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VIVE LA SIEMBRA. EN LAS SEMILLAS ESTÁ NUESTRO PASADO MILENARIO Y TODO NUESTRO FUTURO

JOSÉ GODOY BERRUETA

Las semillas son un punto de encuentro y relación de las colectividades humanas con su entorno. A través de la siembra no sólo se producen alimentos, sino que se reconoce el estado actual del suelo, el agua, el clima en su conjunto, la biodiversidad y en general los ciclos de la vida.

Las semillas que se siembran hoy son una conexión con todo nuestro pasado milenario, con todo el futuro que se pueda imaginar y provocar con la agricultura.

Los pueblos del mundo, que no son las naciones-Estado, han viajado con sus semillas a lo largo y ancho del planeta peregrinando, migrando, haciendo intercambios, ceremonias o exploraciones y sorteando así toda clase de situaciones ambientales y sociales, incluida la esclavitud, las guerras, invasiones y colonizaciones. Han dispersado y adaptado biodiversidad de mano en mano o naturalmente como hacen los pájaros, toda clase de mamíferos y el mismo viento. Para la dispersión de la biodiversidad no hay límites ni fronteras más que los que la propia naturaleza reconoce.

En la actualidad es casi imposible pensar las crisis separadas unas de otras. La crisis ambiental, alimentaria, de salud y climática, por ejemplo, están profundamente interconectadas. Es fundamental conocer e intentar comprender en todas sus dimensiones la crisis de la amenaza a las semillas de los pueblos en este contexto. Las semillas se han criado mutuamente con las sociedades-colectividades humanas a través de cientos o miles de años y de innumerables procesos colectivos de selección, prueba, diversificación y dispersión.

Es totalmente ilógico que en la nueva conformación mundial “liderada” por Estados y empresas se permitan imaginar la propiedad sobre alguno de los aspectos de las semillas. Tan sólo esa perversa imaginación ha llevado a la irreparable pérdida de miles de variedades de semillas y otras variedades vegetales que en su integralidad conforman la verdadera alimentación, nutrición y cultura de los pueblos. En esta integralidad de perspectiva, desde las semillas se comprenden mejor los ataques a la naturaleza perpetrados por la agroindustria o el agronegocio, que acapara tierras, destruye suelos, roba y acapara el agua, contamina de agrotóxicos o pesticidas, aplica tecnologías digitales contaminantes y monopólicas y concentra y ejerce un acaparamiento global de los mercados. Sustituye los cultivos y alimentos biodiversos, tradicionales y silvestres por mercancías agrícolas de moda que se imponen a través de propaganda a todo el mundo generando la expansión de la frontera agrícola en detrimento de los territorios y sistemas agrícolas campesinos y silvestres.

En el Tribunal Permanente de los Pueblos que inició en Cartago, Costa Rica a fines de enero pasado y cuyo proceso durará por lo menos un año, se pretende acompañar el proceso de visibilizar la relación de los pueblos con sus semillas y hacer un esfuerzo por nombrar la enormidad de este ataque a los pueblos de las semillas en el propio lenguaje de los pueblos. Sin imposiciones de ningún tipo, académicas, coloniales o de la propia digitalidad del lenguaje, partiendo como se dijo en la sesión inaugural de que “no hay pueblos sin semillas ni semillas sin pueblos”. El intento es hacer eco y conciencia de este fundamental problema dentro de las múltiples crisis que enfrentamos y comprender que sólo garantizando la existencia de los pueblos sin genocidios ni imperialismos, manteniendo y defendiendo la integralidad de los territorios incluidas sus semillas cultivadas y silvestres, podremos un día reivindicar la biodiversidad que nos enseñaron y ejercieron nuestras antepasadas y antepasados.

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