Áreas protegidas de la península de Yucatán son hábitat ideal para la cacerolita de mar — ecologica
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Áreas protegidas de la península de Yucatán son hábitat ideal para la cacerolita de mar

Héctor Javier Ortiz León y Jaime Zaldívar Rae

En México, la cacerolita de mar (Limulus polyphemus) habita en las costas de la península de Yucatán, en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

Su distribución se extiende desde la margen oriental de la Laguna de Términos hasta las bahías de la Ascensión y del Espíritu Santo, donde encuentra los ecosistemas necesarios para alimentarse, refugiarse y reproducirse.

Las cacerolitas de mar dependen de diversos ecosistemas costeros para completar su ciclo de vida. Sus áreas de reproducción, alimentación, crecimiento y migración se localizan en aguas marinas y salobres de la plataforma continental, así como en lagunas costeras, lagunas arrecifales y bahías de la península de Yucatán. En estos ambientes abundan los pastos marinos, las algas y los manglares, ecosistemas que les proporcionan refugio, alimento y condiciones adecuadas para su desarrollo.

Entre las especies de manglar presentes en la región destacan el mangle rojo (Rhizophora mangle), el mangle negro (Avicennia germinans), el mangle blanco (Laguncularia racemosa) y el mangle botoncillo (Conocarpus erectus).

Los fondos de estos ecosistemas son principalmente arenosos o lodosos y están compuestos por sedimentos, restos de conchas de moluscos y materia orgánica.

Estas condiciones favorecen la presencia de una rica comunidad de invertebrados, entre ellos moluscos, crustáceos, gusanos anélidos, nemátodos, equinodermos y cnidarios. Muchos de estos organismos forman parte de la dieta de las cacerolitas de mar, cuya alimentación es diversa y varía conforme avanzan las diferentes etapas de su desarrollo.

Las cacerolitas de mar mexicanas han evolucionado en estrecha relación con los ecosistemas costeros de la península de Yucatán. Se desarrollan en aguas cálidas y tranquilas, sobre una extensa plataforma continental de poca profundidad y en ambientes influenciados por la mezcla del agua dulce proveniente del acuífero subterráneo con el agua del mar.

Todo lo anterior ha favorecido la permanencia de la especie en la región durante miles de años. Los primeros registros escritos sobre la cacerolita de mar en México datan del siglo XVI. En sus crónicas, fray Diego de Landa documentó el nombre maya mex (pronunciado “mesh”), que aún se utiliza en algunas comunidades de la península de Yucatán.

Siglos después, durante diversas expediciones científicas realizadas a finales del siglo XIX, los naturalistas Henri Milne-Edwards y James Edmund Ives destacaron la gran abundancia de estos organismos en sitios como la Laguna de Términos, en Campeche, y Dzilam de Bravo, en Yucatán.

También a finales del siglo XIX, el arqueólogo Cyrus Thomas recuperó una referencia de su colega Daniel Brinton sobre el término mex, utilizado para describir un “pez araña” o “un pescado que tiene muchos brazos”.

Aunque estas descripciones no eran precisas desde el punto de vista biológico, coinciden con las características que llamaron la atención de los primeros observadores de las cacerolitas de mar y muestran que estos animales han formado parte del conocimiento y la cultura de los pueblos de la región desde hace siglos.

A partir de la década de 1960, surgieron los primeros investigadores mexicanos dedicados al estudio de los mex o cacerolitas de mar. Entre ellos destacó el Dr. Samuel Gómez Aguirre, del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considerado uno de los principales pioneros en el conocimiento de esta especie en el país.

Durante más de cuatro décadas, y hasta su fallecimiento en 2006, el Dr. Gómez Aguirre impulsó investigaciones fundamentales sobre la biología y distribución de las cacerolitas de mar. Fue de los primeros en alertar sobre la disminución de sus poblaciones y dirigió estudios que documentaron sus características morfológicas, así como la presencia de individuos vivos, muertos y exuvias a lo largo de las costas de la península de Yucatán.

Sus trabajos también aportaron información clave sobre la ecología y el ciclo de vida de la especie en México. Gracias a su experiencia y a la evidencia científica generada, las cacerolitas de mar fueron incluidas desde 1994 en la lista de especies en riesgo de la Norma Oficial Mexicana NOM-059, donde actualmente se encuentran catalogadas en peligro de extinción.

Incluso se atribuye al Dr. Gómez Aguirre la popularización del nombre “cacerolita de mar”, una denominación que buscaba sustituir el término local “cucaracha de mar” y resaltar el valor biológico de estos extraordinarios organismos.

Actualmente, especialistas de universidades, centros de investigación y organizaciones de la península de Yucatán estudian diversos aspectos de las cacerolitas de mar, como su genética, salud, respuesta a contaminantes, dinámica poblacional, educación ambiental y la relación de la especie con actividades humanas, entre ellas la pesca de pulpo.

Los investigadores que han realizado censos, programas de marcaje y monitoreo en campo coinciden en que las poblaciones de cacerolitas en México son mucho menos abundantes que las de la costa este de Estados Unidos.

Aunque en las últimas décadas la pérdida de hábitat y algunas actividades humanas han incrementado la presión sobre la especie, todo indica que las poblaciones mexicanas han sido naturalmente más reducidas debido a las características ambientales de la región.

Sin embargo, estas condiciones naturales se han visto agravadas por la creciente transformación de los ecosistemas costeros, lo que aumenta la vulnerabilidad de la especie y refuerza la necesidad de fortalecer su conservación.

A principios de la década de 1990, el Dr. Samuel Gómez Aguirre advertía que las poblaciones de cacerolita de mar ya resentían los efectos del desarrollo costero.

Con base en sus observaciones iniciadas en 1964, señalaba que la construcción de puertos, ciudades, complejos turísticos e industriales, así como la exploración submarina, la extracción de hidrocarburos y la contaminación, estaban provocando un deterioro significativo de los hábitats de Limulus polyphemus. Hoy en día, sus preocupaciones no sólo siguen vigentes, sino que se han intensificado.

Las costas de la península de Yucatán han experimentado una rápida transformación impulsada por el aumento de la población, la llegada de habitantes de otras regiones de México y del extranjero, y la expansión de desarrollos inmobiliarios, turísticos y de infraestructura.

Como resultado, muchos de los ecosistemas de los que dependen las cacerolitas de mar enfrentan una presión cada vez mayor.

Las cacerolitas de mar han sido registradas en prácticamente toda su área de distribución en la península de Yucatán, ya sea mediante estudios científicos o a través del conocimiento y las observaciones de las comunidades locales.

Además, la mayoría de estos sitios se encuentran dentro de áreas naturales protegidas federales o estatales.

A pesar de ello, habitantes de diversas localidades coinciden en que las cacerolitas son cada vez menos frecuentes. Entre las posibles causas de esta disminución, señalan la pesca furtiva y otras actividades humanas que afectan a la especie y a los ecosistemas de los que depende para sobrevivir.

Reconocer las percepciones, conocimientos, prácticas y valores culturales que las comunidades pesqueras han construido en torno al mex o cacerolita de mar es fundamental para impulsar estrategias de conservación más efectivas y duraderas.

La participación de estas comunidades permite enriquecer los esfuerzos de protección de la especie y fortalecer el vínculo entre las personas y los ecosistemas costeros. Asimismo, es necesario reducir el desconocimiento que aún existe sobre la importancia ecológica de las cacerolitas de mar.

Para ello, resulta indispensable promover una cultura ambiental que integre tanto el conocimiento científico como los saberes tradicionales, y que llegue no solo a las comunidades costeras y del interior de la península, sino a quienes se han establecido recientemente en la región.

Con información de:

Zaldívar-Rae, J., Sapién-Silva, R.E., Rosales-Raya, M. y Brockmann, H.J. (2009). American horseshoe crabs, Limulus polyphemus, in Mexico: open possibilities. En: Tanacredi, J.T., Botton, M.L. y Smith, D.R. (Eds.) Biology and conservation of horseshoe crabs, Boston. MA: Springer, pp. 97-113.
...y sus referencias incluidas.

Héctor Javier Ortiz León
TecNM/Instituto Tecnológico de Chetumal
Correo-e: oilh@yahoo.com.mx
Jaime Zaldívar Rae
Proyecto Mex, AC
Correo-e: jaimezaldivarrae@gmail.com