Contaminación y afectaciones a la salud por plásticos
Colectivo Ecologista Jalisco
La crisis generada por el plástico en México es no solo un problema ambiental, sino una violación sistemática a los derechos humanos reconocidos por la Constitución Mexicana y por tratados internacionales ratificados por el Estado.
El derecho a la salud y a un medio ambiente sano, reconocidos en el Artículo 4 de la Constitución, se ven comprometidos por la exposición crónica a sustancias tóxicas derivadas de los plásticos y por la invasión de micro y nanoplásticos en los sistemas biológicos humanos.
La ley ambiental (LGEEPA) establece en su Artículo 15 la obligación del Estado de garantizar el derecho a toda persona a vivir en un ambiente adecuado para su desarrollo, salud y bienestar.
La persistencia de un modelo productivo basado en plásticos de un solo uso que externaliza costos ambientales y sociales, constituye una omisión frente a estos mandatos legales y compromete el cumplimiento de obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.
Existe vasta evidencia científica que contextualiza y justifica esta afirmación: la producción, uso y desecho de plásticos de un solo uso deterioran significativamente la salud humana y requieren urgentemente una respuesta del Estado mexicano. Por ello, la crisis global generada por el plástico de un solo uso (PUS) debe ser reconocida y abordada como una falla fundamental de diseño económico y, de manera crucial, como una amenaza creciente para la salud pública.
El modelo lineal actual, que externaliza los costos tóxicos y ambientales, ha demostrado ser insostenible. El reciclaje tradicional promovido como la solución dominante por la industria y apoyada por el gobierno ha fracasado sistemáticamente en la gestión de volúmenes crecientes de residuos plásticos.
Por lo tanto, el imperativo central de la política moderna debe ser el cambio de paradigma hacia la reducción en la fuente y la implementación obligatoria de sistemas de reutilización y retornabilidad a gran escala.
La materia prima del plástico está hecha de recursos no renovables, como el petróleo y mezclas de componentes químicos que tardan cientos de años para que se degrade. Contaminan el suelo y el agua cuando se liberan por acción de la humedad y la radiación ultravioleta, lo cual genera un problema de contaminación que merma poco a poco el medio ambiente.
La producción, uso y desecho de plásticos de un solo uso exponen a humanos y ecosistemas a un coctel de sustancias químicas altamente peligrosas.
La evidencia científica recopilada por organizaciones líderes como GAIA, IPEN, y CIEL, establece que el plástico está exponiendo a la población a una carga tóxica crónica a través de dos mecanismos principales: la lixiviación de componentes químicos peligrosos (carcinógenos y disruptores endócrinos) y la invasión física de micro y nanoplásticos (MNP) en todos los sistemas biológicos humanos.
Un ejemplo clave son los ftalatos (PAE), utilizados ampliamente como plastificantes en materiales plásticos como PVC, PET y PE. A veces constituyen hasta el 60 por ciento del peso del material.
Los ftalatos se liberan fácilmente de los plásticos a los alimentos y bebidas, incluidos el agua mineral, los refrescos y las comidas preparadas.
Esta exposición es de particular preocupación para la salud de las mujeres embarazadas y los niños, ya que la exposición prenatal a químicos peligrosos se ha asociado con un aumento en las tasas de muerte fetal, parto prematuro y bajo peso al nacer.
Otro vector de daño son los ya mencionados micro y nanoplásticos (MNP). En este caso proviene de la descomposición física de los plásticos en microplásticos (MP) y nanoplásticos (NP), fragmentos que son lo suficientemente pequeños para invadir nuestro organismo sistémicamente. Los MNP han sido detectados en ocho de los 12 sistemas orgánicos humanos, incluyendo el sistema cardiovascular, digestivo, endocrino, linfático, respiratorio, reproductivo y urinario.
La exposición sucede principalmente a través de la inhalación atmosférica y la ingestión de alimentos y agua. La prueba de su ubicuidad es su detección en muestras biológicas fundamentales, como la leche materna, el semen y el esputo.
La toxicidad de los MNP es una carga crónica que opera a través de mecanismos celulares complejos. Incluso una investigación de Stanford demuestra que los MNP pueden penetrar las células y provocar cambios significativos en la expresión genética.
Es claro que el plástico no es un “simple contaminante ambiental”, sino un factor de riesgo ambiental crónico que contribuye a la etiología de enfermedades modernas y refleja la urgente necesidad de acciones preventivas e inmediatas sobre la misma fuente de contaminación.
Así, mientras el Estado, a pesar de la evidencia científica, siga permitiendo que la industria del plástico opere sin regulaciones estrictas y se resista a implementar aquellas que prevengan estos daños ambientales y a la salud humana, está impulsando un modelo de producción que prioriza el lucro sobre la salud de la población lo que violenta los derechos humanos.
Por todo lo anterior es importante que la Relatoría Especial de las Naciones Unidas sobre Tóxicos y Derechos Humanos, en su próxima visita oficial a nuestro país, exhorte al Estado mexicano sobre la urgencia de abordar el daño en la salud pública derivado de la fabricación, uso y desecho de plásticos de un solo uso. Y legislar para evitar que el reciclaje y otro tipo de tratamiento post-consumo, como la incineración y el coprocesamiento (Waste-to-Energy), sigan dominando como falsas soluciones a esta crisis plástica.
Colectivo Ecologista Jalisco (CEJ)
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