Glifosato: riesgos, evidencias y comercio binacional
Yolanda Cristina Massieu Trigo
El glifosato es uno de los herbicidas más usados en la agricultura en el mundo; fue introducido en 1974 por Monsanto y clasificado en 2015 como probable carcinógeno para humanos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con base en cerca de mil estudios científicos. Se demostró que este herbicida opera por genotoxicidad (daño en el ADN, ácido desoxirribonucleico) y estrés oxidativo (daño celular por presencia de radicales libres). En 2019, el Departamento de Salud del gobierno de Estados Unidos publicó un perfil toxicológico del agroquímico que coincide con el reporte de la OMS, y en 2020 se dio a conocer la quinta edición de la Antología toxicológica del glifosato, integrada por mil 108 investigaciones científicas sobre sus efectos en salud y medio ambiente.
Las conclusiones de un estudio de 2025 con ratas, a las que les fueron suministrados niveles controlados de glifosato y herbicidas basados en él, confirmaron mayor incidencia de tumores benignos y malignos. Se observó presencia en vida temprana y mortalidad por tumores múltiples. Estos análisis proveen información robusta que apoya la conclusión de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer sobre la suficiente evidencia de la carcinogenicidad del glifosato en animales experimentales. Más alarmante resulta otra investigación de 2024 en Puerto Rico sobre los impactos del herbicida en el desarrollo neurológico infantil a los 6, 12 y 24 meses de edad. Los resultados muestran que la exposición gestacional de las madres al glifosato se asocia con un desarrollo neurológico temprano adverso, con retrasos más pronunciados a los 24 meses.
Estos dos estudios son solo un botón de muestra del cada vez mayor sustento científico respecto a los efectos perjudiciales del glifosato en la salud.
Su uso aumentó mil 500 por ciento entre 1996 y 2020, con la siembra y comercialización de maíz, algodón y soya genéticamente modificados (GM) tolerantes a dicho agroquímico. Por ello, el análisis y debate sobre este herbicida está indisolublemente ligado a los cultivos transgénicos o genéticamente modificados.
La tolerancia significa que no mueren al aplicarles glifosato. A nivel internacional, hasta 2020 había 526 eventos de transformaciones genéticas, principalmente en cinco cultivos: maíz, 45 por ciento; algodón, 12.7 por ciento; papa, 9.3 por ciento; canola,88.8 por ciento, y soya, 7.8 por ciento. Destaca la tolerancia a herbicidas (glifosato, glufosinato 2, 4-D y dicamba), que comprenden el 70 por ciento del total de cultivos GM en el mundo.
La siguiente transformación en importancia la integran los llamados cultivos Bt, que son resistentes a insectos, es decir, producen toxinas con acción insecticida. De los tolerantes a herbicidas, la mayor parte (63 por ciento) tienen tolerancia al glifosato.
Las repercusiones ambientales son serias, en 2024 Borges et al., de la Universidad de Campeche, nos recuerdan que la contaminación por plaguicidas afecta los sistemas marinos y terrestres a nivel global, y se exacerba con el cambio climático, pues provoca transformaciones en la precipitación causantes de sequías e inundaciones.
Ello modifica el uso de plaguicidas, principalmente aplicando más cantidad de la requerida en épocas anteriores, debido a la resistencia de algunas plagas. Se ha documentado que muchos organismos han tenido que desplazarse geográficamente y que el cambio de temperatura produce enfermedades en las plantas y causa daños en la reproducción de organismos como insectos, anfibios y peces.
En el caso del glifosato, el aumento mencionado por su asociación a los cultivos GM ha ocasionado que prácticamente todos los ecosistemas se encuentren contaminados con este compuesto, incluyendo al ser humano.
Estos evidentes daños a la salud ya le han causado a Bayer (que adquirió Monsanto en 2018) problemas con demandas en Estados Unidos. En 2023 un jurado de Missouri condenó a la empresa a pagar mil 560 millones de dólares a cuatro demandantes que alegaron que el herbicida Round Up (nombre comercial del glifosato) les causó lesiones y cáncer.
A tres de los cuatro demandantes se les provocó linfoma no Hodgkin, y argumentaron que fue provocado por el uso del herbicida en sus propiedades. En 2026, Bayer anunció pérdidas por 4 mil 146 millones de dólares en 2025 por los costos de las demandas en Estados Unidos debido a los efectos cancerígenos del glifosato.
La empresa ha enfrentado 170 mil demandas en este país, de las cuales 65 mil siguen pendientes, y gastó otros 6 mil 900 millones de dólares en estos litigios. La firma está esperando una resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos que se espera para junio de este año, en la cual se aclarará si la falta de advertencia en las etiquetas del agroquímico es admisible según la legislación de distintos estados, dado que la Agencia de Protección Ambiental no considera cancerígeno al agroquímico y no permite advertencias en la etiqueta.
Si la sentencia es favorable, Bayer puede cerrar el capítulo, aunque ha alcanzado un acuerdo colectivo con los demandantes, aún no aceptado por la totalidad de ellos, por 7 mil 250 millones de dólares.
Por las razones brevemente enunciadas se valora el gesto del gobierno mexicano, que a través de dos decretos presidenciales en 2020 y 2023, y reformas constitucionales en 2025, ha prohibido la siembra de maíz transgénico y promovido la sustitución del glifosato (hay opciones como el manejo integrado de arvenses o los herbicidas orgánicos).
Es preocupante la airada reacción de Estados Unidos ante estas acciones de soberanía agroalimentaria, que condujo a un panel de controversias en el marco del TMEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá) a fines de 2024, cuya resolución implica que México está obligado a importar maíz amarillo transgénico para consumo ganadero e industrial, al cual se le ha aplicado en el país vecino una cantidad considerable de glifosato.
Yolanda Cristina Massieu Trigo
Departamento de Relaciones Sociales
Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco
Correo-e: ymassieu@gmail.com