Mi abuela materna, Celerina Velasco, tenía una tienda con un portal al frente, en la entrada de Juxtlahuaca, Oaxaca, a donde llegaban los mixtecos de la montaña, procedentes de Mixtepec, Tinuma, Xiniyuvi, Cahuayasi o Xinitioco, a vender sus productos y comprar en el mercado de los viernes, lo que necesitaban.