Más colonialismo tóxico: baterías de plomo de Estados Unidos a México
Marisa Jacott
Llamamos colonialismo tóxico a la forma de dominación, explotación y de injusticia ambiental que se genera a través del envío transfronterizo de residuos de países ricos y poderosos al sur global, donde las regulaciones ambientales son mucho menos estrictas y la capacidad de gestión de materiales es infinitamente menor a la de los países desarrollados; tal es el caso de las exportaciones de baterías de plomo ácido usadas (BPAU) de Estados Unidos a México para su reciclaje, cifra calculada en un 75 por ciento del total de las exportaciones estadunidenses.
A pesar de que las BPAU están clasificadas como residuos peligrosos, las normas regulatorias mexicanas ofrecen una protección ambiental, de salud pública y seguridad ocupacional significativamente inferiores a las de Estados Unidos y Canadá, permitiendo mayores exposiciones al plomo.
Dicho marco regulatorio también está incompleto pues no existen las medidas necesarias para mitigar los riesgos identificados de consecuencias a la salud ambiental por lo que al menos se deberían de elevar los niveles de protección ambiental y de salud.
La exportación de estos residuos peligrosos se hace para trasladar los daños a países con menores estándares de protección y también porque el reciclaje de baterías supera los límites de emisiones y exposición fijados en la regulación de Estados Unidos.
En 2011, las organizaciones Fronteras Comunes y Occupational Knowledge International (OKI) realizaron un estudio binacional sobre el impacto ambiental, laboral y de contaminación de la industria recicladora de BPAU en México, y si bien ya han pasado 14 años del estudio Exportando riesgos: envíos de baterías de plomo usadas desde Estados Unidos hacia México, la normatividad en nuestro país y el impacto de su reciclaje con menores controles ambientales no ha cambiado, por lo que la contaminación por este reciclaje tóxico sigue en aumento violando los derechos humanos de trabajadores y comunidades cercanas a estas actividades.
Por ejemplo, los límites máximos permitidos de exposición de plomo en medio ambiente son tres veces mayores que en Estados Unidos (NOM-026-SSA1-202 que, además, equivocadamente utiliza como referencia para determinar la concentración ambiental de plomo las partículas PM10, en lugar de considerar las partículas totales).
De 2015 a noviembre del 2021, Estados Unidos envió más de 3 millones 200 mil 565 toneladas de BPAU para su “reciclaje” en México (SIAVI), siendo Johnson Controls ahora Clarios, el mayor receptor de estas exportaciones. En México, a pesar de la alta fabricación y reciclaje de baterías, no existen planes de manejo obligatorios, ni políticas de responsabilidad extendida del productor (EPR) y take back, solo planes de manejo voluntarios.
Tampoco existe algún sistema de rastreo que supervise el destino final de las importaciones y exportaciones.
Las emisiones RETC al aire de plomo reportadas por las plantas recicladoras de baterías de plomo en México son 20 veces más elevadas que lo reportado en plantas similares de Estados Unidos.
Dicho país exporta a México el doble de plomo en baterías usadas de lo que exporta en todos sus desechos electrónicos juntos.
Una batería de plomo ácido usada contiene entre el 65 al 75 por ciento de plomo y, tomando el porcentaje más bajo, se puede calcular una exposición al medio ambiente, trabajadores y población por el “reciclaje” a más de 2 millones 080 mil 367 toneladas de plomo por controlar.
En México, la fabricación de baterías representa más del 75 por ciento del consumo de plomo del país; siendo el mayor productor y reciclador de baterías Clarios sobre todo en sus instalaciones de Nuevo Léon.
La contaminación por plomo impacta negativamente el funcionamiento neurológico, pudiendo llegar a la muerte (dependiendo del grado y duración de la exposición). En niños, la exposición moderada al plomo puede disminuir significativamente su capacidad de aprendizaje, el desempeño escolar, el coeficiente intelectual, aumento de la agresividad y comportamiento violento, deterioro cognitivo irreversible y trastorno de déficit de atención con hiperactividad.
El envenenamiento por plomo es una de las amenazas más serias de salud ambiental para los niños. La OMS calcula 1.5 millones de muertes por exposición al plomo en todo el mundo y UNICEF señala que uno de cada tres niños –un total de hasta 800 millones a nivel mundial– tienen niveles de plomo en la sangre iguales o superiores a 5 microgramos por decilitro (μg/dL); límite ya descartado al reconocerse que no existe ningún nivel seguro de exposición al plomo que no tenga efectos nocivos.
Estos documentos señalan que el plomo se distribuye por el organismo hasta alcanzar el cerebro, el hígado, los riñones y los huesos.
Esto da un idea de cómo muchas comunidades de México están expuestas a una contaminación química irracional, masiva, discriminatoria y, por supuesto, no consentida, que es completamente violatoria de los derechos humanos y, como ha señalado la Relatoría Especial de las Naciones Unidas sobre Tóxicos y Derechos Humanos, son los Estados los que tienen la obligación de prevenir la exposición a sustancias y desechos peligrosos en virtud del derecho internacional de los derechos humanos.
Marisa Jacott
Fronteras Comunes/Colectiva México Tóxico
Correo-e: toxicoscolectiva@gmail.com