Contaminación plástica en México: evidencias, riesgos y desafíos — ecologica
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Contaminación plástica en México: evidencias, riesgos y desafíos

Laura Salazar-Remigio, Mitzi A. Sánchez-Campos, Aldo Acosta-Canales, Alejandra Caballero-Muñoz, Nimbe Gómez-Lazcano, Marco A. Martínez-Arroyo, Hugo F. Olivares-Rubio y Guadalupe Ponce-Vélez

Los plásticos han sido ampliamente utilizados por su versatilidad, durabilidad, flexibilidad, resistencia y bajo costo. Estas mismas propiedades los convierten en un desafío ambiental; se fragmentan en partículas cada vez más pequeñas, los microplásticos (MP), además de los fabricados de manera intencional utilizados en exfoliantes, pastas dentales, cosméticos y fibras textiles, entre otros (Abidi, Antunes, Ferreira, et al., 2018. Estuarine, Coastal and Shelf Science).

La acumulación de plásticos en los ecosistemas es una combinación de alta producción y consumo, bajas tasas de reciclaje, gestión inadecuada de residuos y longevidad del material (Anderson, Park y Palace, 2016. Environmental Pollution). En México se generan aproximadamente 7 mil 448 kt/año de residuos plásticos, de los cuales entre 38 y 58 por ciento recibe un manejo inadecuado.

El elevado consumo de polietileno tereftalato (PET), asociado a la ingesta de refrescos y agua embotellada, agrava la situación. La cobertura de recolección alcanza 83 por ciento, dejando a comunidades rurales sin servicio, lo que contribuye a la quema de residuos a cielo abierto o al vertido directo en cuerpos de agua y otros ecosistemas naturales, ya que solo el 2 por ciento de disposición final opera con control total.

Esto es crítico en zonas costeras, 11 por ciento se ubica a menos de cinco kilómetros de la costa, y el 92 por ciento carece de control aunado a que la tasa nacional de reciclaje es solo de 2.65 por ciento (Semarnat, 2023).

Derivado del trabajo de este grupo de investigación se presentan datos registrados en diversas áreas costeras. En la laguna de Sontecomapan, Veracruz, en el sur del Golfo de México (GoM), se reportan MP en concentraciones de 2 a 13 partículas/L en agua, máximos de 12.5 partículas/kg en sedimentos y muy poca presencia en zooplancton (Sánchez-Campos, Ponce-Vélez, Sanvicente-Añorve, et al., 2024. Environmental Monitoring Assess), lo cual hay que considerar debido a la transferencia de MP hacia organismos de consumo humano con implicaciones hacia la salud y riesgo socioeconómico.

Estas partículas liberan aditivos usados en su fabricación, como bisfenoles (BF) y ftalatos (FT), considerados contaminantes emergentes y perturbadores endocrinos, además de ser sustratos o “vectores” que transportan una diversidad de contaminantes, lo cual incrementa el riesgo de exposición ecosistémica.

Los bisfenoles y ftalatos son ampliamente utilizados en materiales de construcción, recubrimiento de cables, contenedores de alimentos, botellas de agua, mamilas, bolsas plásticas y juguetes para bebé, cosméticos y pinturas.

Se separan fácilmente de los plásticos ante variaciones de temperatura y pH; presentan una gran afinidad por matrices orgánicas, lo que facilita su presencia en suelos, aguas residuales, ríos, océanos.

En el Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano (PNSAV), uno de los más importantes del país, se encontraron valores totales de BF entre 7.0×10-2 y 1.35 ng/g, y de FT entre 0.18 y 4 mil 590 ng/g en sedimentos, (Salazar-Remigio, Ponce-Vélez, Olivares-Rubio, et al., 2025. Environ. Pollut.) relacionando los hallazgos con actividades antrópicas en la zona de influencia del PNSAV (Puerto de Veracruz, aporte de los ríos La Antigua, Jamapa y Papaloapan).

En sedimentos lagunares de Sontecomapan, Veracruz se registraron concentraciones totales de FT entre 10 y 7 mil 390 ng/g (Martínez-Arroyo, 2022. TESIUNAM); en Carmen-Pajonal-Machona, Tabasco, cuya actividad económica fundamental es la producción ostrícola, los FT estuvieron entre mil 079 y 7 mil 589 ng/g mientras que los bisfenoles no fueron detectados (<9.5-41.6 pg/g) (Gómez-Lazcano, 2025. TESIUNAM. En proceso de publicación).

Estos resultados ponen de manifiesto presencia y ubicuidad de aditivos plásticos en sedimentos costeros que albergan y sostienen diversas especies algunas de importancia pesquera con el impacto que conlleva.

México no cuenta con información sobre la cantidad de BF y FT producidos o utilizados, lo que evidencia la falta de regulación de dichos aditivos y lo mismo sucede con los microplásticos.

De acuerdo a algunas guías internacionales tanto para ingesta humana como para concentraciones sin efecto sobre organismos silvestres (EFSA, 2025), los datos de ftalatos reportados superan dichos valores, lo que refleja una alta probabilidad de riesgo tanto ecosistémico como para poblaciones humanas.

Esto, debido a que pueden ser incorporados por ingesta, inhalación o adsorción y transportarse por fluidos corporales, afectando procesos del desarrollo, reproducción, morfología, metabolismo e incluso afectando a generaciones futuras.

A nivel internacional, el marco normativo sobre microplásticos y plastificantes es pobre debido a la falta de información sobre su comportamiento en el ambiente (Vargas-Berrones, Bernal-Jácome, Díaz de León-Martínez, et al., 2020. Sci. Total Environ.). México registra avances a nivel local, pero no cuenta con una ley federal consolidada que prohíba plásticos de un solo uso. En 2020, la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México prohibió las bolsas de plástico. Y en 2021 se extendió a popotes, cubiertos, platos, vasos y otros utensilios desechables (SEDEMA, 2024).

Además, se publicó la norma técnica NACDMX-010-AMBT-2019 para regular la comercialización de bolsas y productos plásticos de un solo uso compostables o reutilizables en la CDMX (Sedema, 2022). En 2024 se propuso adicionar a los MP en el Artículo 19 de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos en México, como residuos de manejo especial, pero no ha sido aprobado (Ramírez, 2021).

En lo que respecta a los plastificantes, México es uno de los países que aún no cuentan con una regulación específica, a pesar que se ha demostrado que la ciudadanía está expuesta a bisfenol A (BPA), ya que en estudios realizados se comprobó que está presente en alimentos enlatados, en biberones y en contenedores para microondas.

Las investigaciones nacionales son clave para avanzar en su regulación y con los datos científicos sustentar acciones para evitar riesgos a la población y los ecosistemas. Finalmente, se pueden señalar aspectos a seguir:

Procurar un marco regulatorio que reconozca a microplásticos y plastificantes como sustancias de riesgo para su control y gestión.

Impulsar investigación interdisciplinaria que evalúe efectos ecotoxicológicos de estos contaminantes emergentes con el fin de generar evidencia científica que respalde políticas públicas y regulaciones ambientales, y

Establecer estrategias integrales para reducir la basura plástica hacia y en los ecosistemas, enfocándose en disminuir producción y consumo de plásticos de un solo uso, mejorar la eficiencia de sistemas de reciclaje, y fortalecer manejo y gestión de residuos.

Laura Salazar-Remigio, Mitzi A. Sánchez-Campos, Aldo Acosta-Canales, Alejandra Caballero-Muñoz, Nimbe Gómez-Lazcano, Marco A. Martínez-Arroyo, Hugo F. Olivares-Rubio y Guadalupe Ponce-Vélez*
Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, UNAM
*Correo-e: ponce@cmarl.unam.mx