Entre datos y mareas: historias humanas de la investigación pesquera en México
Leslie Altamirano López y Juan Roberto F. Vallarta-Zárate
Debido a la vasta extensión territorial marina con la que cuenta nuestro país, en el año de 2014 el gobierno de México a través de la entonces Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), hoy la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader) y el Instituto Nacional de Pesca (Inapesca), ahora Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS), adquirió un buque de investigación con el objetivo de generar información científica útil y necesaria para el aprovechamiento de nuestros mares y sus recursos.
El objetivo principal de esta embarcación es conocer la distribución y abundancia de recursos pesqueros. Entre las avanzadas capacidades tecnológicas con las que cuenta este buque, se incluye una autonomía de 50 días, esto significa que el barco puede navegar por casi dos meses sin necesidad de tocar algún puerto para la carga de combustible, alimentos o agua dulce.
En este sentido se desarrollan proyectos de investigación tanto en la zona económica exclusiva del Pacífico mexicano como en el Golfo de México y Mar Caribe, que implican la navegación del barco por periodos que oscilan entre 10 y 35 días, donde participan investigadores mexicanos, extranjeros y estudiantes originarios de distintas universidades del país. En el barco, el mar deja de ser únicamente un espacio físico de trabajo para convertirse en un entorno de transformación personal y profesional.
La adaptación al medio marino ocurre de forma casi automática: el cuerpo entra en un estado que denominamos “modo barco”, los ritmos circadianos se regulan y la rutina cambia drásticamente, puesto que a bordo del buque no existen sábados, domingos o días festivos; a los participantes a bordo se les asignan tareas y actividades que deben desarrollar durante el periodo del crucero.
Con el paso de los días se viven experiencias que trascienden lo técnico, las decisiones operativas se toman bajo presión en un trabajo que se considera de alto riesgo, la gestión emocional en condiciones de aislamiento y las pérdidas personales enfrentadas en altamar constituyen aprendizajes profundos.
El mar no se detiene ante el dolor o ante alguna actividad que dejamos pendiente en tierra, pero nos acompaña y es precisamente en ese acompañamiento donde se produce una transformación. La convivencia prolongada revela comportamientos humanos que difícilmente emergen en otro contexto, las personas muestran quiénes son y de qué están hechas.
Un mes en el mar puede equivaler a un año en tierra en términos de la intensidad de los aprendizajes. El conocimiento adquirido en un crucero supera ampliamente lo aprendido en aulas o libros, los cruceros son experiencias de profesionales que establecen un antes y un después en la formación profesional, pero también son experiencias de vida que nos impulsan a ser mejores cada día: en los cruceros se construyen vínculos, se fortalece la resiliencia y se cultiva una dimensión humana esencial para la investigación en altamar.
La vida a bordo: ciencia, vínculos y resistencia
El buque de investigación pesquera y oceanográfica Dr. Jorge Carranza Fraser es una plataforma científica equipada con laboratorios especializados en acústica, biología, oceanografía y pesca. Cada área opera con protocolos específicos:
- En acústica se monitorean ecosondas, se procesan datos y se supervisa el desempeño general del crucero. Se evalúa el cumplimiento de metas y se ajustan actividades en caso de retrasos por condiciones climáticas u otros factores.
- En biología, se identifican los organismos producto de las diversas maniobras de pesca, se realizan biometrías a la fauna de acompañamiento y especies de interés comercial, y se colectan muestras con fines diversos: genética, metales pesados, parásitos, reproducción, edad y crecimiento.
- En oceanografía, se colectan huevos y larvas de peces, muestras de agua a diferentes profundidades con la roseta y botellas que toman muestras a diversas profundidades, muestras de zooplancton (organismos microscópicos que habitan en el mar), además de la colecta de parámetros como temperatura, salinidad u oxígeno.
- En pesca, los científicos se encargan de todas las maniobras relacionadas para capturar ejemplares que nos permiten estudiarlos, desde una sardina, hasta un tiburón o un pez vela.
El trabajo se organiza en guardias, divididas entre turnos diurnos y nocturnos, puesto que el barco opera durante las 24 horas sin descanso. La rutina incluye horarios establecidos para alimentación, lavandería y descanso. Los desafíos son constantes: marejadas intensas, cansancio acumulado, espacio reducido. La presión técnica también es significativa, especialmente cuando se deben resolver problemas operativos en tiempo real, como fallas en equipos críticos o pérdida de instrumentos en el mar.
La comunidad a bordo se construye en gestos cotidianos y rituales compartidos. Aunque algunas áreas mantienen estructuras rígidas, otras celebran con música, decoraciones temáticas y fotografías de equipo, pero siempre en un ambiente de trabajo sano.
La tripulación del buque que abarca desde marineros, cocineros, ingenieros y capitanes, quienes han dedicado su vida a trabajar en buques de diferentes características, se coordinan y trabajan en armonía con los científicos para garantizar el éxito de cada misión.
Su experiencia, disciplina y cuidado permiten que los científicos desarrollen sus tareas diariamente. La convivencia interdisciplinaria, aunque a veces marcada por tensiones, revela que cada integrante es un engrane fundamental en una maquinaria compleja pero eficiente. La ausencia de una sola persona puede detener el sistema. La vida a bordo nos enseña que hasta la más mínima acción es fundamental para un objetivo común.
Historias humanas detrás de los datos
La investigación científica en altamar no se limita a la recolección de datos. Cada crucero implica decisiones complejas, aprendizajes personales y momentos que revelan el lado humano del trabajo técnico. Colegas han atravesado situaciones difíciles, como la pérdida de un familiar durante la campaña, sin posibilidad de regresar de inmediato. El duelo se convierte en una experiencia compartida con el mar y la empatía del resto de los colegas para ayudar, en la medida de lo posible, a cada compañero con el que se comparte una pequeña parte de la vida durante los cruceros.
También se han enfrentado otras situaciones como el desembarco de personas en zonas remotas por razones médicas o maniobras nocturnas para recuperar equipos perdidos e incluso la asistencia a embarcaciones menores varadas en altamar: Ayudar es un deber, no una transacción.
Las emociones se viven con mayor intensidad a bordo, el equipo de trabajo se convierte en una familia temporal, con sus roces y afectos. El cansancio puede generar tensiones, pero también fortalece los vínculos.
Aunque en cada crucero cambian las personas que participan, los que tenemos la fortuna (o la desgracia) de estar a bordo una y otra vez, notamos un mismo patrón: el entusiasmo de los estudiantes, la vulnerabilidad ante lo desconocido, la necesidad de pertenecer y la emoción por lo que nos depara el mar: podrían ser delfines, ballenas, tortugas, atardeceres tipo postal, una luna llena que abarca gran parte del horizonte, entre otras grandes maravillas de la naturaleza.
Leslie Altamirano López y Juan Roberto F. Vallarta-Zárate
Correo-e: leslie.altamirano@imipas.gob.mx