extinción; los riesgos para la especie sólo se han transformado. Algunos riesgos son evidentes y atacables con regulaciones y con la participación y el acuerdo con la gente. También hay peligros silenciosos que indirectamente afectan a los manatíes derivados de nuestros hábitos de consumo y uso de los bienes y servicios naturales.

León David Olivera Gómez
División Académica de Ciencias Biológicas, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco
Correo-e: oliverald@gmail.com