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LA PERCEPCIÓN DEL MUNDO DEL BATS’IVINIK FRENTE A LA NATURALEZA / 347

MIGUEL HERNÁNDEZ DÍAZ

El bats’ivinik tiene una manera de visualizar cualquier cosa (smelol sk’elel) como lo hacen otros seres humanos, y sólo varía en cuestión de la interpretación. Más en la praxis que lo ideal, enfatiza el sentido de ver nombrándola en su lenguaje. De acuerdo a la exégesis trae consigo desde la raíz maya otros retoños que tienen algo en común por ser parte de su integridad ontológica de vida. En la concepción del bats’ivinik el sujeto suele ser el que actúa para el objeto, el que determina con el otro existente en su entorno, como el producto de su obra, que no se iguala como él, aceptándolo con armonía para el uso en el trabajo, que él convive, según sea su naturaleza. Así, el primero utiliza la función de la vista para concebir bien al otro, se emociona aceptarlo, lo contempla con el entusiasmo por ser un sujeto sobre la tierra. Por ello, don Pascual Gómez Pérez, originario de Zinacantán, cedió esta opinión: “Primero utilizo la vista para demostrar cómo mis ojos captan las plantas, los animales y los cerros, que se valoran como seres existentes y sagrados por ser ellos el origen de la naturaleza”.

De tal manera que el originario discierne tal cosa, al apreciar la imagen por medio de la vista se sensibiliza y acepta de todo corazón y expresa el deseo de convivir con ella. Con esta afirmación lo declara con ánimo y la belleza por captar con la vista. Tarda en percibir hasta un par de minutos, mientras goza con la sensación de la hermosura, en los ojos que tanto desean la imagen desde la observación. Esto es, la visión es un estímulo que halaga por la lindeza del paisaje; se acerca para conocer las partes de un todo y nombrarla en la lengua bats’ik’op para distinguir la característica del sujeto u objeto, que se hace hincapié en apreciar de tal cual su contextura.

No sólo se queda con el saber de las partes, sino que también disfruta en el uso del tacto para palpar, sentir la suavidad o aspereza, si es que se trata de un objeto duro. Con semejanza de las plantas, se acogen en las manos y si es posible se olfatea. Que huele con la curiosidad de saber el buen o el mal sabor, lo que lleva a salirse de incertidumbre sobre el tipo de plantas del monte. Sin duda, la flor de cualquier color impresiona por la beldad, lo que nos lleva a oler para satisfacer el deseo de distinguir sabores.

Hay familias que siembran flores alrededor de la casa para embellecer la habitación donde viven. Con la intención de dar buena presentación del hogar, que puede ser la mata de la rosa, li k’oste’ (la flor rosa) o li ech’ (el tecolumate), que crece colgado en los brazos del árbol de roble. Estas flores se utilizan para el ritual en curaciones o en fiestas patronales. O sea, el curandero las usa en la sanación de una persona, que decora el altar en ramas y sobre ellas colocan las flores alrededor, adentro riega pétalos de rosa y otras enrolla en el arco para la estética del ritual del baño de curación. No obstante, la utilidad de las flores puede ser para embellecer la choza; también aportan néctar para la vianda de algunas aves (colibrí) y que convivan con las plantas, ya que algunas flores son útiles para el bien y la curación de enfermos. Por si fuera poco, las plantas y las flores pueden ser la alternativa de sanidad y que apetezcan la vida de las familias. O más aún, las flores pueden ofrecer gustos de algunas personas que aprecian la naturaleza. Queda entendido que los ojos funcionan para la exaltación de la naturaleza, está al día para el cuerpo, conduce para el movimiento al trabajo, existen cosas donde ponen mayor énfasis y otras no tanto, dependiendo del tipo de imagen que enfatiza a la vida del cuerpo.

Dándole el valor de las flores ofrecen fragancia, el cual se inhala por la nariz hacia los pulmones y se recupera con la buena respiración; mientras la esencia de la flor es parte de la vida que retoma el alma. El perfume va al cerebro y refresca la mente, algunos ancianos recomiendan recetas de vida. Por la elección del curandero encomienda algunas hierbas para limpiar el cerebro humano, por sólo inhalar la flor purifica la respiración en los pulmones. Esto es, la planta ofrece alguna curación para la gente, con la mente refrescada funciona mejor para la vida y el trabajo. En este sentido, la fragancia, por sólo haber sido olida la flor, hace sentir mejoría y hace bien en la labor del día. Don Agustín Hernández, originario de Bayalemo’, conversó que “li ch’ulel ts’i’lel (la hierba de espíritu) es utilizada por la gente para purificarse por su fragancia, principalmente cuando sienten algún mareo por exceso de trabajo, se acude al lugar donde está plantada y al paso de cinco minutos siente un pequeño alivio por la frescura de la hierba”.

Los ancianos hablan de que inhalar la flor perfecciona en algo el pensamiento, asea el cerebro y mejora la articulación de la mente. Por supuesto, el aroma es una sustancia que puede ofrecer la felicidad desde el sentir espiritual, que otorga la respiración suave desde el campo para abrazar la vida. Con el aroma cambia la emoción y la alegría de los seres vivos, prospera la vida, también tiene una función sintomática para la existencia de los vivos. La perspectiva de los originarios es vivir más tiempo, con el valor de las ideas de sus antepasados, con más tiempo para recorrer la vida; su relación armónica con la naturaleza es causa de bien, por el trato con la montaña es que inhalan el oxígeno para que vivan en común. Todo ello, la cohabitación entre los originarios y los montes, así como la existencia más pura que ofrecen las raíces, el tallo, el gajo, las hojas, la flor y el fruto. Con mayor insistencia, el bats’ivinik disfruta la presencia de los bosques y los cerros, que proporcionan el aliento de la vida. Inclusive, los cerros brindan energías que filtran de las cuevas y de las piedras para la existencia de los seres vivos. Con esta realidad viviente, los originarios ofrecen el corazón por la vida natural, la conformación entre la existencia física y el gozo espiritual por su origen ontológico como ser humano. El organismo percibe la vitalidad por el aire, a través de la piel es que penetra en el cuerpo, con la frescura alienta los pulmones y los poros, donde filtra el aire para la vida y desde el corazón da toda la integridad del cuerpo. Los cabellos gozan por la maniobra del aire; igual los ojos disfrutan por la percepción de la hermosura de los bosques. Con las manos palpan las hierbas con sensación de que le resucitan la vitalidad del cuerpo. Con el gusto siente el sabor de algunas plantas comestibles que nutren el cuerpo. Con la audición escucha el ruido de la naturaleza en el que percibe los ecos del viento de las montañas.

Con el olfato huele las plantas y los frutos comestibles del campo; con mayor razón, el oxígeno más refrescante proviene de las montañas, que penetra en la respiración para la vida y los árboles por sus hojas transpiran frescuras para los seres vivos. Doña María Socorro Hernández es curandera de Zinacantán, nos comenta que poco se enferma por inhalar un aire puro de la zona. El cuerpo se fortifica con el organismo sano por vivir en las montañas, con el aire limpio preserva la salud y prolonga la vida en el campo. Por ende, ella habla de su experiencia. “Cuando voy al campo, aunque me sienta mal, me levanta el ánimo caminar en el monte, con la mente sana me siento bien durante la jornada del día, con felicidad y deseo de vivir en las praderas”.

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Miguel Hernández Díaz es un filósofo tsotsil originario de San Andrés Larráinzar, Chiapas. Realizó un postdoctorado con el proyecto “Filosofías de los pueblos originarios en América Latina: Maya, Náhuatl y Quechua-aymara. La episteme y la moral”. Se considera explorador y defensor de las filosofías y pensamientos de los pueblos originarios en América Latina. Presentamos aquí un fragmento del libro La filosofia bats’ivinik-tsotsil la concepción de sentir y pensar la vida y la naturaleza (Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México, 2024, 194 pp.).

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