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El sargazo como hábitat flotante

Selene Morales Gutiérrez, Daniel Hernández Cruz, Yadian Israel La Rosa-Izquierdo y Karla Camacho-Cruz

Para la mayoría de los mexicanos, el sargazo se volvió un tema de conversación y preocupación hace apenas una década, cuando comenzó a acumularse masivamente en las costas de Quintana Roo. Sin embargo, la historia de estas macroalgas flotantes, Sargassum natans y S. fluitans, es mucho más antigua. Fueron descritas científicamente en 1753 y 1914, respectivamente, y ya desde los viajes de Cristóbal Colón surcaban el Atlántico norte, en la región que hoy conocemos como el Mar de los Sargazos.

La mayor parte del sargazo que llega a nuestra zona económica exclusiva proviene de una región joven, el Cinturón del Sargazo del Atlántico Tropical, con poco más de una década de existencia.

Debido a su reciente formación, los estudios científicos sobre la biodiversidad en esta zona aún son escasos. Las grandes balsas doradas, cuyo viaje suele culminar en nuestras playas, conforman en mar abierto un ecosistema vital: un hábitat flotante que alberga a cientos de especies. Esto plantea una pregunta crucial, al recolectar el sargazo para mitigar su impacto costero, ¿estamos afectando los servicios ecosistémicos que brinda en el océano?

Con el fin de responder a esta pregunta, el proyecto Sirena, impulsado por el IMIPAS y sus colaboradores, se han dedicado a estudiar de cerca la fauna asociada al sargazo en aguas mexicanas. Por ello, la información generada por estas campañas oceanográficas resulta especialmente valiosa, pues mediante metodologías estandarizadas busca llenar ese vacío y registrar la variabilidad espacial y estacional de la fauna asociada.

Una red de corredores biológicos

Las investigaciones de décadas en el Mar de los Sargazos ofrecen un punto de referencia. Gracias a ellas sabemos que este mar dorado funciona como una red de corredores biológicos, ofreciendo refugio, alimento y zonas de crianza a una gran diversidad de organismos, desde microscópicos hasta peces, tortugas y aves.

El reconocimiento de su papel ecológico, en especial como guardería para especies de alto valor comercial, impulsó la creación de normas de protección internacional como el Acuerdo de Hamilton. Hoy, nuestro desafío es determinar si el Cinturón del Sargazo cumple funciones ecológicas similares y con base en esa evidencia, diseñar estrategias de manejo que mitiguen los impactos en la costa sin comprometer su papel en el mar.

Las investigaciones sobre la biodiversidad del sargazo pelágico reconocen tres grandes grupos de fauna asociada: epífita (que crece sobre las algas), adherente (que vive anclada a ellas) y de nado libre, siendo esta última la más estudiada.

En el Caribe, los estudios recientes han revelado que este ecosistema complejo y biodiverso está dominado por los artrópodos, el grupo más diverso, mientras que los moluscos representan el 21.5 por ciento de la abundancia total, seguidos por los cordados, en su mayoría juveniles (10.4 por ciento) y los anélidos (6 por ciento).

Entre los habitantes más comunes destacan el camarón Latreutes fucorum (33.3 por ciento de la fauna), el caracol Litiopa melanostoma (21.2 por ciento) y el isópodo Carpias minutus (13.5 por ciento), que juntos conforman más del 60 por ciento de la comunidad animal.

Estos datos van más allá de un simple catálogo de biodiversidad: revelan la función ecológica y económica del sargazo como guardería natural para juveniles de especies de alto valor comercial del Atlántico tropical, como el dorado (Coryphaena hippurus) y diversos jureles (Caranx spp.). El reclutamiento de estas especies y, con ello, el futuro de las pesquerías depende en parte de la integridad de estas balsas flotantes.

El sargazo también alberga especies especializadas y vulnerables, como el pez sargazo (Histrio histrio), que depende por completo de este hábitat para sobrevivir. Este pez, con su camuflaje perfecto y su habilidad para “caminar” entre los tallos del alga, representa el grado de adaptación que puede alcanzar la vida en estos ecosistemas pelágicos.

Sargazo y redes tróficas: la base invisible de la vida marina

El Caribe mexicano es área de alta biodiversidad, donde los ecosistemas marinos y costeros cumplen funciones esenciales. Las balsas de sargazo están estrechamente vinculadas con la productividad del fitoplancton y del zooplancton, base de las redes tróficas marinas.

En la primavera del 2025, con los esfuerzos realizados en el proyecto Sirena se caracterizó la estructura y variación espacial del zooplancton utilizando el sistema Continuous Underway Fish Egg Sampler (CUFES).

Los resultados revelaron 15 grandes grupos de zooplancton, dominados por copépodos (78 por ciento), seguidos por larvas de camarón, quetognatos y pterópodos, todos con frecuencias superiores al 90 por ciento. La distribución fue heterogénea: los copépodos aparecieron tanto en zonas costeras como oceánicas, mientras que huevos y larvas de peces se concentraron en aguas más cálidas y de salinidad intermedia.

“Cada muestra de zooplancton nos revela un mundo interconectado. El sargazo no es un monstruo que llega del mar, es un ecosistema que sostiene vida”, señala Mario, participante en los cruceros de investigación.

Hacia un manejo sustentable

Las observaciones obtenidas están ampliando nuestro conocimiento sobre la estructura y función de estas comunidades, pero también abren nuevas preguntas: ¿cómo varía la composición de la fauna asociada entre temporadas o regiones?, ¿de qué manera influyen las corrientes y la temperatura en la distribución de las especies?, ¿qué impactos podría tener la remoción masiva del sargazo sobre las cadenas tróficas oceánicas?

Responder a estas preguntas permitirá no solo comprender mejor este fenómeno natural, sino también proponer estrategias de manejo sustentable que equilibren la mitigación del impacto costero con la conservación de un ecosistema marino único.

Sentar las bases para una relación armónica con el océano; una en la que el conocimiento científico guíe las decisiones sobre cómo convivir con el sargazo sin perder de vista que, antes que problema, es parte esencial de la vida marina.

Selene Morales Gutiérrez, Daniel Hernández Cruz, Yadian Israel La Rosa-Izquierdo y Karla Camacho-Cruz
Correo-e: selmogu@hotmail.com