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LA VIOLENCIA DEL CAPITAL EN EL ISTMO DE TEHUANTEPEC

JESÚS CRISTOFER FUENTES RUIZ

Nada de lo que está sucediendo en el sur-sureste del país es casualidad. La imposición de la carretera Palenque-San Cristóbal, la contrainsurgencia a las bases de apoyo zapatistas, la destrucción de la selva maya y la industrialización del Istmo de Tehuantepec son proyectos que están inscritos en la reestructuración del sistema capitalista global.

La articulación de estos proyectos se impone bajo la réplica del viejo discurso de “desarrollo”, mismo que es intangible en las diversas comunidades que se enajenan. Con estas estrategias de destrucción territorial y la integración de las distintas tramas de la vida al proceso de valorización se busca subordinar el territorio al capital.

Y es en el Istmo donde históricamente se ha pretendido la construcción de una red de transporte multimodal, para la agilización de mercancías hacia el mercado global. Han sido los gobiernos abiertamente neoliberales los que en su actuar servil han intentado consolidar este megaproyecto, conocido con distintos nombres: Plan Puebla-Panamá, Proyecto Mesoamérica o Zonas Económicas Especiales; siendo un gobierno de tinte progresista, el de la 4T, el que logró consolidarlo, a partir del año 2019.

Es con la implementación del Programa para el Desarrollo del Istmo de Tehuantepec, mejor conocido como Corredor Interoceánico, que se ha intensificado el despojo, la destrucción de los ecosistemas de selva baja y lagunar, así como la industrialización del paisaje, la valorización de lo natural y lo más abrupto de ello: una violencia exacerbada en toda la región.

Es la violencia una de las formas del sistema capitalista para garantizar su reproducción. Es el terror poblacional, impuesto por los grupos criminales, que busca la atomización del tejido social comunitario, no sólo para facilitar la entrada de los proyectos que darán perpetuidad a las formas de acumulación capitalista, sino también como justificación para militarizar el Istmo. Militarización que no pretende acabar con la violencia de los grupos criminales, sino subsumir el territorio.

Son estos grupos criminales los que han impuesto un disciplinamiento social a base del terror. Son las narcomantas, los cuerpos mutilados, las casas baleadas, los negocios incendiados y el cobro de piso —el pan de cada día en las comunidades— lo que ha hecho que la región del Istmo de Tehuantepec se conforme como una “geografía del terror” (Oslender, 2008).

Estas expresiones de la violencia están acompañadas de ataques constantes a todos los que resisten ante la embestida capitalista y se niegan a la mercantilización de su territorio. De acuerdo con el monitoreo de “Alas y Raíces de los movimientos sociales en Oaxaca”, elaborado de diciembre de 2022 a mayo de 2025, durante los últimos tres años a nivel estatal el Istmo de Tehuantepec ha concentrado el 50% de agresiones —homicidio, ejecuciones extrajudiciales y desaparición forzada—, así como el 67.7% de agresiones a defensores del territorio, todas éstas ligadas a la implementación del Corredor Interoceánico.

Hay que tener claro que la presencia de las fuerzas armadas en el Corredor Interoceánico no es para procurar la seguridad de la población, ni el cese de la violencia; sino para garantizar la consolidación de los proyectos del capital que llegan y se anidan para subsumir la región.

Es esta geografía del terror implementada por la violencia al servicio del capital lo que reconfigura el territorio y desarticula la organización comunitaria que viven las comunidades originarias del Istmo de Tehuantepec, que en su memoria organizativa tienen presente la defensa del territorio frente a la destrucción socioambiental ejecutada por los parques eólicos, diez años atrás; donde los mismos grupos armados de hoy también garantizaron las condiciones para la acumulación.

Es la violencia una de las claves del sistema capitalista para introducir los megaproyectos en las distintas comunidades. Es ésta la que hoy como hace diez años se sigue produciendo contra las comunidades istmeñas y sus defensores comunitarios, con la única finalidad de acumular infinitamente.

 

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Jesús Cristofer Fuentes Ruiz es doctorante en Ciencias Sociales, Área de Estudios Territoriales UAM-X, tliltikpraxedis@gmail.com.

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