FRENTE AL DESARROLLISMO DE “IZQUIERDA”, LA LIBERACIÓN AVANZA Y REVERDECE EN COLOMBIA / 306 — ojarasca Ojarasca
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FRENTE AL DESARROLLISMO DE “IZQUIERDA”, LA LIBERACIÓN AVANZA Y REVERDECE EN COLOMBIA / 306

MINGA DE COMUNICACIÓN DEL PROCESO DE LIBERACIÓN DE LA MADRE TIERRA*

03 de octubre de 2022

Al cumplirse las 48 horas, este 2 de septiembre, el Estado atacó con ejército y Esmad,1 no hubo media hora de diálogo, como había prometido el nuevo gobierno, la tanqueta entró disparando gases. Más tarde el ejército disparó sus armas de largo alcance contra las comunidades que liberamos la Madre Tierra, tampoco hubo diálogo. Hace 17 años, el 2 de septiembre de 2005, fue Uribe quien ordenó al Esmad y al ejército dispararnos sus armas. Este nuevo gobierno es de izquierda, el gobierno de Uribe era de derecha. Después de ocho horas de intento de desalojarnos de una de las fincas en proceso de liberación, el Esmad y el ejército de la democracia más antigua… no lograron desalojarnos, aquí seguimos, desde aquí lanzamos esta carta al mundo. (No nos vamos: ésta es nuestra casa para vivir y luchar II, PLMT) 2

Así empieza la reciente carta del Proceso de Liberación de la Madre Tierra (PLMT, Norte del Cauca, Colombia) donde se denuncia uno de los ataques por parte de la fuerza pública hacia las comunidades liberadoras, al terminarse el plazo de 48 horas que dio el nuevo gobierno de Gustavo Petro y Francia Marquez en Colombia para que los llamados “invasores de tierras” desalojen los predios. El anuncio de una Reforma Agraria fue el telón de fondo para iniciar estos nuevos intentos violentos de desalojo. Aunque este anuncio fue dirigido a movimientos de recuperación de tierras en todo el país, el foco está en el norte del Cauca, donde las comunidades indígenas nasa del PLMT vienen liberando tierras acaparadas por la industria cañera desde el 2014.

El norte del Cauca es un vórtice donde se enfrentan dos visiones del mundo, donde se da una lucha de los pueblos en contra de la modernidad colonial y el sistema de muerte que es el capitalismo. Por un lado, la industria cañera, uno de los sectores “más productivos” de Colombia, monopoliza y explota las tierras del valle, bajo el discurso del Desarrollo. Del otro lado, las comunidades nasa, arrinconadas en las laderas dentro de resguardos, bajan al valle a recuperar, a liberar la tierra esclavizada por la industria para sembrar comida, vivir ahí y para que vuelva a brotar la vida. Todo esto en un contexto donde se mueven distintos actores armados —fuerza pública, disidencias de la FARC, grupos paramilitares relacionados con el narcotráfico, así como milicias armadas que defienden los intereses del ingenio azucarero— en medio de los cuales las comunidades nasa y su guardia indígena, los Kiwe Thegna, que no usan armas, desenvuelven su lucha.

En los últimos tiempos, las élites y el sector cañero han creado una estrategia mediática para sembrar confusión y legitimar una ofensiva violenta y represiva contra las comunidades en resistencia y el PLMT en particular, atizando conflictos antiguos entre distintas comunidades en el territorio. Estos conflictos fueron creados por la misma lógica de despojo y acaparamiento de tierras en la región. Ahora se amenaza que dichos conflictos podrían desembocar en una “guerra civil”.

Este escenario confuso, revuelto, es el resultado de cinco siglos de despojo por parte de los que se adueñaron de estas tierras. Ahora, como suceden en otras partes del continente, se acusa a las comunidades en búsqueda de la recuperación de su territorio ancestral de “invasoras” y de no respetar los títulos de propiedad privada, individual, creados por el Estado colonial moderno. Habría que recordar quiénes fueron los invasores primeros, con sus modernas formas de construir una política y una economía de concentración inimaginable de tierra y riqueza. Frente a esto, el PLMT tiene ancladas sus raíces en la historia previa a la instauración del Estado independiente, emana de la lucha justamente contra la conquista:

Este 2 de septiembre cumplimos 17 años de haber retomado las vías de hecho para luchar por la tierra, una lucha que tiene raíces en 1538, cuando nuestro pueblo decide declararle la guerra a los invasores. Los invasores se apoderaron de nuestra tierra y nos desplazaron hacia las montañas, los invasores hicieron del despojo una forma de vida, el cómo de su civilización, y hoy tienen en su poder las tierras más fértiles y tienen documentos que prueban que son propietarios y son un poder organizado que mueve los hilos de la política y la economía y la justicia y los medios de comunicación en Colombia para mantener los documentos al día y explotar más y más la Madre Tierra hasta quitarle la piel y chupar su sangre y escarbar en sus entrañas y a esto le llama progreso, desarrollo. (No nos vamos: esta es nuestra casa para vivir y luchar II, PLMT).

Desde los procesos independentistas frente a la Corona española hasta el actual avance extractivista en nombre del “Desarrollo”, en general las élites no han cedido un metro de tierra por caridad o benevolencia. Al contrario, desde la independencia y la abolición de la esclavitud, han desarrollado nuevas estrategias para despojar de tierra a las comunidades indígenas primero y luego también a las afrodescendientes asentadas en el valle geográfico del río Cauca, arrinconándolas en las laderas o en cascos urbanos a la orilla de los cañaduzales. Al abolir la esclavitud, instauraron el sistema del terraje3 para seguir explotando a las comunidades indígenas y afros. Alambraron y se adueñaron de tierras comunitarias, teniendo la ley de su lado. Al inicio del siglo XX, el capitalismo agrario se intensificó en el Valle y muchos pequeños propietarios perdieron sus tierras frente al latifundismo de la caña y el ganado. Sus opciones para sobrevivir eran la migración a las ciudades o vender lo único que les queda, su fuerza de trabajo, para seguir viviendo arrinconados.

Pareciera que el destino “natural” de ese inmenso valle es el monocultivo de caña de azúcar, única posible fuente de desarrollo económico. Monocultivo, desierto verde que se extiende sobre cerca de 400 mil hectáreas en el suelo que alguna vez fue un Bosque Seco Tropical y que hoy gasta 25 millones de litros de agua por segundo.

El desarrollismo, que goza de perfecta salud en gobiernos tanto de derecha como de izquierda y que sirve de excusa para justificar tanto despojo, busca defender la propiedad privada frente a otras formas de redistribución de la tierra, así como de otras formas de habitar estos territorios.

Ante la agenda del desarrollismo, las acciones concretas del PLMT surgen desde el ser nasa. Se trata de liberar la Madre Tierra que hoy se encuentra esclavizada por la industria cañera. Por eso las comunidades entran a las fincas y organizan mingas (tequios, trabajo colectivo) de corte de caña. Erradicar el inmenso monocultivo de caña es una parte de la Liberación, pero el trabajo continúa en ejercicios en minga de largo aliento para generar alimentos y también para que se vaya recuperando el monte, vuelvan a crecer los árboles, brote el agua, regresen los animalitos que también fueron desplazados. Se siembra maíz, yuca, plátano, frijol, huertas y también se pastorea ganado, que ayuda arrancando las raíces recias de la caña para que no vuelvan a brotar con la siguiente lluvia. La Liberación es un espacio de defensa de la vida, donde desde lo cotidiano los mayores y mayoras van hilando lo que saben con prácticas actuales.

Hasta la fecha se han realizado cinco Marchas de la Comida, que es como le llaman a la práctica de ir a los barrios más marginados en las grandes ciudades, donde viven todas aquellas personas que han sido víctimas del desplazamiento forzado por la guerra o la pobreza, para compartir lo cosechado en tierra liberada. Estas cosechas son las que se salvan de los múltiples ataques del Esmad que, en cada intento de desalojo, destruye los cultivos.

Volver a tejer la memoria ancestral de los alimentos propios, de su cuidado, de la forma en la que se producen, no es tarea fácil por el quiebre que la colonial modernidad ha tenido en la memoria y en las formas de vida. Lo mismo pasa con la tierra: cansada, erosionada después de tantos años de recibir todos los paquetes tecnológicos de la Revolución Verde para la caña. Ante estas realidades, se han lanzado campañas como la de las abejas y semillas, que es un esfuerzo calculado a 200 años para que vuelvan las abejas nativas y se resguarden las semillas propias.

También se han realizado tres Encuentros internacionales de Liberadoras y Liberadores de la Madre Tierra, donde se han reunido personas, colectivos y organizaciones de todo el país y del mundo para conversar, tejer luchas e intercambiar prácticas para que desde cada rincón del mundo se siga liberando la Madre Tierra. Así se avanza, sin prisa, pero sin pausa.

Con estos pasitos, pero sobre todo con la fuerza y la determinación que les ha permitido no ser desalojados en los más de 400 intentos violentos por parte de distintas fuerzas represivas, estatales y paraestatales, la Liberación se mantiene y avanza llevando a la acción y al reverdecimiento, lo que ningún Estado ha cumplido nunca. Ni cuando ha habido sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), como la que jamás se ejecutó después de la masacre de veinte compañeros y compañeras en la finca “El Nilo” en 1991. Ningún gobierno ha cumplido hasta la fecha con dicha sentencia de la CIDH. Tal vez ése sería un mejor punto de arranque para una Reforma Agraria y no las 48 horas para los desalojos.

De forma paralela a la represión directa por las fuerzas del Estado, las élites de terratenientes e industriales también financian y atizan el fuego del “conflicto interétnico” y lo plantean como una posible causa de una “guerra civil” entre indígenas, afrodescendientes y campesinos por la tierra. Todo esto dentro de un contexto violento de por sí por las distintas fuerzas paramilitares, de mercenarios y narcotraficantes no sólo disputándose el control territorial, sino también disparando contra la comunidad liberadora, como ocurrió en Chimán el pasado 24 de septiembre, donde un ataque paramilitar dejó 10 liberadores heridos. Ciertamente, la estrategia de sembrar rencor entre las comunidades y dividirlas no es nueva, como tampoco el armar paramilitares para atacar procesos de lucha. Sin embargo, lo que se busca en este caso es legitimar ataques contra el PLMT con golpes mediáticos. Por eso es importante hacer del conocimiento público que las fincas en proceso de liberación son de terratenientes, no de comunidades afrodescendientes y campesinas:

Ahora sembraron la mentira que le estamos robando la tierra a nuestros vecinos de las comunidades afrodescendientes que viven arrinconadas en las orillas de los cañaduzales: lo que podemos decirles con toda certeza es que el documento de las 24 fincas en proceso de liberación figuran a nombre de Incauca, el más grande propietario, y de otros terratenientes, o su tierra está arrendada a Incauca u otros ingenios procesadores de caña para azúcar o agrocombustibles. (No nos vamos: esta es nuestra casa para vivir y luchar II, PLMT).

En un escenario más amplio, el de la devastación de nuestra casa común, la Madre Tierra, dentro de lo que algunos llaman el Antropoceno, Capitaloceno o Plantacionceno, resistir a estos desalojos y seguir liberando la Madre Tierra es vislumbrar en acciones concretas otras formas de habitar, comer, tejer, sanar. Esto implica repensar (y actuar en consecuencia) preguntas más profundas: ¿Qué significa una Reforma Agraria en medio del calentamiento global en el siglo XXI? ¿Tierra para quiénes y para qué cuando bien sabemos que la biodiversidad del planeta, que las posibilidades de vida como la conocemos es lo que está en juego? En este escenario, es inadmisible defender o promover el latifundio y cualquier monocultivo en nombre del desarrollo económico y el bienestar social a corto plazo.

Será desde la tenacidad, la resistencia, la sabiduría y la humildad de los pueblos en su empeño de enraizarse de nuevo con la Madre Tierra, construyendo comunidad con otros seres, humanos y no humanos, que podremos “devolverle la piel y el rostro a la Madre Tierra”, como dice el PLMT.

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Notas:

* Norte del Cauca, Popayán, Cali, Bogotá, Medellín, México, Estados Unidos, Francia, Dinamarca, Alemania, Suiza, Ecuador, Argentina, Brasil

1. Esmad: Escuadrón Móvil Antidisturbios.

2. Texto disponible en: https://liberaciondelamadretierra.org/no-nos-vamos-esta-es-nuestra-casa-para-vivir-y-luchar-ii/

3. El terraje era, en palabras del antropólogo Luis Guillermo Vasco, “una relación de carácter feudal, servil, según la cual un indígena debía pagar con trabajo gratuito dentro de la hacienda, el derecho a vivir y usufructuar una pequeña parcela, ubicada en las mismas tierras que les fueron arrebatadas a los resguardos indígenas por los terratenientes”. Definición disponible en https://www.comisiondelaverdad.co/mama-silvia-lideresa-indigena. Consultado el 3 de octubre de 2022.

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