¿LA POESÍA MATÓ AL INDIGENISMO? — ojarasca Ojarasca
Usted está aquí: Inicio / Artículo / ¿LA POESÍA MATÓ AL INDIGENISMO?

¿LA POESÍA MATÓ AL INDIGENISMO?

HERMANN BELLINGHAUSEN

YANA LEMA OTAVALO: ACCIÓN SOCIAL Y ESCRITURA KICHWA EN SUS PROPIOS TÉRMINOS

A pesar de los esfuerzos oficiales por resucitarlo con otro nombre, el indigenismo está bien muerto. Quizá sea en México donde el indigenismo (nacido de la visión empática y paternalista que los otros, la sociedad mayoritaria, el Estado, el mundo no indígena tenía de los pueblos originarios) conoció mayor desarrollo conceptual, artístico e institucional. Consolidado como doctrina de Estado en la década de 1940, se alimentó del arte plástico post revolucionario, tan poderoso y justamente célebre, cuyo énfasis clave fue la contemplación y el retrato de “lo indígena” con mayor o menor precisión etnográfica o histórica, pero que en términos artísticos logró alturas extraordinarias, en particular con Diego Rivera y sus discípulos.

La literatura indigenista, también abundante en el periodo y con algunos antecedentes decimonónicos, rara vez tuvo el alcance de la Escuela Méxicana de Pintura o el Taller de la Gráfica Popular en la plástica, aunque en cierto modo le debemos Pedro Páramo, El llano en llamas, El luto humano y lo mejor de Rosario Castellanos. Llama la atención la limitada influencia de estas obras en la literatura indígena actual.

Hubo también un indigenismo literario en Guatemala (Miguel Ángel Asturias), Ecuador (Huisipungo de Jorge Icaza, ciertas narraciones de Demetrio Aguilera Malta) y sobre todo el peruano José María Arguedas, quien se planteó servir de puente entre los mundos mestizo (criollo) y quechuakichwa extendido a Ecuador, Bolivia y Colombia. Arguedas fue excepcional: buscó internalizar lo quechua, estudió la lengua y la escribió en cuanto pudo. Su narrativa precede a la de Manuel Scorza, también peruano. A diferencia de lo ocurrido en México, Arguedas sí tuvo influencia directa en lo que hoy conocemos como literatura indígena o de los pueblos originarios.

Tras notables experiencias periodísticas como la de Fernando Benítez y la pléyade de fotógrafos nacionales y visitantes que registraron a México en la existencia de los pueblos, su folclor y su drama de diversas maneras, el indigenismo se desdibujó ante el advenimiento de un despertar continental de los pueblos originarios hacia 1990, y ya de antes una urbanización mental de los intereses estéticos del así llamado “mexicano”, “peruano” o “ecuatoriano”, en la estela de La región más transparente y La ciudad y los perros.

Los hitos del despertar indígena los encontramos en México, Ecuador y pese a todo, el Chile de los mapuche. No es de extrañar que en esas partes del doliente hemisferio americano florezcan por escrito sus lenguas originarias. El tronco más frondoso es sin duda el quechua-kichwa, con entre ocho y diez millones de hablantes en los Andes y la Amazonia a lo largo de buena parte de la columna vertebral de Sudamérica. De esta poderosa tradición, que realiza grandes esfuerzos para ser escrita en sus propios términos, surge la obra de Yena Lema Otavalo.

Su poesía posee un refinamiento peculiar, como heredera que es de una tradición insigne. En su libro Tengo hambre de tu boca, la pérdida amorosa se transfigura en un cantar suave y digno de un dolor nada rústico (dicho así como rasgo “primitivo”). Estamos ante la expresión moderna de la civización quechua, así como hablamos de la maya, con tan dignos herederos hoy en día en México y Guatemala.

Yana Lucila Lema Otavalo participa en una escena cultural poderosa, particularmente en Imbabura, con la ciudad de Otavalo como centro de creación. Ella expresa en una entrevista reciente en Suiza con Julia Willers:

En los últimos decenios han surgido en Ecuador, especialmente en mi región, muchos grupos juveniles artísticos y activistas. No pertenecen a una organización más grande, sino que nacieron del movimiento indígena y los levantamientos a partir de 1990. Son conscientes de que existe una emergencia lingüística. Para que no se pierda la lengua, estos grupos documentan las tradiciones y las palabras de los abuelos en diferentes soportes: videos, libros, poesía, cuentos y cantos. Desde hace diez años vemos que la literatura también es una herramienta que nos permite fortalecer la lengua y pasar a la creación literaria. Usando el alfabeto que no es nuestro, pero del que nos hemos apropiado, podemos hablar sobre lo que significa ser kichwa, shuar o de otra nación indígena de Ecuador. (https://looren.net/ de/blog-america-latina/hay-un-inter%C3%A9s-porvalorar- lenguas-como-el-kichwa).

Autora del celebrado relato Chaska, de Poemas de ternura / Urpi Arawikuna (2019), Tamyawan shamukupani / Con la lluvia respetuosamente estoy viniendo (2021), Kampa shimita yarkachini / Tengo hambre de tu boca y un poemario más en prensa, todos bilingües, también cuenta con una intensa experiencia en las grandes organizaciones de su país: Conaie, Ecuarunari, Confenace. No es ajena a la determinante lucha contemporánea de los pueblos originarios de Ecuador.

“La lengua me hace la que soy”, ha dicho, ella que necesitó aprender a escribir su lengua materna en los años noventa con fines de propaganda política. Pronto emprendió traducciones al kichwa de textos literarios, aportando así al acervo quechua contemporáneo. También es videoasta y bordadora cósmica.

Sin abusar de las comparaciones, la experiencia cultural otavaleña recuerda particulrmente lo que sucede en Chiapas y otras regiones indígenas de México. La recuperación de los bordados antiguos ha sido una recuperación textual, una reescritura de historia y secretos. El antropólogo Chip Morris refería en 1994 que, antes del alzamiento zapatista, los bordados en los huipiles de San Andrés eran mensajes cifrados de la clandestinidad. Los paralelismos entre México y Ecuador indígenas, aun en estos tiempos aciagos, siguen siendo estimulantes.

La escritura de Yana Lema Otavalo es necesaria. Es actual. Es creativa. Perdonando una expresión mediterránea, da vino nuevo en odres viejos. También activista en la defensa y promoción de su idioma ante una realidad en la que los jóvenes kichwas hablan español preferentemente. Redes sociales y nuevas tecnologías hacen mayor el desafío.

Me permito citar un poema temprano de la autora sobre la extranjería en tierra propia que ilustra la lucha múltiple de la mujer indígena que se emancipa en el contexto neocolonial (y recolonizado) de su país, contra el patriarcado y el sexismo cultural. La emancipación comienza en casa:

no les gusta mi caminar me ven pasar y susurran —ella no es de aquí— no se sientan así las mujeres de aquí no se visten así las mujeres de aquí no hablan así las mujeres de aquí no van al colegio las mujeres de aquí no aman a otros hombres las mujeres de aquí no dicen no las mujeres de aquí aunque yo extraño el monte negro y la casa vieja que ahora es tierra aunque nuestros vivos y nuestros muertos son los mismos les parezco extraña me ven pasar y susurran —ella no es de aquí—

Embajadora de la cultura viva y la “escena” literaria y artística kichwa, inevitablemente politizada, nos entrega el canto íntimo de una mujer inmersa en la turbulencia del despertar indígena contra el colonialismo interno, al que se suma la actual exacerbación imperialista. Yana Lema Otavalo nos convence de que un poema, así sea de amor o de tradición recuperada, puede ser revolucionario, pues participa de la revolución histórica que no todos saben ver y los gobiernos nacionales pretenden sofocar: la de los pueblos originarios del continente americano, la de las mujeres que dan un paso al frente, la de la creación artística propia con innegable impacto en sus Estados-Nación.

Leído en el homenaje a Yena Lema Otavalo durante el X Encuentro de Literaturas en Lenguas Originarias en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, diciembre de 2025.

Poemas de la autora publicados anteriormente en Ojarasca: https://ojarasca.jornada.com.mx/2018/08/11/de-poemasde- ternura-9540.html https://ojarasca.jornada.com.mx/2025/02/08/tengohambre-de-tu-boca-kampa-shimita-yarkachini-641.html

comentarios de blog provistos por Disqus