DE ITUNDUJIA A LA INSURGENCIA
Huajuapan, Oaxaca, octubre de 2025
Editorial Petricor, 2025
Empecé a leer el libro Wenceslao José García. Un revolucionario surgido del Ñuu Savi, escrito por el ñani Francisco López Bárcenas, en una noche de desvelo, bajo la lluvia de octubre y con algunas tazas de café. La portada del libro remite a la última fotografía del preso político 323352, quien después de 50 años sigue desaparecido. El rostro delgado, cabello negro, peinado, sereno, mira fijamente a la cámara. ¿Con rabia, impotencia, frustración? O quizás con la resignación de no haber cumplido el deber y caer en las garras del enemigo. Estaba preso y sometido a proceso penal y posteriormente desaparecido por el Estado mexicano.
El ñani Francisco desarrolla en cinco capítulos la historia de este revolucionario. Entrelaza la historia y la crónica; el testimonio y el trabajo documental en archivos; la revisión historiográfica de textos escritos sobre la guerrilla en la década de 1960 y décadas recientes; incorpora fotografías, documentos personales y datos que compara con otros investigadores y estudiosos del tema.
López Bárcenas nos remite a conceptos desde la lengua y la cultura del Ñuu Savi. Nos ubica en el espacio social y el territorio donde se gesta la lucha de Wenceslao José García, un Tá Savi, hombre de la lluvia, de Itundujia, Oaxaca, que hasta hace poco estaba ignorado, en el silencio. Con esta obra surge su nombre de las tinieblas y el inframundo del olvido y la memoria. Nos recuerda a todos aquellos que fueron olvidados, desaparecidos y quedaron en el camino por la justicia y libertad.
El rebelde o revolucionario no nace. Se hace a partir de una realidad social concreta y condiciones objetivas; de las injusticias, miseria, la falta de democracia, la violación a los derechos humanos, el autoritarismo del poder, la violencia del Estado, como sucedía en esa época. Basta con dar una ojeada con las luchas históricas en el Ñuu Savi, bastión histórico de sendas hazañas de gloria escritas por el pueblo. ¿Qué fue lo que movió a este hombre de la lluvia a inmiscuirse en la lucha insurgente? Nació en un pequeño pueblo. Entre la ocotera, los encinos, los manantiales y el territorio de vida. ¿Por qué quiso ofrendar su vida por un país y mundo mejor?
En el proceso de formación de Wenceslao coincide la fuerte tradición comunitaria como lo fue su formación básica en la niñez y adolescencia. Ser hombre o mujer de la lluvia implica principios como el respeto, honrar la palabra, el servicio comunitario, el trabajo familiar y colectivo que otorga un nombre, rostro y membresía en la comunidad. Es participar en la fiesta, la siembra de la milpa, conocer las creencias, costumbres y cosmovisión. Conocer el territorio, la historia a través de las narraciones de los ancianos. Fue así como Wenceslao se enteró que José María Morelos estableció su campamento en los cerros cercanos de su natal Itundujia en la época de la Independencia. Ese contexto forjó, nutrió y aleccionó a Wenceslao. Además del frío de la Sierra, el hambre en el estómago, la falta de servicios básicos, el extenuante trabajo, y una y otra vez la misma historia de derrota de los pobres, los de abajo. Los valores comunitarios que asumió lo forjaron como persona y posteriormente los aplicó en su militancia política revolucionaria posteriormente.
Desde su nacimiento, asistido por parteras, posteriormente las confusiones con su nombre, las fechas y los vericuetos de su nombre oficial marcaron el andar de Wenceslao. Era la década de 1960 y la desigualdad social latente. Cuando ser indígena y oriundo de un pueblo originario era —y aún es— ser presa del racismo y la exclusión social.
Su peregrinar fue de Itundujia a Chalcatongo. En la primaria, por sus cualidades y disciplina escolar fue a saludar al presidente Gustavo Díaz Ordaz. Ingresar a la normal le dio lecciones y gradualmente la “toma de conciencia” con la lectura de libros rojos, prohibidos y censurados. Pero el trasfondo es que se asume y provenía de un sector. El de los olvidados, los negados, los nadie, los sin rostro, los excluidos, los que no aparecen en la historia, los que no figuran en las estadísticas, más que referencia de atraso, números en la miseria, pero para su gente y comunidad sí existen como héroes comunitarios, en la memoria.
No importa el nombre, seudónimo, sobrenombre o apodo. Lo importante, la lucha, el objetivo, el silencio, la clandestinidad, el estudio, la disciplina y cambiar el orden social. De la escuela normal dio un salto cualitativo a la incorporación a la guerrilla. La derrota del movimiento por la defensa de la escuela donde estudiaba lo alentó más. Los contactos con miembros del Movimiento Armado Revolucionario y la Liga Comunista 23 de Septiembre lo hicieron tomar “conciencia” y derivó de la lucha cívica a la insurgencia. Del pensamiento indígena y su formación comunitaria se introdujo en la disciplina militante y la lectura profunda de teoría revolucionaria. Del activismo social estudiantil a los círculos de estudio para luego ser contacto, responsable, compañero, camarada, cuadro revolucionario, insurgente y comandante. Una meteórica carrera en la lucha. En cinco años de militancia se entregó de lleno y de tiempo completo a las actividades por la búsqueda de un país mejor. En las filas del MAR y la LC23S se ganó a pulso su lugar y también mantuvo serias y profundas diferencias. Hubo desencuentros.
Las condiciones sociales, la derrota, la toma de conciencia, el análisis de la realidad social, las injusticias y las vías cerradas para la democracia en México lo hicieron abandonar todo y quemar las naves. Su familia perdió contacto con él. Callado, disciplinado, observador, estudioso, como lo recuerdan algunos de sus compañeros de armas. En el Ñuu Savi “la palabra es de respeto y se sostiene hasta el final”. Wenceslao, sabedor de ello, se mantuvo firme en la lucha y llegó a ocupar puestos estratégicos en el escalón revolucionario. Un militante atípico. Prefería el trabajo de base comunitario antes que la acción y el academicismo teórico. La mística de su lucha se fundó en el trabajo colectivo comunitario. De ahí su vinculación con Lucio Cabañas, con quien estableció contacto y coincidía en su trabajo militante. También hizo la traducción de conceptos revolucionarios a su mundo cultural del Ñuu Savi y su lengua. La lucha de clases, el proletariado, el materialismo histórico, el Estado y otros términos los comprendió y tradujo y comprendió.
La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido, escribió Milan Kundera. Con este libro sobre Wenceslao, se recupera la memoria de un hombre de la lluvia que luchó. Es también una invitación a recuperar la memoria colectiva de los héroes comunitarios, de mujeres y hombres que defienden la tierra, el agua; de aquellos sabios y sabios, de parteras, curanderos y personas que hacen la historia. Es recuperar Ña ni kuu xina’a / Lo que pasó hace mucho. Es importante escribir para no olvidar, recuperar los testimonios y recurrir a todo para contar. Somos contadores de historia y no olvidar las luchas de los hombres y mujeres de la lluvia como Wenceslao, otras y otros.