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Fracking y transición energética, más allá de la cultura fósil

Alejandra Jiménez Ramírez

“Ser moderno es depender de las capacidades y habilidades generadas por la energía”
Imre Szeman y Dominic Boyer, críticos culturales.

 

En 1929, Bruno Traven escribió la novela La rosa blanca, en la que relata el despojo que las petroleras extranjeras ejercieron sobre tierras en manos de campesinos y pueblos originarios y la corrupción con la que dio inicio la industria petrolera en México.

Tres décadas después, en 1961, la novela fue llevada al cine por Roberto Gavaldón, quien además buscó retratar la organización y lucha social que llevaron a la expropiación petrolera. La película fue censurada durante 11 años por el gobierno de Adolfo López Mateos.

Traven nació en Alemania y aunque escribió su novela en México antes del genocidio nazi, en estos momentos en que vivimos el avance de una nueva versión del fascismo encabezado por Donald Trump, resulta pertinente rememorar que La Rosa Blanca también fue un grupo clandestino de estudiantes que se resistió al régimen fascista de Hitler.

¿Por qué iniciar así un texto que busca hablar sobre fracking y transición energética en México?

Los motivos son varios, de entrada, por la necesidad de señalar que en el momento actual, en medio de guerras y múltiples crisis relacionadas con la industria fósil y en el que la transición energética pareciera un callejón sin salida, es importante reconocer que para recorrer este camino debemos no solo propiciar la salida de los combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo) como la principal fuente de energía de las sociedades modernas industriales, sino también que la modernidad fósil ha propiciado el despojo, la destrucción, las guerras y los gobiernos fascistas y coloniales en nombre del “desarrollo”, narrativa que ha constituido por más de dos siglos el andamiaje sociocultural sobre el que se han construido las sociedades actuales.

Fracking y shopping

En términos culturales el fracking es, sin duda, un excelente ejemplo de lo que la modernidad fósil ha posibilitado. Para empezar ha propiciado la industrialización de la vida, lo que solo puede ser explicado bajo la lógica del capitalismo como modelo económico y social que busca la acumulación y el consumo sin límites.

La modernidad fósil también ha propiciado el avance y la acumulación de conocimientos, de la ciencia y la tecnología, pretendiendo un control minucioso y expansivo sobre la naturaleza, al grado de que hoy es posible alcanzar el centro de la tierra únicamente para extraer pequeñas cápsulas de la energía fosilizada de dinosaurios y materia orgánica que durante millones de años ha estado bajo tierra.

Más allá del sorprendente avance tecnológico que significa una técnica como el fracking, está el significado sociopolítico que implica su desarrollo, pues además de ser contaminante y destructiva, de que esta técnica consume enormes cantidades de energía y agua y utiliza sustancias tóxicas que son inyectadas a altas presiones en el interior de la tierra, implica que –socialmente– se ha posibilitado un imaginario que normaliza la separación, el control y la destrucción del humano sobre la naturaleza bajo el supuesto desarrollo económico, que también es entendido como desarrollo social.

Además, es la misma lógica que ha colocado al hombre en un lugar de superioridad, incluso sobre la naturaleza. Como humanidad, nos hemos disociado de ella y se ha construido un régimen en el que lo humano no solo es central, sino que es entendido desde la separación, la diferencia, la individualidad y la superioridad de la racionalidad, simbolizado como masculino con capacidad de poder sobre la naturaleza, que es entendida en clave femenina, de inferioridad, destinada a proveer de cuidados y bienes sin medida.

Es así que esta “era fósil” se ha articulado con la lógica consumista del capitalismo y también ha sido posible y a la par del régimen patriarcal antropocéntrico.

Con esta lógica también se han articulado los estados nación, que si bien hoy en día parecen solo la sombra de lo que fueron hace unas décadas, continúan siendo los principales dispositivos legales a través de los cuales se expande el entramado sociocultural de lo fósil/capitalista/moderno/patriarcal.

No es de sorprender que sea este dispositivo estado-nación el que, al mismo tiempo, pretenda con engaños realizar fracking en México, para sostener la era fósil de producción sin considerar los límites planetarios, con la narrativa de “soberanía energética”, mientras también legisla y reproduce el performance de la transición energética corporativa, que lejos de plantear la urgente salida de la era fósil, la sostiene junto con energías renovables que dependen totalmente de las energías fósiles.

Es así que, desde hace dos décadas, los gobiernos de México han implementado una política que prioriza el uso de gas fósil (extraído con fracking en Estados Unidos, para generar la electricidad que es consumida principalmente por la industria de exportación) con el discurso de que este gas, mal llamado “natural”, es el combustible de la transición.

Transición energética más allá de la cultura fósil

La modernidad puede ser caracterizada por un tipo de energía y tecnología y por una cultura totalmente vinculada a la energía fósil, donde la velocidad, el poder viril y bélico, la acumulación y el desarrollo al infinito se convirtieron en correlatos culturales que permitieron un imaginario sociocultural que, al igual que el petróleo y el gas, continúan permeando la vida a nivel global, comunitario e individual.

La transición energética debe ser no solo un cambio tecnológico o de fuentes de energía, sino necesariamente un cambio sociocultural, que trascienda y resista a la forma en que el carbón, el petróleo y el gas nos permitieron llegar a un punto de acumulación de bienes y confort que ha provocado destrucción, despojo, desigualdad desmedida, pobreza y guerras en nombre de una idea totalmente equivocada de modernidad, desarrollo y progreso.

Alejandra Jiménez Ramírez
Corason, Alianza Mexicana contra el Fracking y Nuestro Futuro Nuestra Energía
Correo-e: jandadeluna@gmail.com