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ABRAHAM CASTELLANOS (1871-1918) FILÓSOFO Y EDUCADOR OAXAQUENO. PRECURSOR DE LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL EN MÉXICO

JUAN CARLOS SÁNCHEZ-ANTONIO

Muchos hablamos de interculturalidad y la importancia del diálogo entre culturas para resolver conflictos sociales. Pero la mayoría de nosotros ignoramos que hubo un pensador oaxaqueño, originario de Nochistlán, Oaxaca, que fue uno de los primeros en plantear la interculturalidad no sólo en la educación, sino en la filosofía, por lo menos 80 años antes que el filósofo indio-español de la interculturalidad Ramón Panikkar (1918-2010) y el filósofo cubano Raúl Fornet-Betancourt (1947-). Se trata del filósofo y educador Abraham Castellanos —quien nace en 1871 en Nochistlán, Oaxaca, y fallece en 1918, en Pachuca, Hidalgo—, profundamente ignorado por la historia de la filosofía de la educación en México. Vamos a hablar un poco de sus notables contribuciones en el ámbito educativo y filosófico.

Hoy la Nueva Escuela Mexicana (NEM) que propone el gobierno de Andrés Manuel López Obrador recupera el término interculturalidad en la educación, así como otros conceptos como ecología de saberes, descolonización y saberes comunitarios, sin que ninguno de los intelectuales que redactaron el documento pudieran mencionar, en ningún momento, a Abraham Castellanos, precursor de la filosofía de la educación que la NEM está intentando desarrollar. Así lo vamos a sostener en esta nota. Por ejemplo, muchos conocemos a otro filósofo y educador mixteco, oaxaqueño, José Vasconcelos (1882-1959), primer secretario de Educación Pública del país (1921-1924), con una amplia y rica producción en el ámbito filosófico, educativo, sociológico y estético, cuyas ideas sobre la raza cósmica, el mestizaje y la superioridad racial tuvieron un auge mayor en la educación de México. La filosofía de la educación de José Vasconcelos marcó el rumbo de la educación en el país, con una inferiorización de las lenguas y el conocimiento milenario que tienen los pueblos originarios. Muchas de las posturas educativas de Vasconcelos justifican la colonización y hacen una apología de la conquista de España sobre las culturas ancestrales.

José Vasconcelos, en su Breve Historia de México (https:// bit.ly/3pRSIE2), publicado por primera vez en 1956, expresa algunas ideas que marcaron, queramos o no, el espíritu de la educación en el país en los últimos 80 años. En su prólogo dice: “¿Existe acaso en lo indígena, en lo precortesiano, alguna unidad de doctrina o siquiera de sentimiento capaz de construir un alma nacional? […] Desde el Popol Vuh de los mayas hasta las leyendas incaicas, no hay en la América precortesiana ni personalidad homogénea ni doctrina coherente. El Popol Vuh es colección de divagaciones ineptas, remozadas un tanto por los recopiladores españoles de la conquista que mejoraban la tradición verbal incoherente, incomprensible ya para las razas degeneradas que reemplazaron a las no muy capaces que crearon los monumentos” (Vasconcelos 1956: 17). Y más adelante prosigue: “Nada destruyó España, porque nada existía digno de conservarse cuando ella llegó a estos territorios, a menos de que se estime sagrada toda esa mala yerba del alma que son el canibalismo de los caribes, los sacrificios humanos de los aztecas, el despotismo embrutecedor de los incas. Y no fue un azar que España dominase en América, en vez de Inglaterra o de Francia. España tenía que dominar en el Nuevo Mundo porque dominaba en el Viejo, en la época de la colonización” (Vasconcelos 1956: 17).

Todo el libro de Vasconcelos relata, desde los ojos de Colón, la apología de la conquista, encarnando en la cruz y en la espada de los frailes la superioridad de los primeros sobre los pueblos ancestrales, pues al destruir sus códices, sus edificios arquitectónicos y sus complejos sistemas de pensamiento milenarios, en realidad “nada destruyó España porque nada existía digno de conservarse cuando ella llegó a estos territorios” que fuera rescatado como un pilar fundamental para la educación de los mexicanos. Así en su libro más conocido, La raza cósmica (https://bit.ly/3WpOcsz), publicado por primera vez en 1925, nos dice que: “El indio no tiene otra puerta hacia el porvenir que la puerta de la cultura moderna, ni otro camino que el camino ya desbrozado de la civilización latina” (Vasconcelos 1948 [1925]: 25) y española. Además, considera el atraso de los pueblos indígenas —donde la religión cristiana hizo avanzar a los indios— y la decadencia de las culturas asiáticas por quedarse aisladas.

Caso contrario podemos encontrar en la filosofía de la educación del gran intelectual mixteco Abraham Castellanos, cuya forma de ver a los pueblos indígenas era muy distinta a la de su paisano José Vasconcelos. Examinemos brevemente sus ideas fundamentales.

Abraham Castellanos, en su libro Discursos a la Nación Mexicana sobre la Educación Nacional (https://bit.ly/3Yiz4yq) sobre la educación de los pueblos milenarios, nos dice: “Creo, señores, que es en la raza indígena donde está cifrada la futura grandeza del pueblo mexicano. La raza indígena será una raza poderosa y fuerte, si el factor de la educación, como ciencia que salva, penetra a los espíritus racionalmente […]. Los indios mexicanos fueron bastante hábiles para aproximar la cuenta cronológica a las revoluciones de los astros, como no lo habían hecho los pueblos europeos” (Castellanos 1913: 17). De esta forma, nuestro gran pedagogo reconoce el alto valor espiritual, científico y filosófico que tienen nuestras culturas originarias para una nueva educación completa, conocimiento que fue destruido por la civilización española. “Los conquistadores con su férrea mano demolieron los grandes monumentos de la civilización antigua, e hirieron profundamente los sentimientos religiosos de los naturales” (Castellanos 1913: 18).

La postura de este filósofo de la educación es muy distinta a la política educativa que configuró José Vasconcelos en el país. Para Castellanos, la educación de los mexicanos debe partir de la sabiduría de los pueblos ancestrales, de sus conocimientos y ciencias milenarias. Sin embargo, Castellanos era consciente de que una pedagogía que parte de los saberes y haceres ancestrales no es suficiente. Él lo explica de la siguiente forma al hablar de los pueblos milenarios de acuerdo “con su escritura y con su lengua hablada; mas aunque es un factor que no debemos pasar desapercibido en los estudios pedagógicos, no es el único, puesto que desde el instante en que la civilización europea es la base de la nueva sociedad, los principios fundamentales de ésta nos servirán para buscar el punto de apoyo, el más seguro para concordar el espíritu de las dos civilizaciones, y trabajar con un método científico para conseguir la unidad nacional” (Castellanos 1913: 81).

La posición es clara. Se trata de estudiar las lenguas y el espíritu de nuestras civilizaciones que, si bien no son los únicos, pueden ser el punto de partida para hacerlos concordar con los principios fundamentales de la civilización europea y buscar el punto de apoyo, el equilibrio para armonizar el espíritu de las dos civilizaciones, y trabajar con un método científico para conseguir la unidad intercultural entre ellas. En este sentido, Castellanos enuncia que “los maestros inteligentes y sabios deben de conocer los […] principios pedagógicos puramente teóricos [pero también] la etnología propia de los pueblos a los que va a aplicar la enseñanza […]. Los conocimientos etnológicos aprovechables son la literatura propia de la raza […], debemos estudiar leyendas locales, asuntos de su antigua religión, [el] arte de los antiguos indios así como en los libros sucesivos deben aplicarse principios de la ciencia y del arte de las civilizaciones pasadas” (Castellanos 1913: 83-84).

No puede haber pedagogía únicamente desde el conocimiento de la civilización europea, sino también desde una pedagogía etnológica que aprende y convive con la sabiduría de los pueblos ancestrales; se trata, en el mejor de los casos, de una pedagogía intercultural, que hace dialogar/ concordar desde la educación los principios filosóficos de las antiguas civilizaciones mesoamericanas y los principios filosóficos de la civilización europea. Se trata de una educación intercultural que debe tomar como elemento fundamental el pasado y el espíritu de las antiguas culturas milenarias, sus sistemas de pensamiento, arte y ciencia, como punto de anclaje para hacerla converger/concordar con la ciencia occidental (y las otras culturas del mundo). Además, él mismo reconoce que dicha filosofía de la educación que se desprende del espíritu de los pueblos es profundamente ecológica, en la medida que poseen una “Filosofía fundada en la Naturaleza” (Castellanos 1913: 19), en la vida y en la comunidad.

Una educación ligada al campo, a la naturaleza, inculcando el respeto hacia las plantas, los árboles, el agua, los ríos, la tierra, es una enseñanza que fomenta valores de respeto y armonía con la tierra y la madre naturaleza. “¡Hermoso es el campo florido en la Primavera; pero más hermoso parece el huerto donde la mano del hombre hubo trazado el surco, donde con método creció la planta para mostrar al sol sus doradas espigas!” (Castellanos 1913: 46). En este sentido en las comunidades rurales, pero también las urbanas, “lo racional, lo natural es que el maestro apoye en la siembra, cultivo y mejoramiento de plantas y en este sentido debe ayudar e involucrarse” (Castellanos 1913) en los trabajos. Tomando en cuenta los saberes y haceres ancestrales el “maestro de escuela, con la observación y el análisis, escogerá su material de educación adaptándolo a la naturaleza de la raza” (Castellanos 1913: 119), de acuerdo a la particularidad de las regiones y las comunidades. Nuestro pedagogo y filósofo dice: “Con la ciencia por base, nutrir a los futuros maestros con la Historia y la Etnología […]. Esa historia que pone de manifiesto la potencia intelectual de las razas, la que señala la delicadeza de sus sentimientos y la energía indiscutible de su carácter, que en nada tiene que envidiar a los más notables estoicos de la antigüedad, ni a los más tenaces alemanes de la civilización moderna. Todos estos elementos tienen que fundirse en la pedagogía mexicana si pretendemos una educación genuinamente nacional” (Castellanos 1913: 121).

Como podemos ver, Abraham Castellanos en 1913 anticipó por varias décadas la filosofía intercultural de Raúl Fornet- Betancourt (1994, 2007) y la educación intercultural que promueve la NEM, sin reconocer los planteamientos iniciales de la filosofía y la educación intercultural en Abraham Castellanos. Sólo después de casi un siglo, la NEM intenta revertir el espíritu educativo de José Vasconcelos, para resucitar, sin saberlo, la filosofía de la educación intercultural de Abraham Castellanos.

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Juan Carlos Sánchez-Antonio, filósofo y educador zapoteco. Es coordinador del Doctorado en Educación, Arte y Cultura inscrito en el Sistema Nacional de Posgrados del CONAHCyT en el ICE-UABJO.

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