UN RINCÓN DEL TOTONACAPAN — ojarasca Ojarasca
Usted está aquí: Inicio / Escritura / UN RINCÓN DEL TOTONACAPAN

UN RINCÓN DEL TOTONACAPAN

ADAMARY GARCÍA FERNÁNDEZ

Todas mis dudas y preguntas surgieron a partir de la convivencia con la gente del bello Tenextepec, en Cuetzalan. Fue ahí donde me di cuenta de que mi abuelita y un señor de esa comunidad tenían la misma familia: Don Goyo Carmona, de la comunidad vecina, él era tío de ambos.

Al llegar a la casita donde nos hospedábamos y conversar sobre este tema con mis compañeros de brigada y con el señor Roque, me comentaron que mi pueblito se había formado porque la gente de “allá arriba”, como llaman a quienes venían de la sierra, huía de las guerras y se asentó en lo que hoy es La Martinica. Todo esto despertó en mí una inquietud profunda sobre mi familia, la comunidad en la que vivo y el grupo cultural al que pertenezco, pues entonces comprendí que mi comunidad se formó por población nahua, aunque se encuentra dentro del territorio totonaco.

Un día expuse esta duda como ejemplo en el salón de clases y pregunté: ¿a quién pertenezco? No lo sabía, y esa incertidumbre me generaba mucha confusión. Tiempo después, un compañero me dijo: ¿tú qué?, si ni siquiera sabes quién eres. Sentí un dolor muy profundo, porque esa duda siempre me acompañaba: ¿quién soy? y ¿a quién pertenezco? Nunca lograba responderme esas preguntas; ni siquiera mi árbol genealógico cultural me daba claridad.

¿Era de la cultura náhuatl o de la totonaca? Me ilusionaba pensar que podía ser nahua, pero entonces me preguntaba por qué, si vivimos en territorio totonaco. ¿Qué relación había entre Puebla y Veracruz?

Después de tantas preguntas sin respuesta, me dije a mí misma: eres del lugar al que pertenece tu corazón, y de eso no tenía ninguna duda. Soy del lugar que me vio crecer, del lugar que me enriqueció con sus culturas, del lugar donde me hundí en la corriente del verdoso río, donde pude perderme entre caminos llenos de árboles frutales. Soy del lugar que fue testigo de mis tropiezos y de cómo reuní fuerzas para levantarme.

Sí, yo era del bello pueblo de La Martinica, ese pueblito escondido que pertenece al municipio de Papantla. Mi Papantla querido, el que perfuma al mundo con el mágico aroma de la vainilla, el que es reconocido por los voladores. Y sí, si me decían papanteca, era porque eso era.

Yo soy de Papantla, soy de La Martinica, y así las dudas se esfumaron. Si pertenezco al Totonacapan, es porque eso soy: soy totonaca, sin dudas ni preguntas sin respuesta.

Sólo era yo.

__________

Adamary García Fernández estudia Lengua y Cultura en la Universidad Intercultural del Estado de Puebla.

comentarios de blog provistos por Disqus