OJARASCA CUMPLE 37 AÑOS
El Suplemento Ojarasca en La Jornada se abre a ese sentir la tierra que caracteriza a los pueblos que la habitan y trabajan: originarios, campesinos, jornaleros de temporada en tierra ajena (pero tierra), defensores, policías y ejércitos comunitarios. A los estudiosos de sus riquezas, peligros, luchas a que obligan su cuidado y su defensa: periodistas, activistas, organizaciones independientes, académicos. Al retrato de los movimientos sociales y autonomías, sus rostros individuales. También de sus paisajes, fauna, vegetación y formidables vestigios de civilizaciones pasadas. A la palabra originaria que todavía sabe a hierba, a humo, a tierra.
Hace 30 años, para nacer, el Congreso Nacional Indígena (CNI) recorrió el sur de México y llevó al centro la vibración de la insurrección indígena de Chiapas iniciada dos años antes. En una posterior marcha se denominarían los pueblos del color de la tierra.
El que nazca y el que muera pertenecerá a la tierra. De ella viene, de ella come, en ella ama y sufre, por ella resiste, bajo ella descansa y se disuelve. Las mujeres que buscan lo hacen en la tierra. Los que aran, los y las que marchan, se rebelan, celebran y determinan los destinos comunitarios. Los que pastorean o patean un balón, corren descalzos por las sierras. Los voladores que descienden como ángeles, como águilas. Quienes moldean con su barro cazuelas, ollas y comales. Roturan con bueyes, la abren con la coa, la podan con el machete. De su mano sentimos la tierra.