RECONOCER Y ENTENDER LAS VICTORIAS
Para el ánimo, la historia y la vida en adelante es necesario reconocer y entender las victorias. Esas largas resistencias que pueden incluir la criminalización, la difamación, el castigo corporal y carcelario, la traición, el desplazamiento, la muerte. Que los años corran es importante en todo proceso que se toma en serio y está dispuesto a los malos ratos en el camino a la liberación, el triunfo, el retorno. En un panorama nacional y continental de extremo desasosiego para los pueblos originarios, para los migrantes y las clases trabajadoras, tenemos en México algunas luchas triunfantes, incluso por el mero hecho de seguir vigentes por una, dos o tres décadas.
Después de 32 años, el movimiento rebelde del Ejército Zapatista de Liberación no ha sido derrotado y los compas en las montañas de Chiapas han logrado existencias autónomas, dignificadas y libres. La autonomía territorial de Cherán lleva 15 años y sigue en pie; los p’urépechas detuvieron el saqueo de sus bosque y emprendieron nuevos rumbos para la comunidad. Una tercera experiencia es la defensa de Wirikuta.
En estos días se conmemora la gran represión en San Salvador Atenco. Son ya 25 años de lucha. Los procesos suelen ser contradictorios, fluctuantes, impredecibles, pero nunca derrotados mientras la lucha misma no se rinda. Esto enseña la experiencia del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra.De modo equivalente, la joven escritora Adamary García Fernández expresa en su testimonio de infancia campesina en las montañas de Puebla: “La verdadera riqueza nunca estuvo en lo que llevábamos para comer, sino en el amor que nos reunía bajo el mismo sol. Tal vez no éramos ricos en dinero, pero éramos —y seguimos siendo— inmensamente ricos en vida”.