UN TRIBUNAL PERMANENTE DE LOS PUEBLOS PARA NUESTRA RELACIÓN INMEMORIAL CON LAS SEMILLAS — ojarasca Ojarasca
Usted está aquí: Inicio / Artículo / UN TRIBUNAL PERMANENTE DE LOS PUEBLOS PARA NUESTRA RELACIÓN INMEMORIAL CON LAS SEMILLAS

UN TRIBUNAL PERMANENTE DE LOS PUEBLOS PARA NUESTRA RELACIÓN INMEMORIAL CON LAS SEMILLAS

RAMÓN VERA-HERRERA

…QUÉ TAL QUE NADIE SEMBRARA…

En nuestra relación con las semillas hay una mutualidad crucial para la historia no contada de la humanidad y crucial también para su futuro y el de la biodiversidad general del planeta.

Varias de mis personas más cercanas y el campesinado de muchas partes del mundo hemos llegado a alarmarnos de la privatización y el acaparamiento de las semillas, de su desfiguración transgénica, como algo que requiere verse como la más atroz ciencia-ficción, pues es un acto que afrenta a la humanidad y a la vida en su conjunto, mientras su ataque se normaliza década tras década sin que nadie parezca escandalizarse por algo de tanta gravedad.

El día 19 de enero, tras varios meses de conversaciones inauguramos en el Centro Nacional Especializado en Agricultura Orgánica del Instituto Nacional de Aprendizaje en Cartago, Costa Rica, un proceso de defensa de esa relación con las semillas habiendo pedido la compañía y la interlocución del Tribunal Permanente de los Pueblos.

Hemos trabajado antes con el Tribunal con luminosos resultados, en el proceso que se instauró en México entre 2011 y 2014 para juzgar lo que llamamos Libre comercio, Impunidad, Violencia y Derechos de los Pueblos, donde junto con el Tribunal analizamos como sociedad civil mexicana las relaciones que el capitalismo busca imponer afectando de un modo no sólo central y fundamental sino brutal, la vida de los pueblos, la vida de nuestra diversidad biológica y social, política, ontológica, epistemológica.

Es muy esperanzador que el proceso del Tribunal termine siendo un proceso autogestionario donde la gente sistematiza sus agravios con sus colectivos, desde sus localidades y regiones, desde sus procesos activos a partir de su problemática, y que proponga una cocina de todos los casos donde lo hallado va contribuyendo a configurar las dinámicas y las violencias sistémicas, y las posibles vueltas hacia una transformación de alguno o varios niveles.

Estas violencias sistémicas pueden llegar a genocidio y ecocidio, que como bien apunta Daniel Feierstein, estudioso del genocidio, “no son una anomalía coyuntural o un fenómeno histórico azaroso, fruto de irracionalismos, o nacionalismos”, sino fenómenos con “persistencia tendencial, complejidad concreta y agravamiento”.

Entonces tenemos que mirar la problemática que afecta en diversos grados a los pueblos y a sus cultivos o semillas como un fenómeno de “causalidad profunda, no sólo cultural sino económica, política, institucional y funcional, tanto local como general, coyuntural e histórica”.

La historia ya ha sido contada en el caso de las semillas en el acercamiento con el Tribunal, y abreva de los trabajos personales y colectivos de varias generaciones de activistas, investigadoras e investigadores, de organizaciones que en todo el mundo defienden la preponderancia de las semillas, que han impulsado ámbitos de convivencia entre regiones y continentes y han logrado conjuntar razones, argumentos, testimonios, relatos, informaciones, datos e investigación de todo tipo, desde la más local y subjetiva hasta la más sofisticada y compleja de nivel “científico” mundial, de todo tipo de ramas del saber. La complejidad promovida cuestiona las divisiones artificiales entre ciencia natural y ciencias sociales y está rompiendo desde hace por lo menos treinta años todas las premisas que las corporaciones acumularon en su favor para ejercer los controles con los que arrinconan y a la vez excluyen a núcleos campesinos de todo el planeta. Lo paradójico es que esos núcleos campesinos han logrado mantener e impulsar, desde el fondo de los tiempos, su relación con sus cultivos, con sus semillas, al punto de que “absolutamente todos los cultivos, sin excepción alguna, son obra campesina e indígena”, una obra colectiva de millones de (sobre todo) campesinas y campesinos que fueron transformando incluso los cultivos tóxicos o potencialmente venenosos en cultivos alimentarios. Esto requirió miles de años y pueblos enteros actuando en colectividades cuidadosas y atentas. Es crucial reivindicar que esta labor no se ha detenido”.

En la Petitoria que se presentó hace meses ante el Tribunal para dar curso a este proceso, se expresa: “Pedimos entonces al Tribunal Permanente de los Pueblos que nos acompañe en el reconocimiento de la urgencia de defender la libertad responsable de usar y cuidar nuestras semillas campesinas, indígenas, en todo el mundo, base de nuestros sistemas alimentarios y nuestra subsistencia, reconociendo plenamente la relación que guardan pueblos y conglomerados desde el principio de los tiempos con sus cultivos, con sus semillas, fundamental para su existencia como pueblos y para el futuro de la biodiversidad en nuestro planeta”.

“Comunidades y organizaciones libran una dura lucha por defender, mantener y expandir las semillas campesinas e indígenas contra los intentos de empresas y gobiernos por apropiarse de ellas y por conseguir que los pueblos del campo las abandonen buscando imponer sus semillas industriales, que responden a matrices de vida y economía muy diferentes que las semillas de los pueblos. Pero la gente resiste este proceso porque desde siempre entiende que las semillas campesinas, indígenas, son literalmente el corazón de la vida y a la vez son la memoria profunda, el horizonte de futuro que es vital defender. Tienen muy presente lo que significan las semillas en la producción propia de alimentos junto con el agua y la tierra; pero siendo fruto de saberes ancestrales y siglos de trabajo y relaciones comunitarias con los territorios particulares, implican saberes y crianzas mutuas que se nombran desde el fondo de la historia hasta el día de hoy —según la inmensa variedad de lenguas del planeta”.

La sesión de trabajo, que tendrá varios momentos en el año que comienza, duró tres días.

19 de enero. La presentación general y el posicionamiento del Comité Promotor del TPP de las Semillas estuvo a cargo de Camila Montecinos, de la organización Anamuri, de Chile, quien expandió: “Hay una relación profunda, muy, muy profunda, respetuosa, incluso cariñosa, afectuosa que tienen los pueblos del campo con sus semillas. Es algo que no se da solamente en América Latina, se da en el mundo entero, se da en Asia, se da en África y, ojo, también se da en Europa, a pesar de que en Europa ha sido perseguida y ocultada durante más tiempo. Es una relación de dependencia mutua, de cuidado mutuo, que está entretejida con lo más sagrado que puede tener un pueblo, que pueda tener una comunidad. Está entretejida con la cultura, con las relaciones sociales, con las relaciones de convivencia, con las fiestas, con las ceremonias, con el respeto, con el deber, con todo. Está también por supuesto íntimamente ligada a la producción del sustento. No es solamente una relación espiritual, es una relación muy concreta también a la producción de medicina, de materiales necesarios para la vida, etcétera”. Reiteró que “jamás debemos olvidar que absolutamente todos los cultivos que hoy día tiene la humanidad —todos, sin excepción alguna— son obra campesina e indígena”. Y agregó que la inmensa mayoría de las variedades de esos cultivos son también campesinas: “No hay una sola variedad moderna que no esté basada en una variedad campesina”.

En voz de su secretario, el doctor Gianni Tognoni, se relató la historia y papel del TPP, subrayando su competencia específica para el caso, complementado con la intervención de Alejandro Macchia, juez del Tribunal en esta sesión.

Gianni Tognoni dijo: “Es un Tribunal que los pueblos establecen para justificar algo que está ocurriendo a la vida de los pueblos. No es un Tribunal que sustituye algo del derecho existente. Propone que el derecho debería transformarse progresivamente en algo que acompañe la historia de los pueblos para garantizar a los pueblos la visibilidad, la toma de palabra y efectivamente el derecho de un futuro”.

Alejandro Macchia apuntó algo central a la historia del Tribunal: “Yo veo acá palabras claves: desaparición, exclusión, invisibilidad. Nos están afantasmando por decirlo de alguna manera. Éste es un mundo en donde, como recién decía Gianni, el diverso hoy es un terrorista que eliminar, de tal manera que ese diverso que debe ser desaparecido, ese extraño, ese no pueblo, constituye, por oposición, un pueblo único, y es el pueblo de los consumidores. Y todo lo demás son expulsiones. El mundo, y este fenómeno que vamos a discutir acá en estos días, es un mundo de expulsados, y esas expulsiones, como decía Saskia Sassen, hacen del mundo un lugar más chico. Más manejable. Con métricas más familiares. Porque expulsan a millones de personas que ya no cuentan nada. Entonces el mundo se convierte en un lugar más chico, más manejable, más reportable, pero absolutamente falso”.

Hubo participaciones de África y Asia, pocas pero muy simbólicas de lo que es la unidad de estos pueblos, y se detallaron evidencias de Latinoamérica: Honduras, Guatemala, Colombia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Brasil, Costa Rica, México.

Marcelo Fossati, de la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas del Uruguay, señaló: “Nosotros no decimos que estas semillas son cultivos sino la memoria viva de los territorios”. Cuando se sabe que hay vestigios arqueológicos de maíz en el Río de la Plata de hace 6 mil años, “eso también nos habla de que las semillas vienen viajando, no de ahora, sino que vienen viajando hace miles de años de mano en mano, entre agricultoras y agricultores y compartiéndose esas semillas de hace 5 mil años. Imagínense una semilla donde su centro de origen es en México, cómo hace para llegar hasta el Río de la Plata, atravesando la Cordillera y siendo cultivada como alimento de las poblaciones originarias del Río de la Plata, tanto de Argentina, Uruguay y de Paraguay. Es una muestra bien clara de ese movimiento de las semillas con las personas. No estamos ante una problemática agrícola sino ante un proyecto político de despojo, en donde se convierte a los guardianes y las guardianas de la biodiversidad en infractores, a las semillas en propiedad corporativa y a los territorios rurales en Zonas de Sacrificio para el agronegocio. Estas semillas no son insumos, son memoria, nuestra historia, y son vínculos entre los distintos pueblos. Nos relacionamos sin lenguaje a través de las semillas. Nos intercambiamos compromiso, responsabilidad”.

Finalmente, Alicia Amarillas, de la organización Conamuri, de Paraguay, puntualizaba: “Estamos en guerra por las semillas. Producimos diversamente contra el capital. Ellos nos quieren sacar, están privatizando nuestras semillas, nos están matando en nuestro territorio. Ya no hablamos de tierra o de un pedazo de tierra. Es nuestro territorio”.

20 de enero. Se presentaron los casos de Filipinas, Kenia, Benín y Malasia. Los primeros tuvieron que presentarse virtualmente porque las restricciones de visa de tránsito por Europa y EUA para quienes participaron de África y Filipinas impidieron su llegada a la sesión. Leónida Odongo de Kenia, Patrice Sagbo de Benín y Eloise Delos Reyes de Filipinas presentaron de manera virtual. Amir Nurfitri de Malasia sí pudo asistir y presentar sus evidencias. Haciendo un eco con lo dicho por la gente en Latinoamérica, Nurfitri, del Forum Kedaulatan Makanan Malaysia (FKMM), insistió en que “por generaciones, no hemos sido sólo cultivadores, somos quienes crean e innovan. Nuestra relación con las semillas es de custodia, no de propiedad. Para los iban de Sarawak, por ejemplo, las semillas son reliquias ancestrales que pueden compartirse, aunque venderlas estaba prohibido porque representan la supervivencia comunal. Las comunidades orang asli y malays comparten semillas porque tenemos la convicción de que nadie puede reclamar una propiedad total sobre las semillas porque éstas vienen de las variedades de plantas que son de Dios”.

21 de enero. Comunidades locales procedentes de varios territorios de Costa Rica presentaron evidencias de la guerra de megaproyectos que se tiende sobre el país, recrudecida hoy con el triunfo de la derecha.

El Tribunal estableció su postura en voz del doctor Alejandro Macchia y del doctor Gianni Tognoni. Se dicutieron opciones para imaginar las sesiones regionales (Latinoamérica, África, Asia, Europa y Norteamérica) y la posible metodología para las sesiones regionales en línea durante el año.

En la declaratoria del Tribunal que por su amplitud sólo puntearemos, se reconocen los siguientes puntos cruciales:

a) Violencia explícita y coerción territorial;

b) Presión política y captura de decisiones, es decir, “presión que adopta formas diversas que incluyen promesas de inversión, amenaza de desabastecimiento, litigios estratégicos, financiamiento indirecto, puertas giratorias entre agencias estatales y empresas, producción de informes ‘técnicos’ como argumento de autoridad, y construcción de marcos narrativos que fijan lo ‘realista’ y descalifican lo ‘imposible’”;

c) Vaciamiento de justicia en la arquitectura legal formal, “no porque la forma jurídica carezca de valor en sí misma, sino porque, en estos conflictos, la legalidad aparece con frecuencia como una cáscara vacía que confiere apariencia de regularidad mientras desplaza el debate democrático y convierte la obediencia en principio rector. Se legisla y se reglamenta para ordenar el mercado, no para proteger la vida; para estandarizar, no para reconocer diversidad; para facilitar la circulación de mercancías, no para custodiar bienes comunes. En ese marco, el derecho deja de ser un límite al poder y se vuelve una tecnología de subordinación”;

d) Concentración de beneficios y socialización compulsiva de riesgos: “Se legisla y se reglamenta para ordenar el mercado, no para proteger la vida; para estandarizar, no para reconocer diversidad; para facilitar la circulación de mercancías, no para custodiar bienes comunes. En ese marco, el derecho deja de ser un límite al poder y se vuelve una tecnología de subordinación”;

e) Invisibilización sistemática mediante fragmentación y exigencias probatorias subvertidas, “lo que significa que cada daño se aborda como un episodio aislado, a cada comunidad como caso desconectado, y a cada conflicto como un pequeño espacio sin vínculo con el patrón general. Se suma la exigencia de pruebas de causalidad en escenarios donde el Estado no produce datos, donde las exposiciones son crónicas y multicausales, y donde los afectados carecen de recursos para financiar vigilancia ambiental o sanitaria independiente. La consecuencia es el tornar invisible el proceso de daño e invertir la carga de lo demostrable”;

f) “El Tribunal reconoce la nutrida representación de las mujeres entre las personas directamente afectadas por estos procesos, especialmente en lo que concierne a la custodia cotidiana de semillas, la reproducción de prácticas alimentarias, el cuidado comunitario y la transmisión de saberes, lo cual hace que el daño sea mayor para las mujeres”.

Horizonte. A la sesión de lanzamiento le seguirá un periodo de más o menos un año donde los grupos y las comunidades puedan organizar sesiones virtuales regionales para presentar evidencias de sus agravios de un modo sistemático y detallado.

Este proceso es entonces la búsqueda de una visibilidad para racimos de procesos que parecen subsumidos en la normalización de la opresión y la deshabilitación: la unidad de los “pueblos de las semillas”, comunidades que han insistido en hermanarse con sus cultivos y que han mantenido una “integralidad ontológica” que las empata con esos cultivos con los que navegan la historia y afrontan el futuro.

Esta crianza mutua, tan entrañable, trasciende el oficio de sembrar para ganarse el sustento, porque su vida se va en ello.

Su pertinencia última, su urgencia extrema está expresada como nadie en la frase proferida por Xua Luis, comunero ñuhú de la Sierra Norte de Veracruz, cuando dice: “en eso de sembrar, no hay ni que hacer cuentas, porque… qué tal que nadie sembrara…”. Una responsabilidad que no transige por nada. Este proceso del Tribunal apela a defender esa responsabilidad.

 

Ésta es una versión ampliada y ligeramente diferente del texto aparecido en "Desinformémonos", en la columna Desde los fuegos del tiempo, en enero 19 de 2026.

comentarios de blog provistos por Disqus