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SINCRETISMO Y DISRUPCIÓN. LA PUGNA POR EL ESPACIO SOCIAL TEPOZTECO

HORACIO SOCOLOVSKY AGUILERA

La memoria de la representación del Reto al Tepozteco, descendiendo desde el Bautisterio de Axitla y avanzando alrededor del primer cuadro del municipio de Tepoztlán en septiembre de 2022, tiene un particular peso, una mayor permanencia que la de años más recientes. Quizá se deba a que ese año fue que apenas pudieron ser reanudadas incontables actividades festivas en todo el país, tras la pandemia que hizo que el mismo pueblo cerrara sus principales accesos. Había no solamente una suave y difusa luz ese nublado 8 de septiembre, que iluminaba de forma particular los rostros de las y los tepoztecos que participaban en la tradicional procesión circundando el zócalo, sino que esa luz complementaba un visible sentido de peso en sus expresiones, quizá dado por la sensación que traía el retorno —tras dos años de ausencia— de las representaciones con nutrido tránsito de participantes y espectadores sobre las calles, reencontrándose en el caminar en silencio y en mirarse nuevamente en la recreación del más profundo y fundacional de sus sincretismos, luego del muy largo y asfixiante confinamiento.

El actor que da vida a Tepoztécatl, hijo de Mayahuel, avanzaba en la representación en la que, ya convertido al catolicismo en el Bautisterio de Axitla por los frailes dominicos, portando el hacha de cobre y flanqueado por las doncellas, caminaba acompañado del sonido del teponaztli y el perfume de los sahumerios hacia el escenario donde lo esperaban representados los señores de Oaxtepec, Cuauhnáhuac, Tlayacapan, y Yautepec, para lo cual rodea el primer cuadro municipal para llegar a las tarimas montadas en la plaza cívica. Desde ahí y desde calles aledañas era inevitable, tanto para espectadores como para intérpretes de la representación ese septiembre, observar que la bestia de la gentrificación ya había logrado mostrar más furtivos avances, en la forma de más cantinas y “terrazas” de venta de alcohol en locales que antes albergaban papelerías, fondas, o pequeñas tiendas familiares.

Indudablemente, la gestión que había empezado unos meses antes ese mismo año, la del edil David Demesa, se caracterizó por la llegada de múltiples bares nuevos imponiéndose y modificando con abyecta ferocidad el espacio social, muy posiblemente aprovechando que la atención, tanto popular como administrativa, se encontró por largo tiempo puesta más bien en las medidas de contención y mitigación del coronavirus. Los negocios de venta de alcohol, de propiedad fuereña en su mayoría, supieron aprovechar rastreramente esa ventana de oportunidad para instalarse, valiéndose también de la corrupción municipal, incluso en directa colindancia con dos de las principales e históricas escuelas del municipio, la Primaria Escuadrón 201 y la Secundaria Jesús Conde Rodríguez.

Es ese el sentido de contraste entre la tradición sincrética, representada en la ceremonia de ese día por niñas, niños, adolescentes y adultos, sumando un total de aproximadamente 200 personajes dando vida al relato del Reto, que colinda en el mismo espacio con la disrupción mercantil destructiva de los multiplicados y escandalosos bares, algunos de franquicia fuereña. La franca facilidad en términos prácticos que representa la venta de bebidas alcohólicas de rápida preparación —ya que no requiere de mayor manufactura o complejidad culinaria— se fue multiplicando los últimos años también en la forma de puestos no fijos a lo largo de las calles Revolución de 1910 y Avenida del Tepozteco, a todo lo largo de esta última con mesas y carpas improvisadas para venta de cerveza cubriendo y dejando un rastro de basura incluso en todo el primer tramo de ascenso al cerro, donde se encuentran basamentos de hallazgo aún relativamente reciente (2010), y también a costados del mismo Bautisterio. Los comerciantes de Axitla tuvieron así una fractura que se fue abriendo gradualmente al pasar prácticamente la mitad de ellos de su giro tradicional de venta de artesanías a la venta de bebidas alcohólicas en el mismo sitio de ascenso. Tal cisma eventualmente llegó a tener un efecto búmeran casi trágico, ya que durante el Carnaval de 2023, la madre de una de sus dirigentes sufrió una puñalada no letal por una persona precisamente en estado de ebriedad durante una trifulca. La proliferación del alcohol como negocio pronto y fácil comenzaba visiblemente a golpear de regreso a los propios habitantes.

De forma aún más alarmante, a lo largo de los últimos años, hasta el finalizado 2025, ha aumentado la incidencia de suicidios en el municipio, incluyendo suicidios adolescentes, así como de ancianos. Padres de familia, que han incluso recurrido a grupos de ayuda para manejar la angustia que esta creciente casuística ha traído, subrayan que indudablemente la proliferación del alcohol en el municipio juega un papel, al ser una entrada hacia el uso de otro tipo de sustancias por las y los adolescentes tepoztecos. Es ahí donde el recuerdo de los rostros de niñas, niños y adolescentes participando en aquella representación de septiembre de hace tres años, portando las copaleras, sahumerios y flores en la procesión recreada, se vuelve un recuerdo que se fija con más peso y gravedad, como manifestación de una juventud tepozteca que hereda orgullosa su tradición ritual e iconográfica, pero que en ese particular año era ya acompañada también por un inevitable y creciente sentido de alarma, dadas las fuerzas de cambio disruptivo que continúan insistiendo en su avance. Una pandemia termina, pero otra continúa como feroz miasma, amenazando cada vez más la identidad original del espacio, con angustiante daño a la juventud; la pandemia del alcohol. El sentido de pertenencia de las y los jóvenes tepoztecos por el abrazo y herencia de sus tradiciones es amenazado en el espacio por la llegada y el insulso vacío de significación que traen consigo los negocios de anodino y desenraizado vicio.

La atención por parte de los niveles estatal y federal de gobierno hacia el fomento turístico de los pueblos pone el foco, lamentablemente, en la derrama económica, a través de estrategias “llamativas” artificiales, lejanas de la identidad orgánica y de auto-determinación de los pueblos, barrios y colonias. Se colocan los nombres de cada municipio, incluido el de Tepoztlán, con enormes letras de chillantes colores, a modo de “marca” omnipresente y homogeneizante en el país, del mismo modo que se maneja la también “marca” o denominación “pueblos mágicos”, para ser promocionada cual producto en publicidad túristica electrónica e impresa, pero poca de esa atención es provista para lograr una mitigación real de la naturaleza etílica del turismo que llega cada fin de semana. El actual edil tepozteco, Perseo Quiroz, sólo tras peticiones firmadas por miles de pobladores, ha cerrado varios de los comercios de venta de alcohol de la cabecera municipal, pero lo hace de manera selectiva, con varios de éstos, en particular los más grandes y lujosos, de propietarios fuereños o políticos, operando aún impunemente en proximidad directa con las escuelas municipales.

Es esta la batalla que sigue librándose, con la identidad misma de la cabecera municipal tepozteca constantemente amenazada de ser lentamente sustituida por cantinas que se multiplican, por el reciente intento de retirar de su histórico recinto a la Secundaria Jesús Conde, construida originalmente por la comunidad en Coatequitl, y ahora también por la insistencia de retirar a comerciantes en pequeño de alimentos de la plaza cívica, donde por generaciones han realizado su trabajo de usos y costumbres desde hace más de sesenta años, tras querer imponerles un nuevo mercado que fue desde el princpio un proyecto apresurado, no consensuado y con múltiples riesgos de inundación y dudosas rutas de escape. El Ayuntamiento hoy favorece que marcas y patrocinadores con nombres en inglés promocionen eventos —también con nombres en inglés— en la plaza cívica, en sustitución de la tradicional venta de maíz, flores, itacates, tlaxcales, frutas, hortalizas, granos y alimentos preparados tradicionales, con el argumento usado por el propio edil de que los pequeños comerciantes originarios “afean la plaza cívica” y son “una mafia”.

La juventud tepozteca, sus niños y adolescentes, en los años que transcurren, observan la aceleración de una disruptiva fractura que azota a su municipio y les es presentado el futuro desafío de afrontarla en su más exacerbada y amenazante forma, que hace un escaso par de décadas sus antepasados no conocieron. Es por ello que el recuerdo del peso de las miradas de las y los tepoztecos más jóvenes participando en la preservación y recreación de su más característica herencia sincrética trae consigo siempre un recuerdo visual indeleble de renovada resistencia.

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Horacio Socolovsky Aguilera, fotógrafo, documentalista, y preservador del acervo antropológico.

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