LA DIGNIDAD DE VIDA DE LAS MUJERES
Poco impresionante debe de resultar que un libro escrito bilingüemente en lengua indígena y castellana, cercano a cumplir apenas trece años, destaque aún como una de las piezas literarias con mayor horizonte de posibilidades para ser leído y releído, aunque al mismo tiempo sufre de uno de los males más comunes para las literaturas escritas por personas indígenas: ser mal leído. Mojk’jäyä / Mokaya es el título del segundo poemario publicado por la escritora zoque Mikeas Sánchez, quien nos explica en la contraportada el origen del título: Mojk es la raíz etimológica de maíz en lengua ore, Mokaya significa el hombre del maíz, que deriva directamente de Mojk’jäyä o la mujer. Desde su titulación e interpretación para la razón castellanizada, se asoma una de las propuestas de la obra: aquí las poéticas trascenderán una manifestación meramente estética, para ofrecernos una ventana literaria a entender cómo se pueden escribir y describir las relaciones de género y con la tierra, desde los pueblos indígenas o más concretamente desde la lengua ore y el universo zoque.
Si no se puede concebir el universo zoque sin la dualidad complementaria entre aquello que el castellano nombra femenino, lo que nombra masculino y su vínculo con la tierra, mucho menos puede deslindarse su creación literaria de estas cualidades. Recuperando un par de fragmentos del poema titulado Uno del primer apartado Ore’yomo, leemos cómo el poemario no pretende usar lo poético para ocultar o velar. Por el contrario, propone también la denuncia como parte de la expresión estética de sus letras, nombrando por ejemplo la hostilidad que una niña zoque puede vivir desde antes del nacimiento por parte de un varón:
tu padre prefirió niño […]
Sin embargo, toma apenas un verso para que la voz poética de la autora funja también como tribunal omnisciente que reconoce aquel desdén del varón como una condena de ignorancia, que a nosotros los lectores nos empuja a entender que aquel famoso constructo social llamado género ordena los juicios del varón, obstaculizando o removiendo la posibilidad de comunicarse con las estructuras más fundamentales de su comunidad:
la voz antigua de las ore’yomo
El muy revolucionario juego (para el mundo occidental) del “tránsito de género” y su ligadura con la tierra no para ahí, y tampoco se limita a situarse en el cuerpo feminizado. Así, en unos versos de Al niño recién nacido se vislumbra cuestionar cuáles son los límites mismos de las concepciones que tiene la indigenidad con el sexo y el género, a comparación de las que tiene el mundo occidental:
Y la velocidad del Gran Mä ‘ä bät
La obra abarca la dualidad a través de una miríada de asuntos que, si bien siempre han estado presentes en literatura escrita por personas indígenas, todavía es difícil de reconocer para muchos sin esencialismos o romanticismos apenas velados. Mikeas Sánchez abarca así la infancia, la vejez, la sexualidad como dimensión humana y el erotismo como espectro de la experiencia sensible del ser, la injusticia dentro y fuera de la comunidad, la violencia, el amor y mucho de lo tan comúnmente llamado “universal”.
No obstante, terminar de leer Mojk’jäyä / Mokaya para quedarse sólo con el magistral uso del bilingüismo, el ritmo, la cadencia, uso de tropos literarios o congruencia temática es apenas correcto, peor sería salir con una lectura superficialmente paisajística, romanticista, antropológica o mágica de la radiografía que Mikeas nos versifica en sus páginas. Por el contrario, es necesario destacar que si bien la obra navega constantemente entre los universos de la dualidad y la binariedad con una soltura disruptiva —que la vuelve una lectura obligatoria para todas aquellas personas que pretenden profundizar su comprensión literaria, filosófica o política del presente, pasado y futuro indígena—, la obra cobra su verdadero sentido si conciliamos que lo anterior no está peleado con que el cuerpo de esta obra es un cuerpo situado e indiscutiblemente femenino, un cuerpo de mujer indígena representado con ilustraciones a lo largo de todos los apartados para enmarcar la declaración magna del libro: ser mujer indígena es una condición humana inherentemente digna de vivir y ser vivida, a pesar de los esfuerzos de otros por volverla indigna.