SEÑORA 6 MONO. DEL PASADO PROFUNDO AL PASEO DE LA REFORMA — ojarasca Ojarasca
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SEÑORA 6 MONO. DEL PASADO PROFUNDO AL PASEO DE LA REFORMA

OMAR AGUILAR SÁNCHEZ

El 7 de enero de 2025 en un acto oficial la presidenta de la República, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, develó seis esculturas de mujeres “indígenas” en el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México. Si bien hay mucho que reconocer en este acto, también mucho que cuestionar, como los términos de “indígena” o “México antiguo”, dado que ambos están intrínsecamente vinculados con los procesos de colonización y el nacionalismo, fundamentados por narrativas de discriminación, racismo y exclusión, procesos dolorosos para los pueblos mesoamericanos pasados y presentes, de los que derivan muchas de las condiciones actuales para estos.

Entre estas figuras, está la representación de una ña’a Ñuu Savi, “mujer del pueblo de la lluvia”, de la Señora 6 Mono, heredera al yuvui-tayu —equiparable a una ciudad-Estado— de Añute, hoy Magdalena Jaltepec, en el estado de Oaxaca, y quien viviera en el siglo XI. Gobernante de la que conocemos su historia a través de los pocos códices que sobrevivieron de la cultura ñuu savi —más conocida como cultura mixteca por su denominación en náhuatl y posterior castellanización—, como lo son el Códice Tonindeye (Nuttall), el Códice Iya Nakuaa I y II (Colombino-Becker) y principalmente del Códice Añute (Selden).

Es la descripción y representación de la Señora de Añute lo que nos llama la atención y de lo que quiero tratar aquí. En la página oficial del gobierno, en la presentación del Año de la Mujer Indígena en enero de 2025, encontramos esta descripción: “En representación de la mujer mixteca: Señora 6 Mono (Señora mixteca de Huachino), quien luce un tocado tradicional de la cultura mixteca y un sencillo colgante inspirado en el estilo propio de esa región de Oaxaca”.

Sin embargo, llama la atención la no correspondencia de la imagen y escultura develada con lo que son los atributos representativos de una ña’a ñuu savi y particularmente de la Señora 6 Mono, tanto por lo que conocemos de ella en los códices como de las expresiones culturales contemporáneas del pueblo ñuu savi, a la que pertenece, específicamente en su atuendo, tocado y sobre todo de las características propias de sus nombres distintivos “Quechquémitl de la Serpiente Emplumada” y “Quechquémitl de la Guerra”. Entonces, si la intención era representar a una cultura, la cultura ñuu savi, y a una persona en específica, la Señora 6 Mono, ¿por qué no se respetaron los símbolos que incluso hoy podemos apreciar en las comunidades del Ñuu Savi? ¿Quién definió su traje y tocado? Quienes la recrearon, ¿conocen la cultura y la comunidad de donde ella procede? ¿O se está interpretando, nuevamente desde la mirada externa, su imagen y estética? ¿Qué nos dice esta narrativa sobre los roles de poder, conocimiento y apropiación del pasado?

Sobre tal descripción, éstas son mis anotaciones. Sabemos con gran precisión que la Iya Dze’e Ñu Ñuu, nombre propiamente de la Señora 6 Mono en el lenguaje ceremonial, es descendiente de los iya de Añute, los iya o yaa son seres deificados que gobernaban en las distintas unidades políticas del Ñuu Savi en tiempos anteriores a la colonia. Su glifo toponímico consta de un cerro de arena y en el Códice Añute —depositado hoy en día en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, en Inglaterra— contiene la historia genealógica de su familia desde tiempos primordiales hasta décadas después de consumada la conquista española. Ella vivió en el tiempo del también conocido Iya Nakuaa Teyusi Ñaña, “Señor 8 Venado Garra de Jaguar”, con quien se sugiere una historia sentimental y trágica. La señora se llama 6 Mono por su nacimiento en este día en la cuenta calendárica ritual de 260 días. Además de su nombre calendárico también se le asignaba un segundo nombre, o sobrenombre, que derivaba de cuestiones más cultura les y cualidades propias de la persona. El primer sobrenombre que recibió fue Xikin Koo Yoso, “Quechquémitl de la Serpiente Emplumada”, y después de actos de valor y guerra donde defendió su honorabilidad fue también nombrada como Xikin Yeku, “Quechquémitl de Guerra”; es aquí donde consideramos que el atributo más identitario de ella es el quechquemitl, una prenda muy representativa en los pueblos mesoamericanos, lo que no se plasmó expresamente en su escultura, y aunque en la comunidad misma esta prenda ya no se usa, sí podemos apreciarla en otras culturas contemporáneas, teniendo ejemplares magníficos en la exposición permanente sobre Textiles en el Museo Nacional de Antropología.

Otra característica importante de la representación de la Iya Dze’e Ñu Ñuu es su tocado, un peinado semejante al usado en la comunidad de San Pedro Jicayan, Ñuu Tyikua’a, en la región del Ñuu Savi denominada Je’e Andivi, “al pie del cielo”, en la Costa de Oaxaca.

Así mismo, vemos que sus trenzas están ricamente decoradas con nde’e, “tlacoyales”, muy comunes a lo largo y ancho de las comunidades del Ñuu Savi y de muchos pueblos originarios, que adornan y embellecen a las ña’a Ñuu Savi, “mujeres del pueblo de la lluvia”. Como se puede apreciar, estos tocados no corresponden con lo “extravagante” del tocado en la escultura, que más bien parece un turbante; lo mismo aplica para su calzado, que no corresponde con lo que conocemos históricamente.

Como último detalle, podemos señalar la falta de iconografía propia del Ñuu Savi en su atuendo en la representación oficial, es decir, no contiene grecas ni trazos geométricos que aparecen frecuentemente en los huipiles tanto antiguos como contemporáneos y que es muestra de una continuidad cultural, lo que no expresa el xoo o enredo de la escultura develada de la Iya Dze’e Ñu Ñuu.

Así, concluimos que faltó conocimiento de la cultura, iconografía y los identificadores personales en la representación de la imagen oficial y escultura de nuestra ancestra, Iya Dze’e Ñu Ñuu Xikin Koo Yoso Xikin Yeku, “Señora 6 Mono Quechquémitl de la Serpiente Emplumada y Quechquémitl de Guerra”.

Su imagen y escultura, como símbolo cultural de valentía y resistencia del pueblo ñuu savi, pudo definirse mejor iconográficamente y estéticamente, pero sobre todo culturalmente, lo que permitiría una mayor identificación con la cultura, lengua y pueblo al que perteneció, y más aún, con las ña’a Ñuu Savi, “mujeres del Pueblo de la Lluvia”.

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El 7 de enero de 2025 en un acto oficial la presidenta de la República, doctora Claudia Sheinbaum Pardo, develó seis esculturas de mujeres “indígenas” en el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México. Si bien hay mucho que reconocer en este acto, también mucho que cuestionar, como los términos de “indígena” o “México antiguo”, dado que ambos están intrínsecamente vinculados con los procesos de colonización y el nacionalismo, fundamentados por narrativas de discriminación, racismo y exclusión, procesos dolorosos para los pueblos mesoamericanos pasados y presentes, de los que derivan muchas de las condiciones actuales para estos.

Entre estas figuras, está la representación de una ña’a Ñuu Savi, “mujer del pueblo de la lluvia”, de la Señora 6 Mono, heredera al yuvui-tayu —equiparable a una ciudad-Estado— de Añute, hoy Magdalena Jaltepec, en el estado de Oaxaca, y quien viviera en el siglo XI. Gobernante de la que conocemos su historia a través de los pocos códices que sobrevivieron de la cultura ñuu savi —más conocida como cultura mixteca por su denominación en náhuatl y posterior castellanización—, como lo son el Códice Tonindeye (Nuttall), el Códice Iya Nakuaa I y II (Colombino-Becker) y principalmente del Códice Añute (Selden).

Es la descripción y representación de la Señora de Añute lo que nos llama la atención y de lo que quiero tratar aquí. En la página oficial del gobierno, en la presentación del Año de la Mujer Indígena en enero de 2025, encontramos esta descripción: “En representación de la mujer mixteca: Señora 6 Mono (Señora mixteca de Huachino), quien luce un tocado tradicional de la cultura mixteca y un sencillo colgante inspirado en el estilo propio de esa región de Oaxaca”.

Sin embargo, llama la atención la no correspondencia de la imagen y escultura develada con lo que son los atributos representativos de una ña’a ñuu savi y particularmente de la Señora 6 Mono, tanto por lo que conocemos de ella en los códices como de las expresiones culturales contemporáneas del pueblo ñuu savi, a la que pertenece, específicamente en su atuendo, tocado y sobre todo de las características propias de sus nombres distintivos “Quechquémitl de la Serpiente Emplumada” y “Quechquémitl de la Guerra”. Entonces, si la intención era representar a una cultura, la cultura ñuu savi, y a una persona en específica, la Señora 6 Mono, ¿por qué no se respetaron los símbolos que incluso hoy podemos apreciar en las comunidades del Ñuu Savi? ¿Quién definió su traje y tocado? Quienes la recrearon, ¿conocen la cultura y la comunidad de donde ella procede? ¿O se está interpretando, nuevamente desde la mirada externa, su imagen y estética? ¿Qué nos dice esta narrativa sobre los roles de poder, conocimiento y apropiación del pasado?

Sobre tal descripción, éstas son mis anotaciones. Sabemos con gran precisión que la Iya Dze’e Ñu Ñuu, nombre propiamente de la Señora 6 Mono en el lenguaje ceremonial, es descendiente de los iya de Añute, los iya o yaa son seres deificados que gobernaban en las distintas unidades políticas del Ñuu Savi en tiempos anteriores a la colonia. Su glifo toponímico consta de un cerro de arena y en el Códice Añute —depositado hoy en día en la Biblioteca Bodleiana de Oxford, en Inglaterra— contiene la historia genealógica de su familia desde tiempos primordiales hasta décadas después de consumada la conquista española. Ella vivió en el tiempo del también conocido Iya Nakuaa Teyusi Ñaña, “Señor 8 Venado Garra de Jaguar”, con quien se sugiere una historia sentimental y trágica. La señora se llama 6 Mono por su nacimiento en este día en la cuenta calendárica ritual de 260 días. Además de su nombre calendárico también se le asignaba un segundo nombre, o sobrenombre, que derivaba de cuestiones más cultura les y cualidades propias de la persona. El primer sobrenombre que recibió fue Xikin Koo Yoso, “Quechquémitl de la Serpiente Emplumada”, y después de actos de valor y guerra donde defendió su honorabilidad fue también nombrada como Xikin Yeku, “Quechquémitl de Guerra”; es aquí donde consideramos que el atributo más identitario de ella es el quechquemitl, una prenda muy representativa en los pueblos mesoamericanos, lo que no se plasmó expresamente en su escultura, y aunque en la comunidad misma esta prenda ya no se usa, sí podemos apreciarla en otras culturas contemporáneas, teniendo ejemplares magníficos en la exposición permanente sobre Textiles en el Museo Nacional de Antropología.

Otra característica importante de la representación de la Iya Dze’e Ñu Ñuu es su tocado, un peinado semejante al usado en la comunidad de San Pedro Jicayan, Ñuu Tyikua’a, en la región del Ñuu Savi denominada Je’e Andivi, “al pie del cielo”, en la Costa de Oaxaca.

Así mismo, vemos que sus trenzas están ricamente decoradas con nde’e, “tlacoyales”, muy comunes a lo largo y ancho de las comunidades del Ñuu Savi y de muchos pueblos originarios, que adornan y embellecen a las ña’a Ñuu Savi, “mujeres del pueblo de la lluvia”. Como se puede apreciar, estos tocados no corresponden con lo “extravagante” del tocado en la escultura, que más bien parece un turbante; lo mismo aplica para su calzado, que no corresponde con lo que conocemos históricamente.

Como último detalle, podemos señalar la falta de iconografía propia del Ñuu Savi en su atuendo en la representación oficial, es decir, no contiene grecas ni trazos geométricos que aparecen frecuentemente en los huipiles tanto antiguos como contemporáneos y que es muestra de una continuidad cultural, lo que no expresa el xoo o enredo de la escultura develada de la Iya Dze’e Ñu Ñuu.

Así, concluimos que faltó conocimiento de la cultura, iconografía y los identificadores personales en la representación de la imagen oficial y escultura de nuestra ancestra, Iya Dze’e Ñu Ñuu Xikin Koo Yoso Xikin Yeku, “Señora 6 Mono Quechquémitl de la Serpiente Emplumada y Quechquémitl de Guerra”.

Su imagen y escultura, como símbolo cultural de valentía y resistencia del pueblo ñuu savi, pudo definirse mejor iconográficamente y estéticamente, pero sobre todo culturalmente, lo que permitiría una mayor identificación con la cultura, lengua y pueblo al que perteneció, y más aún, con las ña’a Ñuu Savi, “mujeres del Pueblo de la Lluvia”.

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Omar Aguilar Sánchez, investigador del Ñuu Savi.

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