EL COMÚN Y LA NO PROPIEDAD. HORIZONTES ZAPATISTAS DE LUCHA Y ESPERANZA
El proyecto de la autonomía indígena zapatista está indudablemente trascendiendo obstáculos, a los gobiernos estatales, federales, fenómenos sociales y económicos. Desde 2003 que se inauguraron los centros de autogobierno, los caracoles, la autonomía ha atravesado importantes momentos de consolidación y ahora de restructuración. Ya en agosto de 2019, el paradigma de autonomía había dado un importante salto con la creación de otros siete caracoles sumados a los cinco prexistentes desde 2003 en la geografía de Los Altos y Selva Lacandona de Chiapas. Se trataba de una de las más alentadoras noticias de resistencia y esperanza para los movimientos y México en su conjunto.
La Comisión Sexta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) compartió reflexiones sobre la actual situación de la autonomía en la reunión “Semillero de pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores”, desarrollado entre los pasados 26 y 30 de diciembre en el CIDECI-Universidad de La Tierra de San Cristóbal de Las Casas.
En agosto de 2025, en el encuentro “Algunas Partes del Todo”, el EZLN había ya trabajado el tema sobre la estructura jerárquica de poder en lo que concebían como la “pirámide” dentro del movimiento y las transformaciones realizadas en las comunidades. Incluso quemaron una réplica simbólica, lo que ejemplificó los cambios que provienen de la práctica social autonómica. Ante el incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés de 1996, han pasado ya 23 años de experiencia popular de autogobierno de facto por parte de las bases de apoyo en los caracoles, las comunidades e interzonas autónomas, a partir de procesos deliberativos desarrollados en las asambleas. Con notable creatividad, los jóvenes zapatistas escenificaron esta situación en al menos dos obras de teatro desarrolladas en la cancha de básquet durante las horas posteriores a la conmemoración del levantamiento indígena, el pasado primero de enero en Oventik. Esta acción se devela como una autocrítica a la evidente burocratización que incluso registró ciertos vicios en las extintas Juntas de Buen Gobierno. Este ejercicio supone la puesta en práctica de un notable ejercicio de autocrítica popular y se despliega como una metodología para la toma de consciencia y politización colectivas.
En noviembre de 2025, en la selva comenzó la construcción del hospital “Luz del Común Compañer@s Caídos del Mundo”, que administrará un quirófano. Para este esfuerzo, las bases de apoyo se han organizado a partir de la estrategia del trabajo colectivo. “Nunca habíamos visto o imaginado. Llegaron hermanos de diferentes partidos, religiones y entonces, cómo corre la voz. Cuando empieza el trabajo se les dice, a ver quién quiere llegar”, explicó en la reunión del pasado diciembre el subcomandante Moisés. Es un esfuerzo que involucra también a quienes no son de la organización rebelde y que provienen de diferentes culturas y lenguas: tzeltal, tojolabal, tsotsil, castellano. Esto involucra un fino tejido de entramados comunitarios que se entrelazan con el sentido del bien común, lo que en lengua maya tojolabal se expresa como el jlekilaltik. Cuando se trata de vivir en montañas y selvas, la enfermedad no discrimina por ideologías, militancias, religiones, economías.
En los trabajos colectivos de los indígenas zapatistas, existe también el tiempo del descanso y el disfrute fuera del tiempo de la modernidad capitalista. Ahí es donde aparecen también los espacios autónomos de la escucha y solidaridad incluso para mejorar las condiciones en las labores. No obstante, el núcleo de esta resistencia se encuentra en la cultura y la raíz indígena. Se trata, en sí misma, de las formas indígenas de deliberar y tomar decisiones a partir de asambleas que desafían la forma occidental y la concepción del poder jerárquico. Es decir, se trata de la articulación de prácticas de democracia directa descolonizada. “Tenemos que ir pensando, proponiendo, discutiendo, analizando. Y la más difícil es la toma de decisiones. Estamos convencidos que es el único (camino). No encontramos otro para nosotros, para que se acabe el sistema capitalista, que sí es el común. Porque el común es el contrario del capitalismo”, sostuvo Moisés en diciembre pasado.
Ante la desaparición de las Juntas de Buen Gobierno, la autonomía zapatista se enfoca a través de las asambleas de cada comunidad que a su vez tienen peso en las asambleas de colectivos autónomos zapatistas, así como en las asambleas de las interzonas. De ahí que también se haya generado lo que Moisés llama la “asamblea máxima del gobierno común”. Es aquí donde la estructura piramidal que antes existía con el Comité Clandestino Revolucionario Indígena ha trasladado las tomas de decisión a esas asambleas que incluso, según los testimonios de Moisés, comienzan a ser más heterogéneas, donde indígenas miembros de las comunidades también participan por el común de intereses. Esto le da fuerza al kentik, es decir, el concepto lingüístico del nosotros. Incluso indígenas de diversas religiones ponen sus costumbres e historias en común. Se trata de la fina estrategia de concebir dos conceptos en las lenguas mayenses que tienen profundo arraigo con la cultura de los pueblos mayenses zapatistas y que tienen su equivalente en las otras lenguas de la región: kumal, la palabra hablada y ’ab’al, la palabra escuchada (Carlos Lenkersdorf, 2008). Es por esto que los pueblos campesinos mayas gozan de una especial paciencia para escuchar y enseñar esta práctica a sus generaciones y a quienes conviven entre ellos.
Ante el nuevo reparto de los territorios, en lo que se está configurando como un nuevo orden mundial capitalista, la estrategia del común y la no propiedad zapatista es un reto incluso para la concepción liberal del Estado mexicano que promueve y protege la propiedad privada para la acumulación de capital. Resulta ser incluso una acción transformadora que el movimiento zapatista preste tierras a indígenas y campesinos que dejaron la organización o que incluso su militancia esté adherida a algún programa clientelar de los partidos y gobiernos. Se trata indudablemente de un cambio en las relaciones de poder que privilegia la vida sobre militancias o intereses mercantiles. Por ello, la propuesta rebelde que da sus primeros pasos, como ellos lo han indicado, además intenta trascender el concepto del trabajo colectivo en la milpa, el ’a’tel b’a kalajtik, y lo traslada a otras esferas de la vida campesina y comunitaria, como las comisiones de salud, producción de alimentos, educación e incluso la cultura y el arte en común. Moisés concluye: “Vemos cosas cuando uno entiende lo que es el común, por eso no sólo es el trabajo de la tierra, sino que tiene que ver otras cosas, pero eso solamente sale practicando y compartiendo qué vemos, qué sentimos, qué olemos y lo que está a la vista que está mal”. Este proyecto autonómico se transforma como una espiral que está en los hechos refrescando no sólo con vientos y principios de esperanza a México, sino que también nutre y difunde una práctica concreta y humana, la vida en colectivo, en común.