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EL SENTIR DE LOS SONES

ADAMARY GARCÍA FERNÁNDEZ
Para los sones que hicieron de mi infancia la mejor etapa.
Para las generaciones…
de ayer…
de hoy…

y de las que aún están por danzar.

Hubo una tarde en la que me pregunté: ¿por qué ya no quieren bailar, si es tan satisfactorio hacerlo? ¿Por qué ya no quieren, si eso nos hace sentir vivos?

Y es que la danza de los huehues es muy linda. Todo el proceso: elaborar las máscaras, buscar la ropa, elegir cada accesorio. Porque sí, cada quien desea que su vestuario sea el mejor, el más llamativo, el que más destaque entre todos. Es hermoso ver cómo acuerdan la hora y el lugar para vestirse, a escondidas, para que nadie los reconozca. Descubrir quién era quién se volvía todo un reto, la mejor de las adivinanzas. Y también está ese momento en que se reúnen con los señores que entonan los sones, los que le dan vida a esta fiesta llena de color y tradición.

El recuerdo de la danza de los huehues es uno de los más bellos de mi vida. Recuerdo cómo iba con mi familia, recorriendo las calles de la comunidad al compás de los sones. Primero acompañamos a mi papá, que bailaba; después, a mi hermano mayor. Ese se convirtió en uno de mis recuerdos más entrañables: ver cómo él elaboraba su máscara con tanta dedicación e imaginación, cuidando cada detalle para hacerla única, y cómo se esforzaba en el vestuario, buscando desde el pantalón hasta la camisa perfecta para el personaje que quería representar.

El zapateo, la mezcla de la guitarra, el violín y el órgano, junto con los personajes, hacían de todo una verdadera fiesta. Era un sentimiento en el corazón que no se puede explicar. Podías recorrer las calles desde el inicio hasta el final y nunca te aburrías, porque en cada casa se vivía una fiesta distinta. Tal vez eran los mismos pasos, los mismos sones, los mismos personajes e incluso los mismos gritos, pero la vibra no era la misma: cada vez se volvía más intensa, más contagiosa, más mágica.

Los huehues son algo que todos debemos sentir y bailar, hasta que los pies suenen bajito, pero sin permitir que los zapatos dejen de zapatear. Porque el zapateo es único.

Porque los huehues son únicos.
Porque los sones son únicos.
Porque todas las almas hacen una sola fiesta.

 

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Adamary García Fernández es originaria del municipio de Papantla, Veracruz.

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