La exposición crónica a plaguicidas puede alterar el ciclo menstrual — ecologica
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La exposición crónica a plaguicidas puede alterar el ciclo menstrual

Leticia G. Yáñez Estrada, Rebeca Mejía Saucedo y Andrea Rodríguez López

Los plaguicidas son compuestos químicos que fueron diseñados para matar plagas. Por definición entonces, son compuestos altamente tóxicos, tienen la capacidad de burlar nuestras barreras biológicas, por ende, cuando consumimos alimentos contaminados con éstos, los respiramos o estamos en contacto con ellos, nuestro cuerpo los absorbe y es a través de la sangre que viajan por todo el organismo causando impactos negativos en nuestra salud.

Los mecanismos por los cuales producen daños son diversos, queremos resaltar uno en particular que se le atribuye a los plaguicidas organoclorados (POC), y es que dada la semejanza entre la estructura química de éstos y la de algunas hormonas sexuales femeninas, tales como la progesterona y el estradiol, los POC actúan como hormonas sin serlo. Como consecuencia, alteran su producción, secreción, interfieren en sus funciones, así como en su eliminación; de ahí que a los POC se les considere perturbadores endocrinos, estas alteraciones inciden de manera importante en la salud sexual y reproductiva de las mujeres, siendo éstas, una vez más, la población más vulnerada.

Realizar estudios sobre las causas que modifican el ciclo menstrual (CM) es todo un reto, dado al comportamiento cíclico de las hormonas y porque éste puede verse afectado por diversos factores tales como, el uso de anticonceptivos, el empleo de la pastilla del día después, estrés, depresión, el consumo de alcohol y drogas, práctica de deportes de alto rendimiento y ahora hay que sumar, la exposición a sustancias tóxicas clasificadas como perturbadores endocrinos.

Un grupo de 30 adolescentes con una residencia de al menos cinco años en una comunidad agrícola, fueron capacitadas para registrar en un diario/bitácora, diseñado exprofeso, los eventos relacionados con su CM (ciclo y periodo), abundancia de sangrado (número de toallas sanitarias empleadas/día), síntomas premenstruales y menstruales. Y mediante el empleo de baterías se registraron aquellos factores que pudiesen también alterar el CM, tales como cambios de conducta en cuanto a hábitos y estilos de vida, el grado de estrés y los problemas sociales a los que se estaban enfrentando las participantes, el consumo de drogas y alcohol, la práctica de deportes de alto rendimiento y el empleo de métodos anticonceptivos.

Al cabo de 15 meses, se analizaron sus niveles séricos de las hormonas LH, FSH, progesterona, y estradiol. Para evaluar la magnitud de su exposición a agrotóxicos, se cuantificaron los niveles plasmáticos de 12 diferentes plaguicidas organoclorados.

El 75 por ciento de las adolescentes pertenece a familias de jornaleros agrícolas, el 44 por ciento tiene huertos en su casa, de las cuales el 43 por ciento ayuda en las labores de éste y un 64 por ciento usa plaguicidas.

El 40 por ciento de las participantes presentaban problemas emocionales, no se detectó un riesgo eminente de consumo de alcohol o drogas, pero sí del empleo de la pastilla del día después y ninguna practicaba deportes de alto rendimiento.

El 40 por ciento de las jóvenes identificaron periodos de amenorrea ya que únicamente tuvieron de cinco a ocho CM a lo largo de 15 meses. El 56.26 por ciento presentaron un CM irregular (menor a 24 días o mayor a 32 días), el 24 por ciento indicaron haber tenido sangrados irregulares (menos de cuatro días o más de siete días). Catorce de ellas presentaron alteraciones en su perfil hormonal, mientras que el 33 por ciento tenía niveles de prolactina fuera del intervalo de referencia.

Las concentraciones plasmáticas detectadas de los POC indican que todas las jóvenes están expuestas a estos agrotóxicos. No obstante que a partir de 1970 y hasta el 2000, que fue prohibido su uso, la Secretaría de Salud era la única entidad autorizada para el empleo del dicloro difenil tricloroetano (DDT) para el control del paludismo, 26 de las adolescentes presentaron niveles elevados de DDE (metabolito del DDT).

Mientras que 29 de ellas tenían lindano, insecticida que fue prohibido su uso en nuestro país desde hace aproximadamente 10 años y forma parte de las sustancias listadas en el Anexo A del Convenio de Estocolmo para su prohibición desde 2004.

El haber detectado en plasma a estos dos compuestos se explica porque ambos son moléculas lipofílicas, lo que les confiere la propiedad de ser persistentes (vida media de degradación superior a 30 años), se bioacumulan y biomagnifican (incorporación a la cadena trófica).

Además, la madre se convierte en fuente de exposición de sus hijos, ya que estos compuestos se pueden difundir a través de la placenta y del seno materno.

Aquellas adolescentes que presentaron niveles alterados de progesterona tenían niveles estadísticamente superiores del metabolito de DDT. Mientras que a aquellas cuyas concentraciones de estradiol estaban fuera del intervalo normal se les detectaron niveles elevados de lindano.

Los valores de FSH también se vieron afectados por la exposición al plaguicida aldrin.

El escenario de exposición no ocupacional a mezclas de plaguicidas al que se exponen estas adolescentes es complejo y más complejo aun es dimensionar las consecuencias en su salud reproductiva por las afectaciones a su ciclo menstrual.

Para atender esta problemática, hemos diseñado un programa de intervención selectiva para disminuir los factores de riesgo; pero esta estrategia será infructuosa mientras se siga permitiendo el uso de agrotóxicos altamente persistentes a lo largo y lo a ancho de nuestro país.