ALCATRAZ. MEMORIA Y FORTALEZA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS
Este episodio de “Voces de la Tierra, la historia la contamos los pueblos” está a cargo de los pueblos nativos americanos y de los migrantes indígenas que habitan en los Estados Unidos. Sus historias nos ayudarán a re-pensar las nuestras y cómo las estúpidas fronteras de los Estados-nación NO son nuestras, que son, pues, una imposición de los de arriba que nos ha fragmentado, dividido.
Las voces de la tierra de este episodio fueron convocadas en un evento anual que se lleva a cabo en la isla de Alcatraz, en el estado de California. La isla es sólo un ejemplo del desplazamiento histórico que enfrentan los pueblos originarios, pues con la llegada de los europeos colonizadores en el siglo XVII, los ohlone fueron obligados a irse. En el siglo XIX, Alcatraz se convirtió en una fortificación militar y después en una prisión federal, donde incluso se encarceló a muchos nativos americanos, como los hopi moqui en 1895. Pero la historia que queremos relatar no tiene nada que ver con el tiempo que fue usada la isla por el gobierno de Estados Unidos, sino con el espacio simbólico que es para los pueblos originarios.
Antes de la ocupación de 1969, se buscó hacer una toma en 1964, coordinada por Belva Cottier del pueblo lakota. En 1963 cerró la prisión federal y el 9 de marzo de 1964, cinco sicangu lakota arribaron a Alcatraz y la declararon Tierra India. Ellos fueron los primeros en apropiarse el Tratado de Fort Laramie, que consiste en dos acuerdos clave (de 1851 y 1868) entre el gobierno de Estados Unidos y las tribus nativas de las Grandes Llanuras, como los lakota, para definir territorios y asegurar la paz, aunque ambos acuerdos fracasaron, ya que nunca se cumplieron para favorecer a los pueblos originarios. Esta primera ocupación sólo duró unas horas, pero sin duda sembró un precedente para la toma de 1969.
Después de lo ocurrido en 1964, el gobierno de Estados Unidos buscó convertir la isla en un parque recreativo, y estableció la fecha límite de diciembre de 1969 para que se investigara sobre el potencial que pudiera desarrollarse en el lugar. Sin embargo, los planes que se cocinaban abajo, en el pensamiento y corazón de nuestros pueblos, eran muy distintos. El 20 de noviembre de 1969 un grupo de nativos americanos de diferentes tribus —grupo intertribal— se trasladó a la bahía de San Francisco y de ahí a la isla de Alcatraz. Esta vez eran más que en 1964 y, al igual que los lakota, ocuparon la isla bajo el alegato legal del Tratado de Fort Laramie (1868), que hacía que los Estados Unidos devolviera a los nativos americanos todas las tierras retiradas, abandonadas o fuera de uso.
La ocupación, que duró 19 meses, no sólo mostraba la existencia de los pueblos nativos en Estados Unidos, sino también y, sobre todo, exponía las demandas históricas y actuales de los pueblos. Los rebeldes que ocuparon la isla se levantaron y enfrentaron a un Estado racista que los ha despreciado por cientos de años. Antes de 1969, no era visible ni pública la situación de pobreza en la que viven los pueblos nativos, ni tampoco se hacían notar y denunciar los duros y constantes desplazamiento de sus territorios. Sin sus tierras, los pueblos no cuentan con la existencia de espacios y condiciones para recrear su cultura y estructuras de gobierno y espirituales que requieren para permanecer como pueblos, por eso es que la lucha de los nativos americanos se concentra en la demanda del Land Back (devolución de tierras). La ocupación de Alcatraz desnudó las profundas deudas históricas que hay entre los nativos americanos y el gobierno estadunidense. Por otra parte, en un sentido más favorecedor para los pueblos, Alcatraz permitió que se encontraran con otros grupos indígenas y no indígenas que apoyaron y siguen sosteniendo sus luchas y resistencias. Alcatraz devolvía el aliento necesario para tornar a levantarse, alzar la voz y seguir sosteniendo las luchas necesarias para permanecer como pueblos originarios.
Hoy son más de 50 años desde la ocupación en Alcatraz y desde entonces siguen encendidos fueguitos que alumbran el caminar de los pueblos nativos. Son dos fechas en el año en las que se convocan y reúnen pueblos y tribus de distintas geografías, principalmente de los Estados Unidos, pero también de la enorme población indígena migrante que radica en ese país. Cada 12 de octubre y en el “Día de Acción de Gracias” (ambas fechas que marcan las guerras genocidas colonizadoras, pero que ahora se colocan como días de resistencia y protesta), se reúnen los pueblos y realizan la ceremonia del amanecer. Los barcos comienzan a navegar hacia la isla desde las 4 de la mañana. Los primeros en llegar son los mayores, los que participaron en la ocupación de la isla en 1969. Todos ellos son ya abuelos, pero su compromiso sigue fuerte y sin titubear, navegan en el océano frío y ya en la roca colocan un fogón en una de las explanadas principales de la isla. Los mayores están alrededor de la fogata y otros más cuidan, junto a ellos, que se mantenga vivo el fuego. Conforme van llegando los convocados, un micrófono se abre para que las voces de los pueblos hablen, canten o dancen. Tan sólo en noviembre de 2025, algunos de los exponentes hablaron sobre las luchas de sus pueblos, desde Palestina hasta México. Esta ceremonia no es sólo para esperar el amanecer, sino también para escuchar las demandas actuales y el fortalecimiento y alianza entre las luchas y resistencias. En otras palabras, es un espacio de encuentro, de escucha y de organización.
La toma de Alcatraz dio visibilidad a los pueblos y tribus nativas en los Estados Unidos, mostró su existencia y demandas históricas. Alcatraz hizo retumbar el grito del Land Back, tan necesario en el horizonte de lucha de los pueblos nativos americanos. Es una historia no escrita en los libros de la historia oficial, pero es parte de nuestro acervo histórico y comunitario que se conserva en la memoria, en la voz y en las acciones de nuestros ancestros y los nuestros en el día de hoy. La historia de la isla sagrada y de los indios insurrectos es parte del bordado histórico e identitario que nos sostiene como pueblos originarios que somos.
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