MUJERES POR LA MEMORIA EN CHERÁN
RECONOCIMIENTO A QUIENES ROMPIERON EL CERCO Y ABRIERON ESA GRIETA POR DONDE FLORECIÓ DE NUEVO LA DIGNIDAD, A 15 AÑOS DEL LEVANTAMIENTO P’URÉPECHA
Han pasado quince años, que no son pocos, y aunque en la historia de un pueblo pueden parecer un instante, en la vida de una comunidad que fue sitiada, violentada y reorganizada desde abajo, desde los propios comuneros, son una ruptura profunda en el tiempo. Ya son quince años del levantamiento de Cherán que nos invitan a recordar a quienes rompieron el cerco y abrieron esa grieta por donde floreció de nuevo la dignidad esa madrugada de abril de 2011. Y ahí, en esa semilla que todavía incomoda a más de uno, se encuentran las mujeres.
Fueron ellas quienes a pesar del miedo se atrevieron a salir, lo hicieron porque el bosque estaba siendo arrasado, porque la violencia se había vuelto costumbre y la comunidad estaba azotada por las constantes amenazas del crimen organizado en complicidad con los tres órdenes de gobierno. Después vinieron la reorganización, las fogatas, la Ronda, las asambleas, el gobierno comunal, la defensa jurídica, la reforestación y las empresas comunitarias. Pero antes de todo esto hubo mujeres y fueron ellas las que encendieron la chispa del movimiento que después transformó la vida política de Cherán.
Es importante decirlo porque incluso en los procesos más profundos de autonomía el lugar de las mujeres sigue disputándose y eso también sucede en el caso de Cherán. Como lo dicen las propias compañeras y sin caer en esencialismos, poner en el centro el papel de las mujeres sigue siendo complicado dentro de la comunidad y justamente por eso hay que insistir en ello, porque si la memoria no nombra a quienes encendieron esta llama, también la memoria puede volverse otra forma de despojo.
En estos años nos han ensenado el valor de la autonomía, la capacidad de vivirla como una práctica concreta con sus propias dinámicas y contradicciones pero que sigue viva. También nos han ensenado que no es posible entender la autonomía del todo si no se escucha la voz de las mujeres que la abrieron, que la sostienen y la interrogan constantemente. En los diálogos y el caminar que hemos realizado desde Mujeres por la Memoria de Cherán, sabemos que la defensa del territorio no se vivió sólo como una disputa jurídica, sino como una experiencia atravesada por el cuerpo, por el miedo, por la vida doméstica, por el agua, por los hijos, por la memoria y por una sensibilidad propia frente a las violencias.
En un país donde muchas veces el territorio es visto como un recurso o un lugar de saqueo, para las mujeres de Cherán es el cuerpo-territorio el lugar donde se habita, se cría, se recuerda, se siembra y se ensena. Es el bosque que envía señales cuando algo está roto, es el espacio donde los animales bajan a las casas porque su hábitat también ha sido herido, es la comunidad misma cuando se dio cuenta de que la destrucción del bosque anunciaba el colapso de la vida compartida.
A quince años del levantamiento, la pregunta no debería ser sólo cómo se defendió Cherán, sino cómo esa defensa transformó el sentido mismo de la vida comunal, porque si los primeros días del movimiento estuvieron marcados por las fogatas y la reorganización de la vigilancia, los años siguientes han dependido también de otros trabajos menos visibles, pero sostenidos e igualmente fundamentales como el narrar su propia historia, transmitirla a quienes no vivieron el miedo inicial, sembrar árboles, producir materiales propios y disputar el sentido de la participación, no solamente como un cumplimiento de la paridad de género según los términos del Estado, sino un proceso real de transformación comunal.
En ese proceso radica uno de los aprendizajes más importantes: entender que la lucha no terminó ni con la expulsión de los partidos políticos ni con el reconocimiento jurídico de la libre determinación, sino que ha continuado en los espacios cotidianos y en la reflexión constante sobre cómo comunicar a quienes no vivieron en el 2011 el sentido de aquella ruptura, y por eso desde Mujeres por la Memoria se indaga en cómo hacer que las juventudes, desde un diálogo intergeneracional, comprendan lo que estaba y sigue estando en juego, fomentando la importancia de sembrar comunidad.
Cherán sigue siendo un camino de esperanza, no sólo porque demostró que un pueblo indígena podía reorganizar su gobierno desde sus propias formas, sino porque han demostrado que los pueblos no necesitan pedir permiso para existir políticamente. Y en este caso, tampoco las mujeres lo esperaron, pues ellas salieron cuando tuvieron que salir, nombraron lo que estaba pasando y empujaron a los demás. Desde entonces no han dejado de “dar lata”, como dicen ellas mismas entre risas, pero con una gran convicción, así como han sido sus acciones dentro del movimiento.
En este aniversario la invitación es a que abramos los ojos y los oídos para escuchar lo que las compañeras vienen diciéndonos desde hace años y es que la comunidad también se defiende narrándose, que el bosque y la naturaleza no son una mercancía sino parte de nuestras vidas, que la participación de las mujeres es indispensable y que ninguna autonomía será completa mientras no se transformen también las relaciones que históricamente han querido apagar la voz de quienes, paradójicamente, fueron las primeras en encenderla. Quince años después el corazón de Cherán sigue ardiendo.
Cherán K’eri, el Cantar del Bosque es un proyecto fotográfico y antropológico que acompaña la memoria del levantamiento p’urhépecha de Cherán (Michoacán) y su defensa del territorio desde 2011. A partir de talleres de cartografía social y cuerpo-territorio con la Fogata Mujeres por la Memoria, la serie construye un archivo visual donde el bosque es el protagonista, no como un paisaje, sino como un sujeto vivo y resguardado, que convoca la organización comunitaria, el fuego, la ritualidad y el cuidado.
Nota de la autora: Desde 2016 he tenido el privilegio de formar parte de la Fogata Kejtsitani: Mujeres por la Memoria y agradezco profundamente a las compañeras por permitirme caminar con ellas en este proceso. Este espacio está integrado principalmente por comuneras y por compañeras y compañeros solidarios de distintos lugares y ha sido un lugar de diálogo, memoria y reflexión colectiva para fortalecer la organización comunitaria de Cherán.