Sargazo, de alga nociva a recurso pesquero
Iván Restrepo
Los satélites espaciales que monitorean el planeta localizan desde hace once años una enorme mancha que forman miles de toneladas de sargazo. El lugar: un espacio del océano Atlántico que parte de África y concluye en el Golfo de México y el Gran Caribe. También permiten conocer su desplazamiento y calcular lo más exacto posible su llegada al litoral de Quintana Roo y Yucatán, y en Estados Unidos, al de Florida. Todo ese proceso lo detectan cada año, y en cantidades que no tenían previsto las instancias oficiales, los empresarios, los científicos y la población del principal polo turístico del país.
El sargazo llega en cantidades enormes: decenas de miles de toneladas, y no existe la capacidad técnica y humana para detenerlo mar adentro, como se prometió en el sexenio pasado; ni para recogerlo sin afectar el ecosistema costero y después depositarlo en sitios adecuados. Son muy pocas las alternativas para convertir el alga en un bien económico, dados los compuestos complejos que forman sus tejidos.
Es importante señalar que, al descomponerse por los rayos del sol, el sargazo se trasforma en un peligro para la salud humana pues genera sulfuro de hidrógeno. También para los ecosistemas costeros, los corales, los humedales, manglares y varias especies en peligro de extinción, como las tortugas. El azul turquesa de nuestro mar Caribe, que es el principal atractivo para el turismo, desaparece por la turbiedad del agua; las playas quedan sepultadas debajo de toneladas de sargazo.
Cumplo once años de analizar en mi habitual columna de La Jornada, los problemas que ocasiona el alga. Nuestro diario publicó también ya dos números del suplemento La Jornada Ecológica. Uno, en agosto de 2019:
https://ecologica.jornada.com.mx/2019/08/25/asi-se-ha-multiplicado-el-sargazo-en-el-atlantico-en-los-
ultimos-ocho-anos-9955.html. Y el segundo en mayo del 2023: https://issuu.com/
lajornadaonline/docs/ecologica_264
En ambos, más de 60 especialistas de los centros de investigación más importantes del país y Estados Unidos, analizan los retos para lograr que el sargazo impacte lo menos posible la vida social, económica y el medio ambiente del litoral mexicano y el de los demás países que conforman el Gran Caribe. Me refiero, entre otros, al Instituto de Ciencias del Mar y Limonología de la UNAM y su unidad en Puerto Morelos; al Centro de Investigaciones y Educación Superior de Ensenada, CICESE; a las universidades de Yucatán, Quintana Roo, Campeche y Veracruz. En Estados Unidos, las de Florida y la Administración Nacional de Oceanografía y Atmósfera.
Además de profundizar en por qué hay un mayor arribo debido a las corrientes marinas, el cambio climático y el aumento del inmenso Mar del Sargazo (3.5 millones de km2) por recibir más nutrientes, los especialistas insisten en ambos suplementos en la urgencia de convertir el alga en un bien que genere empleo e insumo para elaborar combustible, alimento para animales o materiales de construcción.
Sin embargo, las acciones para lograrlo muy poco se concretan. Estos dos suplementos fueron prueba de que los recursos destinados a la investigación, pese a no ser suficientes, rinden frutos. También, ejemplo de eficiencia que debían seguir los demás actores involucrados en la solución del problema. Comenzando por las instancias oficiales.
Por todo lo anterior, resulta fundamental continuar generando conocimiento científico que permita comprender los procesos que gobiernan la formación, el transporte y la acumulación del sargazo. Y ello es lo que hace en el suplemento de este mes un grupo de investigadores que laboran en diversas instituciones gubernamentales, centros de investigación y el apoyo de organismos internacionales.
Ellos advierten que “más allá de la observación costera, es en el océano abierto donde se gestan muchas de las dinámicas clave que determinan su comportamiento. La investigación marina de largo aliento es, por tanto, indispensable para vincular escalas locales y regionales, integrar información ambiental y biológica, y avanzar hacia modelos predictivos más robustos”.
Y agregan que “los cruceros de investigación ocupan un papel central en este esfuerzo. Al permitir la obtención de datos de altamar, hasta hoy escasos, muy costosos y, sin embargo, indispensables, porque aportan información de gran valor sobre condiciones oceanográficas, químicas y biológicas que no pueden captarse desde tierra, ni mediante sensores remotos únicamente”.
Han estudiado de cerca, además, las balsas de sargazo en altamar desde su origen. Con toda esa información se busca cooperar en la tarea de reconocer lo ya se sabe sobre el sargazo. Y a la vez, subrayar la importancia de continuar investigando sobre un fenómeno consecuencia del cambio climático que seguirá presente, y cada vez en mayor dimensión, en la agenda ambiental de México y el Gran Caribe.
Iván Restrepo
Director general de La Jornada Ecológica
Correo-e: ivres381022@gmail.com