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POR LA RECUPERACIÓN DEL PENSAMIENTO INDÍGENA. FRANCISCO LÓPEZ BÁRCENAS / 309

ENTREVISTA DE GLORIA MUÑOZ RAMÍREZ

Quien no sabe quién es y quien no piensa como lo que es está perdido. Por eso la revaloración del pensamiento de los pueblos indígenas se hace desde los pueblos”, advierte Francisco López Bárcenas sobre su reciente publicación, El pensamiento indígena contemporáneo, que compila 27 ponencias de autores de las culturas tsotsil, rarámuri, yoreme, mixe, otomí, yaqui, zapoteca, chonolteca, o’dam, ñuú savi, purhépecha, nahua, wixárika, totonaca, zoque, tseltal y maya.

El libro de 562 páginas, coordinado por el investigador mixteco de El Colegio de San Luis, se agotó en la primera quincena de su publicación, por lo que ya se prepara su siguiente impresión. El éxito, probablemente, se debe a que, como lo señaló el zapoteca don Antonio en la presentación que se realizó en Juchitán, después de leer todo el libro, “ya no había que leer a los clásicos, y que había que dedicarse a leer a los indígenas que están produciendo pensamiento para que ellos se vuelvan clásicos”. López Bárcenas completa la idea: “Pienso que también hay que leer a los clásicos porque hay que dialogar con ellos, decirles en qué nos excluyeron o qué podemos aportar nosotros a lo que ellos dijeron”.

El libro, indica el también historiador, abogado y acompañante de diversos procesos comunitarios, está tejido por “pensadores que pertenecen a pueblos indígenas y que caminan con los pueblos indígenas”. Hace esta importante diferenciación. “Históricamente el Estado ha cooptado a muchos pensadores y los llevó a la burocracia estatal. Algunos siguieron elaborando un pensamiento, pero ya no propio de los pueblos, sino matizado por las políticas de los gobiernos. Y eso sigue sucediendo en la actualidad. Hay otros pensadores a los que de plano los callaron y su pensamiento se perdió. Estamos recuperando el pensamiento, las elaboraciones que se están realizando por colectivos o de manera individual en el caminar de los pueblos”. Y se hace en una coyuntura en la que ellos están reclamando su derecho a ser pueblos, a la autonomía, al territorio, a los recursos naturales, a los gobiernos propios, a sus sistemas de administración de justicia, a sus ideas de desarrollo.

–¿A qué o a quiénes se opone el pensamiento indígena contemporáneo? –El libro no va en contra de alguien, pero encuentra que lo que afecta a los pueblos son las políticas de un capitalismo muy concreto, de desposesión, un capitalismo rapaz que no produce casi nada, que convierte en mercancía lo que habían sido bienes comunes. También están los intelectuales de los llamados gobiernos "progresistas" que ya hemos visto lo que han hecho con los pueblos indígenas. Desde el gobierno de Evo Morales, pasando por el de Ecuador, Perú, Colombia, Chile y México. En todos hay una línea de cooptar a los pueblos y subirlos a la burocracia para administrar su pensamiento.

–¿Hacia quién está dirigido este pensamiento, quiénes tendrían que acceder a él? –El libro se ha distribuido entre el público que sigue los movimientos indígenas y entre una academia que también los sigue. Pero, en primer lugar, debe ir a los pueblos. Hay otro sector importante de población mestiza que sigue sinceramente a los pueblos y que ve en ellos una opción de construir otro tipo de futuro.

 

PARA FORTALECER EL PENSAMIENTO PROPIO

La publicación se cocinó en el coloquio “Pensamiento indígena contemporáneo”, organizado por López Bárcenas en 2016, en el que treinta hombres y mujeres de dieciocho pueblos dialogaron sobre lo que significa para ellos pensar la realidad de sus pueblos y de la humanidad desde su propia óptica. ¿Cómo se está elaborando ese pensamiento?, ¿cuál puede ser la mejor forma de fortalecerlo y difundirlo?, y sobre todo ¿para qué?, fueron algunas de las preguntas generadoras del encuentro.

–¿Qué espacios ha encontrado históricamente el pensamiento indígena, por ejemplo, en los medios de comunicación? –A los medios, con muy honrosas excepciones, no les interesa, no reditúa mercantilmente. No los desdeñamos, pero no son nuestra prioridad. Si los pueblos se apropian del libro, como parece que está sucediendo, y algunos otros también, aunque no sean de pueblos indígenas, entonces está cumpliendo su función. El libro no es para venderse masivamente, sino para que lo lean quienes estén interesados en estos temas y para provocar la reflexión.

Aspiramos a que se entienda que existe un pensamiento indígena, lo que implica que hay conceptos diversos para nombrar un mismo fenómeno o una misma cosa, y que hay que ubicarlos porque si no, no hay posibilidad de diálogo. Lo de posicionar el pensamiento, que evidentemente hay que hacerlo, no es el objetivo del libro, pero en el fondo esa sería la lucha profunda.

–¿Qué consecuencias tiene el llamado “progreso” en el pensamiento indígena y su preservación en los pueblos? –Hay algunos especialistas en lenguas indígenas, como la poeta y traductora diidxazá Irma Pineda, que advierten que la preservación de la lengua como consecuencia del pensamiento indígena es importante, porque a partir de nombrar las cosas se les puede defender. Sí, ofrecen proyectos asistencialistas, pero te arrebatan lo que es propiamente tu patrimonio y lo que te permite ser pueblo, como los recursos y la cultura, hay un despojo total.

Hay que ubicarse en una etapa muy específica del capitalismo: el despojo. Este capitalismo pone en peligro la existencia de la vida y del planeta. Los programas como Sembrando Vida no siembran alimentos. Y aunque lo hicieran, ¿quién toma en cuenta los conocimientos de los pueblos sobre la tierra, las semillas, los procesos? Nadie. Los pueblos tienen que dar esa lucha porque saben que es su sobrevivencia, pero también debería ser de la sociedad.

Cuando los pueblos indígenas exponen su pensamiento, señalan que ahí hay ideas y posibilidades de cambiar las cosas, que no van a costar dinero. Lo único que queremos es cambiar el modelo, porque el que tenemos ya nos arruinó la vida, y si lo continuamos va a terminarla. La posibilidad real que tenemos en Mesoamérica y en la parte andina del continente, por lo menos, es que hay otros conocimientos para combatir el cambio climático e impulsar una verdadera autonomía alimentaria.

–¿Cómo resumirías la narrativa y práctica del actual gobierno federal con respecto a los pueblos indígenas? –Este gobierno, en muchos sentidos, es continuidad de los anteriores, por más que haya dicho que ya se terminó el neoliberalismo y que ya se entró a otra etapa. Los megaproyectos, por ejemplo, son una continuidad. Siempre he pensado que el multiculturalismo es el indigenismo en tiempos de neoliberalismo.

En materia de educación indígena, redujeron los presupuestos. En muchos casos se suprimieron los albergues donde los niños indígenas comían y dormían para poder ir a la escuela. Nos ha ido mal. Lo lamentable es que los indígenas que aceptaron puestos en el gobierno o no miran eso o lo miran y se quedan callados. Yo no tengo nada en contra de que los indígenas estén en puestos de gobierno, lo que me preocupa es que digan que defienden los derechos indígenas, como alguna vez lo hicieron fuera del gobierno, y que eso no sea cierto.

Hay una política de despojo que se sigue permitiendo.  Los yaquis, los nahuas de Puebla o los zapotecos de la Sierra  Norte de Oaxaca han ganado amparos en contra de las concesiones  mineras, de agua y de otro tipo que dieron los gobiernos  anteriores, pero lo que hace este gobierno es litigar  en contra de los pueblos que ganaron.

López Bárcenas rescata el pensamiento de Luis Villoro, Alfredo López Austin y Pablo González Casanova, entre otros, quienes se dieron cuenta que había que escuchar a los pueblos porque ahí hay conocimiento y una práctica que ha sido desdeñada por siglos, y que el capital sigue desdeñando. Por eso, insiste el entrevistado vía telefónica, “es importante la lucha de los pueblos y es importante la recuperación del pensamiento indígena”.

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