Dejar el petróleo bajo tierra: una decisión para el bien común — ecologica
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Dejar el petróleo bajo tierra: una decisión para el bien común

Kjell Kühne

La dependencia de México del gas de Estados Unidos de América es un hecho. Pero tras convertir a Texas en zona de sacrificio para generar la electricidad de México, toca no repetir la experiencia del fracking de este lado de la frontera, sino buscar mejores condiciones de vida y bienestar con eficiencia energética y usando energías renovables.

Antes que apostar por estrategias riesgosas como el fracking se podría incrementar la eficiencia. Los carros eléctricos son más eficientes que los de gasolina. El transporte público es más eficiente que el privado. El diseño inteligente es más eficiente que enfriar o calentar edificios mal diseñados.

Fomentar economías regionales es más eficiente energéticamente que desarrollar relaciones económicas a larga distancia. Se puede vivir bien con energías renovables, pero se necesitan medidas inteligentes de uso de energía y voluntad política para implementarlas.

Muchos promotores del fracking olvidan un detalle, que el gas y el petróleo son sustancias interesantes, quizás demasiado valiosas para simplemente quemarlas. Y que si no las extraemos, pueden seguir bajo tierra por miles de años. Los hidrocarburos no le pertenecen solo a las generaciones que actualmente habitan el planeta, son una herencia para el bien de todas las generaciones, actuales y futuras.

Seguramente, dentro de varios años, las futuras generaciones no nos darán las gracias por quemar todo el petróleo y el gas que tuvimos disponible, ni por dejar vuelto loco al planeta y con múltiples crisis socioambientales.

La presidenta ganó el premio Nobel de la Paz, como parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) que alertó al mundo sobre los peligros del cambio climático y ayudó a resumir lo que las ciencias saben sobre el tema, incluyendo cómo superarlo.

La raíz del cambio climático es la combustión de carbón, petróleo y gas fósil. Y como la doctora Sheinbaum bien sabe, superar la quema de combustibles fósiles es el camino para reducir el calentamiento global del planeta.

Como experta en energía, Claudia Sheinbaum está entre las personas que mejor conocen el asunto a nivel mundial, por eso resulta difícil comprender que hoy pretenda abrir la puerta a la fractura hidráulica, un método que daría como resultado una gran cantidad de emisiones de CO2 y, peor aún, de metano, que contribuirán definitivamente a la crisis climática.

El mundo de la política se rige por otras leyes, no exclusivamente de carácter científico. Lo que una mayoría política considera políticamente viable puede dominar la agenda política, y opacar aquellas que lo consideran inviable.

Y como las consecuencias no son inmediatas, los impactos en un sistema tan grande y de lenta reacción como el clima global tienden a ser ignorados por la clase política.

¿Qué tal si la presidenta decidiera actuar como una lideresa climática, en lugar de abrir la puerta al fracking? Esto la catapultaría a la vanguardia de la acción climática en el mundo –a la par de Colombia que convocó a Santa Marta para trabajar en la ruta de salida de los combustibles fósiles.

Prohibir el fracking en México dejaría varias gigatoneladas de CO2 bajo tierra. Una cantidad casi inimaginable de mil millones de toneladas, más de lo que todo México emite a la atmósfera en dos años. Prohibir el fracking evitaría varias gigatoneladas de emisiones.

En la selva Lacandona, en los manglares de la costa y en alta mar, ya existen lugares donde la extracción de hidrocarburos está prohibida, son las llamadas zonas de salvaguarda.

Algunas personas las llaman fossil free zones, zonas libres de extracción fósil. De hecho, estas zonas existen en todos los niveles; las comunidades que declaran sus ejidos o municipios libres de extracción, de minería, de fracking; países que lo deciden, como nuestro vecino Belice, que tras el voto popular decidió no extraer más petróleo del mar, hasta la escala continental: en la Antártida está prohibida la extracción de combustibles fósiles y de cualquier mineral, por acuerdo común entre países –¡es el primer continente libre de extracción fósil!

En total, hasta ahora, existen al menos 506 zonas libres de extracción fósil en el planeta Tierra hasta en los rincones más inimaginados; entre ellas se encuentran áreas naturales protegidas, regiones geopolíticas, zonas residenciales y vecinales, servicios comunitarios y hasta públicos, además de empresas privadas y lugares de recreación.

El listado completo puede ser consultado en el sitio web https://fossilfreezones.org/, así, a nivel global, se va contribuyendo a construir otro mundo posible, un mundo libre de combustibles fósiles.

Kjell Kühne
LINGO
Correo-e: kjell.kuehne@leave-it-in-the-ground.org