PERÚ EN EL OJO DEL TORNADO / 310 — ojarasca Ojarasca
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PERÚ EN EL OJO DEL TORNADO / 310

STELLA CALLONI

La insurrección popular en Perú, en respuesta al golpe cívico militar que tiene todos los elementos de los llamados “golpes blandos”, como la intervención de la justicia, el parlamento, los medios de comunicación, típico de la guerra psicológica aplicada en pleno siglo XXI, pero también el factor militar y la ocupación de una buena parte del territorio por bases y tropas estadunidenses, de lo que nadie habla, colocó a ese país en el ojo de un tornado, más que de una tormenta.

Este escenario debe ser observado en estos tiempos no sólo como un trágico y criminal “modelo” de los nuevos planes imperiales con respecto a América Latina, que es hoy por hoy más importante para la estrategia central del imperio y de su geopolítica continental y mundial, como un “patio trasero”, nada menos que un gran reservorio de recursos de todo tipo, donde existen las mayores reservas del mundo de productos esenciales y en los último tiempos hay que agregarle el litio, hasta más importante que el petróleo para los poderosos…

Perú es hoy un símbolo de lo que puede ser cualquiera de nuestros países ante un plan también geoestratégico del poder hegemónico como es la recolonización de América Latina y el Caribe, trazado cuando a fines del siglo pasado se escribieron los temas esenciales, como la forma de enfrentar los conflictos de los años 2000 en la región que los Estados Unidos consideraron como suya, a partir de la famosa Doctrina Monroe: América (del Sur) para América (del Norte).

La revolución tecnológica y el avance apocalíptico absolutamente “necesario” para ellos del poder imperial, apoderándose como asociado o asumiendo la dirección general (dentro también de las estrategias de guerra) de los grandes medios de comunicación en el mundo, que Europa puso a sus pies (y sus manos, por supuesto), mientras que en América Latina avanzaron tanto en la imposición de las dictaduras militares, como durante las dictaduras neoliberales, que como las brujas también existieron.

Así se apropiaron del “relato” de la América Latina, siempre resistente, para acabar con nuestras culturas y favorecer la anulación de las identidades y la desconcientización masiva de los pueblos a un nivel nunca visto. La imagen que quieren lograr precisamente es la de los zombis originales, los que caminan vaciados de sus conciencias, anulado el lenguaje por otro de monosílabos, un vaciamiento cultural sobre el que nos advirtió, desde el siglo pasado, el líder revolucionario cubano, el comandante Fidel Castro Ruz de Cuba, cuando nos llamaba a librar la batalla cultural, tan necesaria para descolonizar y resistir… Ver a Perú desangrarse en estos días es precisamente lo que quieren hacer con cada uno de nuestros países.

Estamos viendo en estos momentos también la capacidad de resistencia de nuestros pueblos, cuando vemos avanzar, aún muchas veces, y lamentablemente, con escasas dirigencias en estos tiempos, cuando ya la espontaneidad poco puede sostenerse contra semejantes poderes.

El Perú insurrecto que el ex canciller Héctor Bejar, el primero que nombró en ese cargo el presidente hoy ilegalmente destituido y detenido desde el pasado 7 de diciembre Pedro Castillo, dijo que los levantamientos que surgieron en el país profundo desde los primeros momentos de ese mismo día y continúan hasta hoy con las movilizaciones eran una sublevación insurreccional popular. Se considera que una de las primeras debilidades de Castillo fue separar a Bejar, un respetado sociólogo, catedrático, escritor, como una concesión a quienes comenzaron el golpe desde los primeros días de su asunción al gobierno y lo obligaron a cambiar el gabinete.

Luego obstaculizaron todas sus medidas, las mejores, las más populares y las más soberanas, con otros cambios de gabinete, lo que debilitó aún más a Castillo ante ese poder que también está bajo el dominio de otros poderes mayores, que avanzan sobre nuestro continente cuando están en decadencia, lo cual los obliga a caminar como un elefante en la vitrina (frase muy conocida pero útil en estas circunstancia donde todo sirve, salvo la inmovilidad y la indiferencia).

Las protestas y movilizaciones cada vez mayores llegaron el pasado 20 de enero a una Lima cercada, vallada, enrejadas las plazas, mientras el país profundo continuaba ardiendo y los manifestantes que no caminaron hacia la capital estuvieron en cada lugar del país manteniendo la sublevación, sin armas, como lo están haciendo, a pesar de que el 25 de enero llevaban más de 60 muertos (asesinados), entre los que hay niños y adolescentes, e incluso estas cifras como los miles de heridos son consideradas bajas ante la brutal represión, incluso en zonas muy alejadas, por lo que los organismos de derechos humanos más independientes, muy pocos por cierto en ese país, estiman que no responden a la realidad de lo que está sucediendo en el otro Perú.

La tristemente conocida Organización de Estados Americanos (OEA) y las propias Naciones Unidas y otros organismos internacionales creados para defendernos en estas circunstancias, mandan veedores que no ven nada o todo lo contrario, los asesinados y miles de heridos, que supone miles y miles de hogares golpeados, cuyos familiares piden a gritos que los escuchen sus ilegales autoridades, pero no tienen respuesta.

En medio de esto no podemos confundirnos con el tema de la ex vicepresidente de Castillo, Dina Boluarte, supuesta “defensora de humildes”, quien traicionó al pueblo que la eligió y no por ella sino por acompañar al dirigente de maestros rurales que llegó a la presidencia.

Cada vez más crecen las protestas y gracias a Boluarte nos enteramos que los trabajadores, los campesinos, las comunidades indígenas y otros son todos “terroristas” muy originales, porque no traen armas de ninguna clase, salvo que al ver los rostros del pueblo reprimido, hambreado, saqueado, “horrorice” a los que reprimen, hambrean y saquean, la antipatria digamos.

Estos pobladores invisibilizados pero insurrectos visibles de Perú tienen sus sindicatos, que el pasado 20 de enero convocaron al paro indefinido bajo la consigna de pedir la inmediata renuncia de Boluarte, el cierre del congreso, el llamado a elecciones y a escribir una nueva constitución, para acabar con las envejecidas, caducas, a veces criminales constituciones de un pasado que ya no debe volver.

Los esperaron policías pertrechados, armados, preparados “para abollar ideologías” (gracias Mafalda y Quino) que hasta podrían ayudarlos a ellos mismos a volver a su esencia humana. Más muertos y más amenazas. El gobierno ilegal y dictatorial de Perú declaró con el paso de los días el estado de emergencia en tres regiones, dos provincias y un distrito del país.

La medida comenzó a regir desde el 15 de enero pasado y “por un término de 30 días, y tendrá efecto en los departamentos de Puno, Cusco, Lima, en la provincia constitucional del Callao, en la provincia de Andahuaylas del departamento de Apurímac, en las provincias de Tambopata y Tahuamanu del departamento de Madre de Dios, en el distrito de Torata, y en la provincia de Mariscal Nieto del departamento de Moquegua”.

Además, “la Policía Nacional del Perú mantiene el control del orden interno, con el apoyo de las Fuerzas Armadas”, como señala el decreto, mientras Boluarte ordenó la inmovilización social obligatoria (toque de queda) en Puno, que entrará a regir el próximo 25 de enero. Eso supone que todas las personas deberán permanecer en sus domicilios desde las 8:00 p.m. hasta las 04:00 a.m.

 

Estamos asistiendo a la represión desmedida y desesperada del poder que nadie les ha conferido. Pero al pedido de renuncia a Boluarte hay que agregarle la renuncia de los parlamentarios golpistas. El principal operador de la trama golpista que preside el Parlamento es el general retirado José William Zapata, ex jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas de Perú y representante de la agrupación derechista “Avanza País”, que en las últimas elecciones apoyó a la también golpista Keiko Fujimori. “En el año 2006 Zapata fue acusado de graves acciones de corrupción y en 2021 de encubrir la masacre de Acomarca (1985), donde fueron asesinados 69 comuneros, y también figuran sus antecedentes señalados por la propia Administración del Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos cuando era jefe militar de Piura (2004-2005), vinculado a importantes cárteles, especialmente de México”, escribió el periodista e investigador Carlos Fazio en el diario La Jornada de México.

También están en esa lista los Ministros de Defensa Jorge Chávez Cresta y del Interior Vicente Romero Fernández, además de haber descubierto los planes de los altos militares peruanos implicados en el golpe, que en realidad comenzó en julio de 2022 poco después de asumir Castillo, todos entrenados en su país por las fuerzas especiales del Comando Sur en las bases militares de Estados Unidos y sus Centros de Operaciones Especiales en territorio peruano, que suman hasta un número igual o superior a lo existente en Colombia. También funciona un laboratorio de Estados Unidos en los predios de un hospital de la Marina peruana (no olvidar los 30 de guerra bacteriológica en Ucrania). Todo esto comprobado y en plena actividad.

 

RASTROS DE UN PASADO

Lo que está sucediendo en Perú nos obliga a mirar hacia el otro país cuya cultura e identidad fueron diezmadas, imponiendo un racismo brutal, discriminaciones, injusticias, en un escenario de crímenes de lesa humanidad, de lo cual está acusado el ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000) y sus funcionarios más cercanos. Hay una larga lucha, de la que tampoco se habla, y es la cultural.

De ese Perú nos han hablado los grandes escritores peruanos, los que rescataban el orgullo de descender de los incas, una de las civilizaciones más avanzadas cuando llegaron los mal llamados “conquistadores” del imperio español. Uno de esos escritores reconocido universalmente fue José María Arguedas, quien convivió en comunidades de pueblos originarios ganando su respeto y su confianza, conociendo el quechua como el idioma de su niñez, tratando de rescatar un mundo de profundidades que la oligarquía peruana había condenado al apartheid. Se trataba de unir aquel mundo al de los criollos, como hicieron otros grandes escritores peruanos, entre ellos Manuel Scorza en sus libros Garabombo el invisible o Redoble por Rancas y tantos otros intelectuales del nivel de los anteriores como José Carlos Mariátegui, recuperado como nunca en estos tiempos, imprescindible para entender la realidad colonial de Nuestra América, enmascarada en presuntas “democracias” en nuestros países dependientes del poder imperial. También para partir de esa situación hacia una descolonización, una tarea muy difícil que sólo puede suceder en un proceso de liberación. Esto se puede dar de diversas formas de acuerdo a la estrategia definida en las circunstancias actuales. Como Estados Unidos nos encierra a todos como “su patio trasero”, la respuesta emancipatoria puede darse con la unidad de todos y la organización.

 

OTRAS HUELLAS

Qué lejos también esta Perú del mejor pasado en el siglo XX, cuando en este siglo XXI las mafias digitadas por Washington han ganado el poder y sólo quedan algunos escasos seguidores entre aquellos que acompañaron al gobierno del general Juan Velazco Alvarado, quien protagonizó el golpe de Estado revolucionario el 3 de octubre de 1968 y gobernó hasta 1975, fecha en que otro general pro Estados Unidos, Francisco Morales Bermúdez, dio un golpe de Estado para imponer una dictadura.

Se destruyó entonces todo y destruir todo lo construido por Velazco Alvarado, es decir recuperar todo lo que le pertenecía al Estado de Perú cuando desarrolló lo que se llamó la revolución peruana, aplicando la Reforma Agraria ante tanta injusticia y el Plan Inca recuperando las empresas estatales, nacionalizó la banca, y otros en busca de la soberanía política y de lograr la independencia de Estados Unidos que hasta hoy nos domina, salvo Cuba, que resiste desde hace más de 60 años.

En política exterior también giró en 180 grados hacia una posición antimperialista definida formando parte de los gobiernos militares nacionalistas en la misma época en que gobernaron Panamá (Omar Torrijos, 1968), Bolivia (General Juan José Torres, 1971) y también en Ecuador y Honduras, caracterizados por ideas progresistas de justicia social, independencia económica y política y el antimperialismo, es decir el anticolonialismo. Muchos militares lo acompañaron y varios de ellos debieron salir al exilio por defender los derechos del pueblo peruano y la soberanía e independencia.

El silencio sobre lo que hay detrás de este golpe es criminal. Y más aún el de los organismos internacionales, como lo es permitir un día más que se continúe masacrando al pueblo. Perú es el espejo de lo que intentan hacer con todos nuestros países. Necesitan controlarnos ellos mismos de cerca. Perú es estratégico para Estados Unidos y la OTAN, por sus fronteras con tantos países, pero especialmente por el Pacífico Sur. Desde hace años Estados Unidos utiliza los puertos del Pacífico como centros operativos para abastecer sus navíos. Por eso también se agrega ahora el regreso de la guerra “fría”, que incluye no sólo los viejos intereses de Estados Unidos en la región, sino ahora la ocupación estratégica de los Oceános Atántico y Pacifico, este último en su guerra contra China, de lo que hay mucho más para hablar.

Por hoy en Perú estamos viendo el temible nuevo “modelo” y el por qué nos han declarado una guerra híbrida, de baja intensidad, guerra contrainsurgente y de cuarta generación (psicológica) a todos los países de América Latina, de lo que muchos gobiernos parece no haberse enterado nunca, y de esto se defienden nuestros pueblos, que luchan ya no sólo por su sobrevivencia, que sólo podrá asegurarse por un proceso liberador y descolonizador y acabar con las supuestas “democracias liberales” que enmascaran la dominación y el saqueo. Es la hora de América Latina y el Caribe. Somos el continente de la eterna resistencia y el siglo XXI será nuestro siglo.

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Publicado en Club Argentino de Periodistas Amigos de Cuba (CAPAC), enero de 2023.

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