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Usos ancestrales y contemporáneos de las cacerolitas de mar

Héctor Javier Ortiz León

De su presencia en la cultura maya a su uso biomédico actual, la cacerolita de mar concentra una historia de conocimiento, aprovechamiento y, lamentablemente, presión sobre sus poblaciones.

Presencia ancestral en la cultura maya

En códices, bajorrelieves y diversos grabados de la época prehispánica aparecen representaciones de la cacerolita de mar (Limulus polyphemus) y de otras especies propias del litoral maya.

Estas evidencias sugieren que el mex o límulo maya no solo era reconocido por su presencia en las costas, sino también por su importancia cultural dentro de las comunidades mayas que habitaban la región.

Se ha propuesto que el aprecio hacia este organismo pudo estar vinculado con observaciones sobre su comportamiento, a partir de las cuales se habrían desarrollado conocimientos empíricos relacionados con la astronomía, la meteorología y la dinámica de las mareas.

El mex en la visión de los europeos

Fray Diego de Landa, en su Relación de las cosas de Yucatán (1566), describe a la cacerolita de mar de la siguiente manera:

“Un pescado vi en las costas, algunas veces, que por ser de concha todo, lo dejé para poner aquí. Es, pues, del grandor de una tortuga pequeña y cubierto por arriba de una concha delicada, redonda, de hermosa hechura y verde muy claro; tiene una cola de lo mismo de la concha, muy delgada, que parece punzón y larga como un jeme; por debajo tiene muchos pies y todo lleno de menudos huevos que no tiene que comer de él, sino huevos, y cómenlos mucho los indios; llámanle en su lengua mex”.

Por su parte, crónicas británicas del siglo XVI señalan que los pueblos indígenas de la costa atlántica de Norteamérica también aprovechaban distintos usos de este organismo.

Consumían su carne y, posiblemente, algunos órganos del prosoma, mientras que los caparazones eran utilizados como recipientes para achicar agua de canoas.

Asimismo, el telson se empleaba fijado a varas para fabricar herramientas o arpones, y las cacerolitas molidas (ricas en nitrógeno y calcio) se utilizaban como fertilizante para cultivos.

Usos alimentarios

Como nos describió fray Diego de Landa, la hueva de cacerolita se consumía en la península de Yucatán desde tiempos prehispánicos y, de acuerdo con testimonios de pescadores campechanos de mayor edad, esta práctica se mantuvo hasta hace pocas generaciones.

En la actualidad, sus huevecillos también son apreciados en algunos países asiáticos; en Tailandia, la demanda de hembras grávidas para la gastronomía tradicional se ha asociado con disminuciones locales de sus poblaciones.

Usos agrícolas

Desde inicios del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, en Estados Unidos las cacerolitas de mar fueron colectadas en grandes cantidades (millones de ejemplares al año) para secarlas y molerlas y utilizarlas como fertilizante agrícola.

Esta extracción intensiva contribuyó a una fuerte disminución de sus poblaciones, particularmente en la bahía de Delaware. Con el tiempo, esta práctica se abandonó debido a la disponibilidad de fertilizantes químicos más económicos.

Durante ese mismo periodo, también se llegó a emplear a las cacerolitas de mar y a sus huevecillos como alimento para aves de corral y cerdos, lo que incrementó la presión sobre sus poblaciones en distintas zonas costeras.

Uso como carnada de pesca

Actualmente, en Estados Unidos las cacerolitas de mar se capturan bajo regulación para utilizarse como cebo en la pesca de anguilas y de algunos caracoles marinos. Antes de su regulación, esta actividad provocó una disminución importante de sus poblaciones, y aunque hoy está controlada, sigue siendo una fuente de mortalidad inducida por actividades humanas.

En la península de Yucatán, la especie también ha sido utilizada como carnada en la pesca artesanal de pulpo, especialmente en el estado de Campeche. Con el crecimiento y la intensificación de esta pesquería a partir de la década de 1990, la cacerolita se convirtió en una alternativa a los cebos comerciales.

Sin embargo, desde su inclusión en 1994 en la NOM-059 como especie en “peligro de extinción”, su aprovechamiento quedó prohibido. A pesar de ello, en algunas zonas persisten su captura y comercio de manera ilegal.

Dado que las poblaciones mexicanas son considerablemente más reducidas que las de Estados Unidos, cualquier extracción tiene un impacto más severo en su viabilidad a largo plazo.

Uso en la industria biomédica

Existe una industria biomédica internacional que aprovecha una proteína presente en las células sanguíneas de las cacerolitas de mar, los amebocitos, para producir el llamado lisado de amebocitos de Limulus (LAL).

En 1977, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó su uso como una prueba estándar para detectar contaminación bacteriana en productos farmacéuticos inyectables, dispositivos médicos, implantes y otros materiales de uso clínico.

Dado que este tipo de contaminación puede ser potencialmente mortal, la prueba LAL ha sido fundamental para mejorar la seguridad de millones de pacientes en todo el mundo.

Además, una variante de esta prueba se utiliza como apoyo en la detección de infecciones fúngicas invasivas, y con el tiempo se han desarrollado múltiples aplicaciones en áreas como el control de calidad del agua, la industria alimentaria y la vigilancia de contaminantes biológicos.

Para su funcionamiento, esta industria requiere el uso de grandes cantidades de cacerolitas, por lo que sus centros de procesamiento se localizan principalmente en regiones de alta abundancia en la costa este de Estados Unidos.

Aunque existen medidas para reducir la mortalidad asociada a su captura y manejo, una proporción de los organismos muere durante estos procesos. En México, esta industria no existe y su desarrollo resulta inviable debido a la baja abundancia de la especie y su condición de riesgo.

Finalmente, aunque aún no han sido llevados a aplicaciones clínicas, diversos estudios han identificado compuestos bioactivos en la sangre de las cacerolitas con potencial actividad antimicrobiana y antitumoral in vitro.

Proteger con visión de futuro

La historia de la cacerolita de mar refleja cómo una sola especie puede concentrar un alto valor cultural, ecológico, alimentario y científico, pero también volverse vulnerable cuando su aprovechamiento supera la capacidad de recuperación de sus poblaciones.

Reconocer su presencia en la memoria maya, en prácticas pesqueras tradicionales y en la investigación biomédica contemporánea permite dimensionar la importancia de esta especie más allá de su apariencia singular.

Al mismo tiempo, subraya la imperativa necesidad de proteger sus hábitats, regular su extracción y fortalecer alternativas que reduzcan la presión sobre las poblaciones silvestres.

De igual forma, es fundamental continuar la investigación científica sobre sus características biológicas y sus potenciales aplicaciones; siempre, bajo esquemas que prioricen la conservación de la especie y el equilibrio de los ecosistemas costeros.

Con información de:

Shuster, C.N., Jr., Barlow, R.B. y Brockmann, H.J. (Eds.) 2003. The American horseshoe crab. Cambridge, MA: Harvard University Press.
Tanacredi, J.T., Botton, M.L. y Smith, D.R. (Eds.) 2009. Biology and conservation of horseshoe crabs. Boston, MA: Springer.
...y sus referencias incluidas.

Héctor Javier Ortiz León
TecNM/Instituto Tecnológico de Chetumal
Correo-e: oilh@yahoo.com.mx