LA SOBERANÍA EN UN NUDO / 334
La soberanía nacional que se encuentra en un nudo al que la ataron los entreguismos en cadena del ciclo PRI-PAN-PRI, enfrenta ahora una alharaca imperialista que puede tener, está teniendo, efectos a dosis inusuales. Alarmantes. ¿Cuándo fue la última vez que Estados Unidos amenazó con invadir México? Palabras más, palabras menos. Y lo ha cumplido. El costo de ser vecinos de los patrones esclavistas que pergeñaron el (su) “destino manifiesto” ha sido elevado: sangre, territorio (inmenso territorio: EU no ha robado tanto a ninguna otra nación), pagos de “reparación”, batallas tristes y heroicas, capitulaciones decorosas o no, represalias, expediciones punitivas, operaciones encubiertas, imposición de “sus” minas y yacimientos en territorio nacional, colonización cultural y consumista.
Nuestra historia independiente está condenada a la contigüidad con el imperio que inició su carrera a la cumbre a costillas de territorios de la soberanía mexicana, que para colmo quería imitarlo: también somos Estados Unidos, sólo que Mexicanos desde el comienzo.
Nos guste o no, mexicanos en ambos lados de la frontera, los más de cien millones que somos, estamos ahora piense y piense la vieja pregunta del qué hacer. La gesticulación imperial acapara los megáfonos planetarios. Su pretendido alcance ya cayó sobre Palestina. El presidente de la Casa Blanca actual anunció una deliciosa “Riviera” mediterránea sobre el cadáver de Gaza, en cumplimiento de la más meticulosa y milimétrica limpieza étnica en la historia moderna. Cumplirá, con Israel, el tímido laboratorio de las Guernica y Lídice a escala de una entera nación. ¿Cabe mayor éxito de una “solución final”?
Tras sus huellas mundiales, pendenciero contra sus aliados y adornado de pilón por varios gobiernos falderos en América Latina, tiene la mira puesta, en primer lugar, en México. En cualquier cosa, ahora que el rey dorado de las ocurrencias que gobierna allá ha mostrado ser inmensamente redituable en votos populares y oligárquicos, abierto a la mera masa del negocio, y lo demás va por añadidura. Vamos, dijo el otro. Con él se instala una pandilla de multimillonarios asquerosamente empresarios (¿o se dice al revés?) que apuntalan al cabecilla actual de la mayor máquina de matar en el planeta.
¿Mercados Libres, o aranceles arbitrarios? ¿Tratados? ¿Entre iguales? ¿Diálogo sincero? ¿Respeto a otras naciones? Incautamiento de la propiedad ajena. Campos de Concentración. La “agenda” de Washington tan sólo se agudizó, como en los sueños húmedos de los Samuel Jackson, Teddy Roosevelt, Kissinger, Bush-Cheney. Del propio Donald Trump. La incapacidad de reprimir las pulsiones malvadas y además disfrutarlas, revela una codicia patológica grave y sumamente peligrosa.
Así que la razón de Estado en México debe ampliarse hacia adentro y hacia abajo, aceptar sin reticencias ni oportunismos la soberanía territorial de los pueblos originarios, que anteceden a la Nación y forman parte de ella por más que siglos y constituciones los hayan negado, minimizado, o simplemente utilizado para fines no siempre en beneficio de los propios pueblos, responsables legítimos de la tierra y los recursos de sus territorios. Eso enseñan los movimientos indígenas y campesinos, con el catalizador de la propuesta rebelde zapatista, manifestada en el arranque del ciclo que llamamos “neoliberal” pero que es sencillamente capitalista y centralista. Los zapatistas anunciaron que esto ocurriría. Como dijera Julio Cortázar: “Ahí te quería ver”.
A partir de lo que hagamos los mexicanos, y dónde pongamos las prioridades, sabremos hasta dónde llegan la hostilidad yanqui y nuestra capacidad de resistencia. Sólo asumiendo que México es muchos Méxicos tendremos fuerza de raíz y proyección viva. Latinoamérica, tan balcanizada ahora, nos necesita. La barrera debe ser en las dos direcciones para que no nos hagan llorar de nuevo con el “No pasarán”.