InnovaSociales: construyendo sociedades poscapitalistas
Claudia Camacho Benavides y David Barkin*
Nuestro planeta experimenta una crisis existencial que amenaza tanto a seres humanos como no humanos: nuestra salud, alimentación, educación, cultura, así como a la Madre Tierra como nuestra casa, a sus cuerpos de agua y su biodiversidad.
Aunque esta es una crisis que se expresa de muchas formas, ha sido gestada y mantenida por una élite que no tiene llenadera, quienes priorizan la máxima ganancia monetaria, el consumo y la mercantilización.
Hay individuos, familias y corporaciones fácilmente identificados que han forjado fortunas a través de la acumulación de capital, la especulación y la monetización de lo que encuentran a su paso, incluyendo trabajo, personas, culturas, naturaleza.
Lo anterior ha traído consigo un sinnúmero de injusticias socioambientales, especialmente en sociedades y territorios donde se intenta expoliar las riquezas naturales, y lo que llamamos rupturas sociometabólicas. Es decir, el daño a ciclos de materia y energía, y a procesos ecosistémicos y geológicos a raíz de la intervención humana. Pero particularmente en sociedades donde domina la acumulación y monetización. Esto pone en jaque las condiciones para la vida y salud en el planeta.
Ante ello, comunidades pescadoras, campesinas, indígenas, urbanas y periurbanas están movilizándose, construyendo alternativas para proteger el entorno con cuidado mutuo.
En el proyecto InnovaSociales, este impulso se concretó con la participación de la Universidad Autónoma Comunal de Oaxaca en los municipios de Tlahuitoltepec, Lachirioag y Comitancillo, así como del bachillerato comunitario Paulo Freire en Huehuetla, Puebla.
Sus iniciativas de educación se apegan a culturas y cosmologías propias, así como a la agroecología para cuidar su territorio y el bienestar integral de los participantes y sus familias.
Por su parte, la sociedad de producción rural Raíces Soltecas gestiona sistemas agroforestales de bosques con agave para producir mezcal y así hacerle frente al destructivo monocultivo de maguey, mientras se generan ingresos para las familias de Sola de Vega, Oaxaca. La Asociación Civil Nuiwari trabaja de manera incansable de la mano con pueblos náyeris y wixáricas para custodiar y defender el río San Pedro y las Marismas Nacionales, en Nayarit, ante megaproyectos que los contaminarían y destruirían flujos socioecológicos en toda una cuenca.
El Foro Oaxaqueño del Agua y el Instituto de la Naturaleza y Sociedad de Oaxaca, reúnen a actores urbanos y rurales en los Valles Centrales de Oaxaca para el manejo integrado y el cuidado de los flujos de agua.
Por último, el proyecto Arroyo de Tierras se ha dado a la tarea de reconstruir las relaciones de colonias periféricas humildes en Morelia, Michoacán, para restaurar su río ante las amenazas de las dinámicas urbanas.
El colectivo InnovaSociales ante el cambio necesario
La superación de la crisis actual, la atención a rupturas sociometabólicas y la construcción de nuevos mundos requiere un cambio radical en las estructuras y racionalidad económica vigentes, así como en las instituciones que controlan la toma de decisiones.
Sin embargo, el mismo pensamiento “moderno” nos quiere convencer de que esto no es posible, que el mercado determinará para siempre nuestras relaciones con la naturaleza; a esto se le conoce como realismo capitalista.
Muchos científicos y grupos sociales auguran un colapso global inminente. En contraste, nosotros optamos una visión distinta, compartida por comunidades comprometidas con la construcción de sociedades alternativas que buscan el bienestar humano y planetario.
Con este optimismo organizamos el trabajo de InnovaSociales, un proyecto de investigación e incidencia desarrollado entre 2022 y 2024, financiado por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt, ahora Secihti).
El proyecto fue concebido en la Universidad Autónoma Metropolitana, dentro del marco de la economía ecológica radical (EER), que es una propuesta académica para entender, compartir y acompañar experiencias colectivas que plantean y cimientan sus propios proyectos de vida, poniendo en marcha formas de comunalidad propias, centradas en salvaguardar la vida humana y no humana.
Como detallamos arriba, InnovaSociales integró a iniciativas de educación comunal, grupos de productores organizados y colectivos que, por años, han cuestionado el modelo socioeconómico imperante, pero que también construyen alternativas para una vida que priorice el bienestar integral de las personas, las comunidades, las tierras y aguas, y las formas de vida no humanas que nos sostienen.
El cambio radical necesario vuelve urgente tener otras fuentes de inspiración, otras lógicas que superen la tecnocracia y mercantilización de la vida. Por ello, en InnovaSociales retomamos las cosmovisiones de los pueblos, que parten del hecho de que todos los seres vivos estamos relacionados; donde la salud humana y ambiental, tanto de individuos, comunidades y ecosistemas, solo puede lograrse al cuidar las relaciones entre seres humanos, no humanos y sus entornos.
Estas cosmovisiones enmarcan y guían nuestras estrategias ‘otras’ de vida, para satisfacer necesidades materiales, diseñar estrategias para usar y disfrutar la naturaleza sin sobrepasar sus límites, y para distribuir los beneficios tangibles e intangibles hacia el florecimiento de comunidades vibrantes.
El sujeto comunitario revolucionario y las sociedades poscapitalistas
Desde la labor académica, la economía ecológica radical entiende a las comunidades y colectivos como sujetos comunitarios revolucionarios.
Estos se organizan en redes, gestan autonomía y forman alianzas regionales e internacionales para cuidar y recuperar ecosistemas, mejorar la calidad de vida humana, crear sociedades más justas y diversificar sus oportunidades productivas. A esto precisamente le llamamos la construcción de sociedades poscapitalistas.
Barkin (2022) describe a estas sociedades como aquellas que intentan trascender las formas de organización actuales –basadas en la propiedad privada, la competencia entre individuos y los incentivos monetarios– para desarrollar proyectos colectivos de vida al margen de los circuitos de capital y transformar estructuras injustas.
Al mismo tiempo, a veces se negocia con el Estado-nación del cual son parte, incorporando algunos procesos y programas políticos, institucionales, económicos y productivos; pero las experiencias van más allá de ellos, con una postura política definida y estableciendo límites claros para alcanzar un cambio social y recuperar un balance socio-ecológico.
InnovaSociales logró establecer redes de formación y capacitación, impulsó iniciativas socioecológicas y productivas, e incorporó reflexiones y diálogos diversos. Esto fue posible gracias a décadas de trayectoria de los sujetos comunitarios participantes, así como a la construcción teórica colectiva.
Las estructuras de organización comunitaria, su historia, formas de conocer el mundo y estrategias para el uso, manejo y disfrute de los bienes naturales, permiten construir modelos de vida digna con una producción diversa integrada a los ecosistemas circundantes.
No obstante, para lograrlo, queda el reto de superar formas patriarcales y verticales en la toma de decisiones, para poder incluir y valorizar la participación y aportes de mujeres, niñeces, juventudes y adultos mayores, economías alternativas y conocimientos locales.
Es necesario también reconocer que la diversidad brinda creatividad y fuerza para enfrentar las problemáticas presentes, valorando el trabajo colectivo, el diálogo, el cuidado de la vida y la justicia socioambiental como motor que nos impulsa.
De esta forma, más allá de no destruir el mundo, es hora de reconstruirlo. La desigualdad e injusticias históricas y actuales han generado resistencia y acción.
Así, acudimos y llamamos a nuestra naturaleza social, altruista y democrática para juntos hacer frente al dilema existencial que nos ha tocado enfrentar.
Referencias:
Barkin, D. (2022). “¿Por qué economía ecológica radical?” Revista Iberoamericana de Economía Ecológica. 35(3): 1-20. https://redibec.org/ojs/index.php/revibec/article/view/vol35-3-1
Claudia Camacho Benavides y David Barkin
Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco
*En colaboración con: Raíces Soltecas, SPR de RL; Colegio Paulo Freire; UACO-San Pedro Comitancillo, San Cristóbal Lachirioag, Santa María Tlahuitoltepec; Nuiwari, AC; Universidad de Guanajuato; Foro Oaxaqueño del Agua e Instituto de la Naturaleza y Sociedad de Oaxaca; Proyecto Arroyo de Tierras
Correo-e: isabelcb@gmail.com