EL MAÍZ ES EL CORAZÓN DE LOS PUEBLOS / 348
Cuatecomaco, Veracruz. Aldo González Rojas, integrante de la Unión de Organizaciones de la Sierra Juárez, Oaxaca (Unosjo), deshilvana algunos de los ataques que ha sufrido el maíz en los tiempos de guerra, parafraseando el título del documental del director de cine Alberto Cortés. Del 2001, cuando se enteraron de la contaminación por transgénicos de los maíces nativos de la Sierra Norte de Oaxaca, hasta la actual iniciativa de la Secretaría de Ciencia y Tecnología y otras secretarías del Estado, para fomentar el uso de la edición genética en nuestro país, incluido el maíz.
Hace 25 años se prendieron las alarmas y desde Oaxaca se difundió el hallazgo del maíz transgénico en la sierra, el estado, el país y el mundo, “pues nos enteramos que había transgénicos en otras semillas y en otros lugares del planeta, y fue así que se activó la alerta para iniciar una lucha en defensa de los maíces nativos”, explica el defensor zapoteco originario de Guelatao. Eran años de trabajo en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, cuando muchos de los pueblos se organizaron junto al EZLN y al Congreso Nacional Indígena.
“Estábamos en la defensa de los territorios, pero pues el maíz es el corazón de los pueblos indígenas, entonces no podíamos dejar a un lado esta situación. Con el paso del tiempo hemos visto otros ataques al maíz”, advierte González en la entrevista realizada en una visita a la comunidad de Cuatecomaco, municipio de Zontecomatlán, Veracruz, en el marco de la Asamblea de la Red en Defensa del Maíz, que se reunió en marzo en las instalaciones de la legendaria Radio Huayacocotla.
En una revisión cronológica, Aldo explica que después, en 2005, “se aprobó la ley de organismos genéticamente modificados en México, que prácticamente estaba fomentando la siembra de transgénicos en el país y no estaba procurando la bioseguridad. Luego, en 2007, se aprueba otra ley relacionada con la certificación de las semillas. Es ahí cuando vemos cómo se empieza a atacar la libertad de las semillas”, pues necesitan “que estén registradas, que estén certificadas, para que puedan comercializarse”.
La realidad es que las semillas campesinas y las semillas indígenas han sido libres y no han necesitado de ningún documento para poderse intercambiar, ni para venderse. Entonces, señala González, “nosotros vemos que las empresas transnacionales empiezan a poner más limitaciones a las semillas porque son sus intereses y los gobiernos las protegen a través de las leyes”.
Con el paso del tiempo, advierte, “vemos que los tratados comerciales están orientados hacia ese sentido, tanto el Tratado de Libre Comercio como el actual tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, que establece, por ejemplo, que nuestro país tiene que aprobar UPOV 91, que es un convenio internacional para la protección de los obtentores de nuevas variedades vegetales”.
Como suele suceder al inicio de estas estrategias, a los pueblos y comunidades no se les informa en qué consisten estos planes y cómo los afectarán. “Nosotros al principio no sabíamos quiénes eran los obtentores, pensamos que eran los investigadores que se dedicaban a obtener nuevas variedades de semillas. Pero no, los obtentores son las empresas”.
De lo que se trata, indica el entrevistado, “es de que finalmente están protegiendo los intereses de las empresas transnacionales que están haciendo semillas a partir de las semillas campesinas. Ellos no pueden inventar ninguna semilla de la nada. Necesitan las semillas campesinas a las que le hacen alguna modificación, le quitan alguna característica o acentúan alguna característica que ellos quieren que esté más presente, y con eso dicen que ellos han generado una nueva variedad o una nueva semilla o hicieron una semilla híbrida o hicieron una semilla transgénica. Ese es el fondo, y por eso seguimos luchando en contra de UPOV 91”.
LAS AMENAZAS ACTUALES
“En los últimos años nosotros hemos visto mucha simulación. Se han lanzado dos decretos donde se dice que se va a prohibir la siembra de maíz transgénico en México, pero eso en alguna medida ya estaba previsto. También dicen que se va a disminuir y hasta eliminar el uso del glifosato, eso fue en el sexenio anterior, pero en este sexenio ya no. Incluso en este sexenio la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural presentó una iniciativa y aparte se firmó un decreto para que se prohibieran 35 agrotóxicos, pero eran muchos de los que ya se habían prohibido antes. Y no se tocó el glifosato, no se tocaron los agroquímicos que están envenenando a muchos campesinos en nuestro país”, señala el también miembro del Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca, que a su vez forma parte de la Red Nacional en Defensa del Maíz.
La estrategia es clara: “Se trata de decirle a la población que están haciendo algo en contra de los agrotóxicos, simulan que están prohibiendo algunos agroquímicos pero los más venenosos están dejando que sigan funcionando”.
Y ya recientemente, comenta el defensor, “las agresiones al maíz son el uso de una nueva tecnología que es la edición genética, en la que se supone que no van a ser transgénicos. Incluso la presidenta presentó una iniciativa de reforma a la Constitución para decir que se prohibía la siembra de transgénicos”. Pero, aclara, “los transgénicos ya son una tecnología vieja. Hablar de transgénicos en la Constitución es como hablar de nada. En algún momento dijimos que mejor deberían decir organismos modificados genéticamente. El problema real es que la industria transnacional es la misma y son las mismas instituciones gubernamentales. No hacen similar la edición genética con la modificación genética. Como si fuera otra cosa”.
En cambio, refuta a las instituciones, “nosotros decimos que aunque no se le meta a un organismo un gen de otro organismo diferente, si hay alguna modificación en su ADN, es un organismo modificado genéticamente y debería estar regulado, al menos como hoy lo establece la ley de organismos modificados genéticamente. Pero eso no lo quiere asumir. Y no sabemos qué va a pasar”.
Por lo pronto, “ya hay una iniciativa de la Secretaría de Ciencia y Tecnología y otras secretarías del Estado para fomentar el uso de la edición genética en nuestro país, incluyendo al maíz”.
DEFENDER EL MAÍZ ES DEFENDER A LOS PUEBLOS QUE CULTIVAN EL MAÍZ
Para Evangelina Robles, del Colectivo por la Autonomía de Jalisco, presente también en la Asamblea celebrada en Huayacocotla, “lo importante es defender los centros de origen de diversidad de las semillas locales en el mundo”. Por eso, “pensamos que no era tan importante denunciar la técnica (de la producción de transgénicos) sino el objeto. ¿Para qué estaban haciendo eso? Y concluimos que lo que quieren es apropiarse de las semillas y hacer negocio”.
Desde la fundación de la Red en Defensa del Maíz, explica Robles, “estábamos preocupadas y preocupados por lo que iba a pasar con el maíz ante la amenaza del cultivo de maíz transgénico. No entendíamos claramente qué implicaciones tenía, y nos reunimos en un primer foro en su defensa para analizar esta situación. En ese foro había representantes de comunidades indígenas, ejidos, campesinos, gente del campo, de la ciudad, todas y todos preocupados por la defensa del maíz nativo, pensando que México es centro de origen y diversidad del maíz para el mundo”.
El gran problema, insiste, es el negocio de la alimentación y en que “lo que comemos esté en manos de las empresas y de los gobiernos y en cómo lo producen. Esas semillas están hechas específicamente para producirse con agrotóxicos, son semillas que aguantan más agroquímicos, glifosato y otros más”.
INTERCAMBIO DE SABERES Y DE SEMILLAS
Eva, quien ha estado desde la fundación de la Red, explica que “es un espacio de confianza, donde todas y todos llegamos a compartir qué sucede en nuestras comunidades, a entender qué leyes y programas impactan en la milpa, porque el maíz nunca va solo, se cultiva en comunidad, y lo que hemos concluido es que el maíz y la milpa son nuestras hermanas y hermanos y lo cultivamos, y ellos nos cultivan a nosotras y nosotros”.
Lo anterior lleva a otra conclusión: “Para defender el maíz también hay que defender a los pueblos que cultivan el maíz. Hay que defender el territorio, la autonomía, la libre determinación, pues sin milpa, sin alimentos propios en las manos de los pueblos, no puede haber autonomía ni libre determinación”.
En la Red, continúa la también abogada, “acordamos que defender el maíz, cuidarlo, se hace sembrándolo, y que eso es un acto político: sembrar, y si se puede de manera colectiva, comunitaria, es mejor. Y no sólo en el campo, también en el ciudad. Y no sólo el maíz”.
Cuado se defiende el maíz, la milpa en su conjunto, se denuncian las leyes que lo atacan, como las que se han realizado en los últimos años. Eva coincide con Aldo en que las reformas legales “no protegen el maíz”. Y que el decreto que prohíbe el maíz transgénico en México “es bueno, pero no suficiente”. Lo que se requiere, enfatiza, “es apoyar la agricultura campesina y dejar de apoyar la agroindustria, que lo único que hace es ocupar territorios, acaparar tierras, acaparar agua, destruir la biodiversidad local y desplazar a las comunidades”.
En esta Asamblea de la Red, en su primer cuarto de siglo, “nos estamos encontrando, compartimos nuestras experiencias, no sólo las denuncias y los problemas, sino que tenemos claro que la defensa de las semillas y la vida campesina es la posibilidad de soñar un futuro sano y digno para los pueblos en la humanidad. Estamos defendiendo la vida”.