LA SEMANA SANTA QUE FUE EN HUEYTAMALCO
En el calendario aparece una fecha muy importante en la vida de los cristianos (católicos, ortodoxos, ramas protestantes como luteranos y anglicanos): la Pascua o Domingo de Resurrección, y los días anteriores a ésta, el llamado “Triduo pascual”, que es el núcleo más solemne de la semana que denominamos como “Santa”. Estas celebraciones comienzan con un tiempo de espera y preparación denominado Cuaresma, que son cuarenta días antes del Jueves Santo, que inicia el Miércoles de Ceniza. En este periodo de cuarenta días, los templos y los sacerdotes usan el color morado, cuyo significado es la penitencia, ayuno y preparación espiritual del cristianismo.
En Hueytamalco, durante el siglo pasado, estos días eran considerados de sumo respeto, ya que era el recuerdo del sacrificio de Jesucristo. Para eso, los jefes de familia respetaban fuertemente el ayuno y abstinencia en todos los ámbitos. La carne roja o de animales de “sangre caliente” no estaba permitida, esto incluye el cerdo, la res, el pollo, solamente se consumía la carne de “sangre fría” que viene siendo el pescado, camarón, ostiones, plantas como quelites, semillas, hongos… Sigamos recordando la celebración que fue: los grandes de Hueytamalco respetaban la abstinencia de la carne roja, por lo que los esposos pedían a sus esposas que fueran al centro a comprar camarón seco o en polvo para hacer la tradicional “torta de camarón” o el pescado para hacer caldo.
En Semana Santa, el ayuno se endurecía más, las familias cambiaban sus vestimentas a unas de luto, se vivía un ambiente en los hogares de reflexión y meditación. Las imágenes de los altares en las casas se cubrían con un pañuelo como señal de respeto, solamente se dejaba al descubierto el rostro de Jesús para poder orar. Se tenia prohibido alzar la voz, ni decir palabras obscenas, se sentía un gran respeto. El Jueves Santo sólo se comía atole agrio con quelites y tortillas duras, en las parroquias se conmemoraba la ultima cena y el lavatorio de pies, las campanas dejaban de tocar, el viernes era igual, no se comía mucho, se hacía el Viacrucis con sumo respeto en las calles del pueblo, no había misa, el ambiente era de tristeza y reflexión, la noche no había ruido, sólo silencio y vigilia en la iglesia. El Sábado de Gloria seguía lo mismo que el viernes, pero menos denso, aunque no se podía hacer misas ni tocar las campanas, se tocaba la matraca de madera, al atardecer se hacia la “Vigilia pascual” y el encendido del nuevo cirio.
La Pascua era día de gozo, era la resurrección de Jesús, se podía hacer misa, se daban los sacramentos de Bautizo, Confirmación y Comunión a los adultos que no lo habían hecho. Las familias degustaban abajo del quiosco un rico postre tradicional denominado “soleta”, que son una especie de bizcocho hecho de clara de huevo y rayadura de limón, se degustaban con un vaso de nieve, que era de sabor canela. En las casas se degustaba un buen pescado, ya sea asado, frito, en caldo, era el final de la Semana Santa, pero comenzaba el tiempo de Pascua, que duraba cincuenta días hasta finalizar en Pentecostés.
Así se celebraba la Semana Santa en Hueytamalco no hace más de treinta años. Como expuse, había costumbres y tradiciones que los grandes realizaban con sumo respeto y que cuyas prácticas han caído en desuso entre las generaciones más jóvenes, siendo las pocas tradiciones que aún se conservan el consumo de las soletas abajo del quiosco, con la nieve de canela o recientemente de diferentes sabores.