ACÁ LOS PUEBLOS SIGUEN Y SIGUEN Y SIGUEN
De alguna manera, los contenidos escritos y visuales que nos honra publicar mes con mes en este Suplemento Ojarasca en La Jornada ilustran, demuestran y documentan que los pueblos originarios y campesinos de México y el continente han sido maestros de la continuidad y las diversas formas de resistencia. Incluso la resistencia inmunológica, pues a las enfermedades infecciosas se atribuye la altísima mortandad de la población originaria de América a la llegada de los invasores españoles. En el Caribe significó su extinción de todas las islas, para ser sustituída por “indígenas” de origen africano y piel muy oscura, en quienes cayó la maldición de la esclavitud. A sus antecesores, las epidemias se la evitaron.
En tierras continentales, ya lo mencionaba Bernardino de Sahagún en el XVI, más que la guerra armada, lo que arrasó con las poblaciones originarias fue la guerra biológica de virus y bacterias para los que carecían de memoria inmune. O los datos mienten, o resulta un portento la persistencia hasta hoy de tantas decenas de pueblos, naciones o tribus, y sus lenguas.
Iniciamos 2026, no con más de lo mismo, sino con más de lo otro, lo que no cabe bien en la información y divulgación académica y gubernamental. Las experiencias específicas de resistencia y creatividad cultural, agrícola y comunitaria entre los pueblos del color de la tierra con antigüedad milenaria y actualidad intensa. Sabores y saberes, mitos, memoria, colores y palabras, en cada una de las muchísimas lenguas de por acá, confirman que la vida sigue y sigue y sigue.