A 30 AÑOS DE LA TRAICIÓN. LOS ACUERDOS DE SAN ANDRÉS: ENTRE LA SIMULACIÓN ASISTENCIALISTA Y LA PALABRA INSURGENTE
EL ESPEJISMO DE “ATENDER LAS CAUSAS”
Desde las oficinas federales y estatales se pregona una narrativa de cumplimiento. El discurso oficial sostiene que se están “atendiendo las causas” que dieron origen al conflicto mediante programas sociales y asignación de presupuestos. Sin embargo, esta visión es una trampa histórica. Al reducir la demanda de autonomía a una cuestión de carencias materiales, el Estado elude su responsabilidad principal: reconocer la autodeterminación y la autonomía que atravesaban transversalmente todas las mesas de diálogo.
LA GUERRA QUE NO HA CESADO
La historia de estos 30 años es también la de traiciones. El incumplimiento no ha sido pasivo; se ha ejecutado mediante una guerra de baja intensidad que ha mutado pero no desaparecido. Recordamos las turbulencias, los asesinatos y las masacres en la región Norte y los Altos, con la herida sangrante de Acteal como recordatorio del precio de la resistencia.
HONRAR LA FIRMA DESDE LA MONTAÑA
Frente a este escenario de simulación, el EZLN y las comunidades bases de apoyo han dado una lección de ética política sin precedentes. Ellos no esperaron el permiso de un decreto presidencial para cumplir con lo firmado en San Andrés. Han asumido su autonomía como un proceso vivo y en constante reflexión.
Desde los primeros Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) y las Juntas de Buen Gobierno, hasta la reciente transición hacia estructuras más horizontales como los Gobiernos Autónomos Locales (GAL) y los grupos de “comunes”, el zapatismo demuestra que la autonomía es una construcción cotidiana. A pesar de las agresiones, del cerco paramilitar y de las presiones de los megaproyectos que acechan sus tierras, han logrado lo que el Estado se niega a permitir: que los pueblos decidan su propio destino en salud, educación, justicia y gobierno.
EL SALDO DE LA TRAICIÓN
A tres décadas, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo es que un movimiento que hizo a un lado las armas para dialogar ha cumplido con su palabra, mientras que el Estado, con todo su poder, se ha dedicado a traicionarla? Celebrar los 30 años de San Andrés no es conmemorar un papel firmado, es reconocer la dignidad de quienes, en medio de la guerra y el olvido, siguen construyendo el mundo que los acuerdos prometían. Mientras el gobierno confunda presupuesto con justicia, el zapatismo seguirá demostrando que la verdadera autonomía no se compra con programas sociales; se siembra en la tierra y se defiende con la coherencia.