ACAMPAMENTO TERRA LIVRE 2026: NUESTRO FUTURO NO ESTÁ EN VENTA / 349
Sonaron con fuerza las maracas, los cascabeles y los cantos tradicionales en las calles de Brasilia: eran los pasos firmes del danzar de los pueblos indígenas que llegaron a esa ciudad el pasado 5 de abril para levantar y dar vida al Acampamento Terra Livre (ATL) 2026. Cientos de delegaciones y representantes de los pueblos indígenas, la mayoría viajando por muchas horas, incluso días, prepararon sus maletas desde sus comunidades para llegar a la capital del país con mayor extensión territorial del Cono Sur para exigir el reconocimiento a sus demarcaciones territoriales, todos ellos agrupados en la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) y el Foro para la Defensa de los Derechos Indígenas (FDDI).
La APIB es una instancia organizativa de los pueblos indígenas a nivel nacional y constituye una referencia de lucha sostenida, se integra por 315 de los 391 pueblos indígenas de Brasil reconocidos oficialmente, entre los que se encuentran los atikum, caiabi, marubo, kalapalo, kaxuyana, kamaiura, maxineri, auwé xavante, wassú cocal, wauja, tikuna, tuxá, guajajara, karapotó, wanano, hunikuin, tumbalalá, kambeba, guaraaní, truká, kanela, guaraní kaiowa, fulnni-ó, nukini, tukano, paresi, puyanawa, arapaco, tapajo, pankara warichana, piratapuya, aíkhana, munduruku, nawa, terena, karaká, paumari, baniwa, por mencionar algunos.
El ATL nació en el 2004 en el marco del Día de los Pueblos Indígenas. En ese entonces, las vocerías y liderazgos de las comunidades denunciaron la política indígena impuesta en Brasil en aquellos años y los daños a los territorios indígenas causados por los impactos de los proyectos extractivos de gran escala, los programas de aceleración del crecimiento, así como la criminalización de líderes y comunidades. Las demandas de salud, educación, territorios, legislación e identidad indígenas reivindicadas estaban apegadas a lo establecido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Este año el ATL cumplió 22 años, en que además de ser un espacio de encuentro, articulación y movilización, ha permitido formular acuerdos y posicionamientos frente a los despojos neocoloniales y las violencias estructurales hacia las comunidades. De acuerdo a cifras de la APIB, este año reunió a más de 7 mil indígenas de más de 200 pueblos.
En la agenda de trabajo del campamento estuvo una plenaria denominada “Memoria, verdad y justicia” para debatir sobre los principios de reparación integral, no repetición y justicia para los pueblos indígenas de frente a la creación de una Comisión Nacional Indígena de la Verdad. El 7 de abril se llevó a cabo la movilización nacional hacia el Congreso, bajo el lema principal: “Congreso enemigo de los pueblos: nuestro futuro no está en venta”. El 8 y 9 de abril, las delegaciones se concentraron en las mesas de discusión sobre los escenarios globales, la crisis climática, las luchas ambientales, propuestas de educación y articulación de las organizaciones indígenas ante la coyuntura electoral del 2026.
La marcha del 7 de abril fue una extensa, nutrida y revitalizante movilización al Congreso Nacional, donde la avenida principal hacia el recinto legislativo fue pintada de todos los colores, sonidos y cantos de la resistencia indígena brasilena, portadora de demandas y conocimientos ancestrales de más de quinientos años, donde bebés, infancias, juventudes y personas adultas orgullosas de sus raíces se hicieron visibles ante la sociedad brasilena que ha expresado racismo y actitudes reaccionarias. Los voceros alzaron su voz de manera clara y contundente ante un exterminio anunciado y la falta del reconocimiento a sus demarcaciones.
El Congreso fue señalado como enemigo de los pueblos indígenas y del medio ambiente, debido a que se han aprobado más de 20 propuestas antiindígenas, entre las que se encuentra la Ley 14.701, la ley de Marco Temporal aprobada en el 2023, la cual condena a las comunidades a un genocidio, ya que desconoce la propiedad de las tierras ocupadas por las comunidades indígenas antes de 1988, fecha en que se publicó la Constitución Federal Brasileña.
En el 2023, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva prometió no dejar ninguna tierra indígena sin demarcar durante su mandato. Sin embargo, la promesa no se ha cumplido. En respuesta a ello, la demanda central de este año fue seguir exigiendo la demarcación de tierras indígenas, los cuales son territorios clave ante el avance del capitalismo voraz materializado en proyectos agroindustriales, hidroeléctricos, mineros y petroleros. De acuerdo a los voceros del ATL 2026, hay 76 tierras indígenas listas para su reconocimiento oficial, sólo están esperando la firma del presidente Lula.
Las demarcaciones indígenas no sólo es un tema por el establecimiento de fronteras, sino que es una lucha por marcar un límite claro ante el inminente y agresivo avance capitalista. Bajo las demarcaciones se garantiza el respaldo legal de sus tierras, certeza agraria, y lo más esencial es que asegura la reproducción de la vida de las comunidades, su protección y uso exclusivo de las comunidades.
Los pueblos señalan que ante la ausencia de delimitaciones territoriales indígenas se ha exacerbado el clima de violencia y crímenes en sus territorios, sobre todo para las y los líderes de las comunidades, que siguen sufriendo criminalización por su lucha en defensa de la tierra. En la carta de la APIB al Congreso Nacional mencionan: “Exigimos acciones concretas para la regularización de las tierras, la protección territorial y el respeto a la autonomía”. Señalan que sus territorios no son mercancía ni moneda de cambio, sino que significan su existencia y conexión con la tierra.
En los territorios indígenas viven guardianas y guardianes de la floresta (bosque) y la Amazonía, quienes resguardan las reservas naturales con mayor extensión del Cono Sur. Son seis ecosistemas principales que existen en Brasil: la Amazonía, Caatinga (un ecosistema exclusivamente brasileno), el Cerrado, la Mata Atlántica, la Pampa y el Pantanal; esos territorios guardan una interacción única entre el suelo, subsuelo, agua, biodiversidad y cosmovisiones. Debido a su extensión territorial, Brasil es el país con mayor biodiversidad en el mundo; de acuerdo a la ONU, cuenta con más de 133 mil especies de flora y fauna y cada año se descubren 700 nuevas especies animales. El Cadastro Nacional de Florestas Públicas (Registro Nacional de Bosques Públicos), que entró en vigor en el 2006 por el Servicio Forestal Brasileño, señala que hay más de 333 especies de maderas forestales de este país que evidencian la exquisita variedad de colores, aromas, texturas y densidades, una maravilla de la vida.
Estos territorios hoy se enfrentan a graves amenazas, entre ellas la contaminación de ríos y otros cuerpos de agua por la minería y la extracción imparable y a gran escala de unos 4.3 millones de barriles de petróleo crudo diarios que coloca a Brasil como el líder regional del oro negro, de acuerdo a datos de la Administración Internacional de Comercio de EUA.
Por ello, el ATL 2026 fue un aliento ancestral por esta lucha por los territorios, donde finalmente se encuentra el equilibrio de los ecosistemas y la vida. Cada danza y cada paso, junto al sonar del tambor, fue un llamado a la tierra para decir estamos aquí y no vamos a dejar que la sigan lastimando con más perforaciones y extracciones, queremos territorios libres de petróleo y gas.
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Referencias: