SAN LORENZO AZQUELTÁN. MEMORIA, LUCHA Y AUTONOMÍA TEPEHUANA Y WIXÁRIKA
En este capítulo de Voces de la tierra, se narra una historia que ha sido silenciada por el racismo y clasismo del occidente mexicano. El estado de Jalisco es, desde su origen, racista y clasista. Muchos asumen que en Jalisco no hay pueblos indígenas, ni en el pasado y mucho menos en el presente, pero eso es sólo ignorancia (la esencia del racismo).
Cuando llegaron las primeras exploraciones del colonizador español Nuño Beltrán de Guzmán en 1530, se transformó la vida y el territorio de los pueblos nativos de lo que hoy se conoce como occidente mexicano. Tecuexes, cocas, wixaritari, tecuales, tepehuanos, sayulecos, purépechas, cazcanes, nayeris, tecoxquines, guachichiles, totopames, nahuas, cuyotecos, guamares, zacatecos y cientos de comunidades que habitaban el territorio, como hasta hoy, fueron violentados por la guerra de conquista del siglo XVI. En esta región, la colonización fue más sanguinaria que en otras de México. Hay obras que dan muestra de la brutalidad con la que se colonizó el occidente y el norte del país, como durante la fundación de la ciudad de Guadalajara, de origen español y sostenida por los presos de guerra indígenas que eran sometidos y esclavizados para servirles.
El racismo y clasismo con el que lidiamos a diario tiene raíces profundas y nacieron en esa guerra de conquista y en el genocidio contra nuestros pueblos. Jalisco no es tequila y charrería, hay muchas historias y muchas culturas que nacen antes del Son de la Negra y de los monocultivos de agave, y es una responsabilidad colectiva recuperarlas. Una de ellas es, precisamente, la que narran en este episodio los compañeros de la comunidad autónoma tepehuana de San Lorenzo de Azqueltán.
DONDE HAY MEMORIA, HAY LUCHA, HAY VIDA
La comunidad autónoma de San Lorenzo de Azqueltán se localiza en el municipio de Villa Guerrero, al norte de Jalisco, y desde tiempos inmemoriales ha habitado esas tierras. El norte de Jalisco es una región muy rica y diversa en culturas, ya que están los pueblos wixárika, nayeri y tepehuano. En la antigüedad, esta región fue en repetidos momentos escenario de resistencias contra el orden colonial, pues ahí se desplegaron grandes levantamientos como la guerra del Mixtón y la lucha del Gran Nayar. Ambas rebeliones mostraron la capacidad organizativa y la red de alianza entre los pueblos y comunidades de la región y, aunque desde la visión del conquistador se sofocaban las rebeliones, los pueblos siguieron y siguen en pie de lucha. En ese sentido, son pueblos hermanos históricamente. No sólo en el periodo colonial se crearon estas alianzas, también se hicieron en el siglo XIX y el XX con la Revolución mexicana y el movimiento cristero, motivadas por la defensa y la conservación de la tierra.
En tiempos recientes, Azqueltán ha integrado a la población wixárika, por lo que la comunidad autónoma es bicultural: tepehuana y wixárika. Su pasado les permite el caminar conjunto, lo cual los fortalece como pueblos.
Quienes narran esta historia de la tierra son el presidente de bienes comunales de Azqueltán, Benjamín Aguilar, de tan sólo veinte años, y el representante agrario Ramiro Reyes. Ambos, en toda la entrevista, cuando hablaron, casi no parpadearon, ni mostraban titubeos en su voz. Los compañeros tienen una encomienda de su pueblo de ser escuchados, porque, en verdad, debe de ser así.
AQUÍ SEGUIMOS
Por mucho tiempo se creyó que el pueblo tepehuano había dejado de existir, que los españoles habían acabado con ellos, que era una cosa del pasado. La historia de los tepehuanos de Azqueltán es la misma historia de los cocas de Mezcala (y muchos más pueblos que se intenta desconocer), quienes curiosamente habitan en el mismo estado de Jalisco. Por eso les digo que es una entidad racista y clasista, donde lo más simple para los gobernantes es decir que forman parte de algo que ocurrió hace cientos de años y que pueblos enteros como Azqueltán no existen —aunque tengan vida.
Los pueblos que han logrado sobrevivir hasta el día de hoy han librado y acumulado una serie de resistencias para mantener su territorio y cultura, y esto lo logran por los fuertes lazos comunitarios que los sostienen. Ésta es la razón por la que Azqueltán sigue en sus tierras, aunque sin su lengua, ni con el territorio original que abarcaba alrededor de 94 mil hectáreas. Nuestros pueblos llegan mutilados después de haber recorrido la larga noche de los 500 años. Los que han tenido una pérdida lingüística, como Azqueltán, saben que la lucha por la tierra es una lucha vital, a la que hay que aferrarse como pueblo originario, ya que la tierra, el territorio, es el vínculo principal con la cultura originaria tepehuana.
Pensemos en la fuerza que tiene una lengua, cómo un pueblo sin tierras, pero con su lengua, puede mantener viva su cultura. Así de importante y vital es la tierra para Azqueltán. Por lo menos desde los registros coloniales hay evidencias de que el pueblo tepehuano no ha dejado de resistir para conservar su territorio.
UN PUEBLO DESPOJADO
Los títulos virreinales o primordiales fueron los documentos que realizaron los pueblos indígenas durante la época colonial (siglos XVI-XIX) para legitimar la posesión de sus tierras. El historiador Enrique Florescano les llamó los títulos falsos, porque en ellos se incluían nombres y firmas del rey, virrey, conquistador y otras autoridades coloniales. Los pueblos utilizaron estos documentos en el pasado y hasta el día de hoy en los tribunales para demostrar la posesión inmemorial de sus tierras. La comunidad de San Lorenzo de Azqueltán también cuenta con su título primordial, fechado en 1733. Es un documento resguardado en piel (cuero) y la comunidad lo tiene en posesión.
La mayoría de los pueblos entregó este documento al personal de la Secretaría de la Reforma Agraria cuando comenzaron a realizar los trabajos técnicos para el reconocimiento y titulación de sus tierras, después de la década de 1940, aproximadamente. Pero en el caso de Azqueltán, estos trabajos quedaron truncos, y ésa es la razón por la que la comunidad nunca entregó este documento histórico, con el que todavía comprueban en tribunales agrarios su posesión.
El título de Azqueltán describe las 94 mil hectáreas del territorio ancestral, que abarca lo que actualmente es casi todo el municipio de Villa Guerrero y parte del municipio de Monte Escobedo. Del lado oriente, el cerro del Saucito colinda con San Sebastián Teponahuaxtlán, del pueblo wixárika, y del lado sur va hacia el cañón de Bolaños y sube a Villa Guerrero; finalmente, en dirección norte, colinda con el cerro Murillos, del municipio de Monte Escobedo. A pesar de que está lejos, hay muchos parentescos que, en términos antropológicos, sólo dan muestra de que esas tierras estuvieron ocupadas por gente de San Lorenzo de Azqueltán. Todo lo descrito en ese título de hace casi 300 años da certeza de que ahí estaba la gente tepehuana y que ha sido despojada con el paso del tiempo. Los títulos también muestran cómo a nuestros pueblos les fueron arrebatados los territorios ancestrales, pues prácticamente en ninguna comunidad de México se logró restituir las tierras comunales tal como marcaba el título primordial.
Actualmente, la comunidad de San Lorenzo de Azqueltán busca el reconocimiento de 39 mil hectáreas, de las cuales ya se tiene la posesión de alrededor de 22 mil. El resto está invadido y son las tierras en controversia, y ahí está la lucha de Azqueltán.
INVASIÓN Y RESISTENCIA
La lucha actual de Azqueltán se concentra en el reconocimiento de las 39 mil hectáreas de su territorio de las que, como se mencionó, ya tiene la posesión de alrededor de 22 mil. Las cerca de 17 mil hectáreas de tierras restantes siguen en manos de terratenientes y pequenos propietarios. Hay muchas historias de abusos y amenazas que han vivido los pobladores de Azqueltán con los caciques y gobernantes de la región. Éstos han hecho que la gente se endeude para así obligarlos a entregar su tierra; o las autoridades de Colotlán han emitido escrituras y permisos a particulares para realizar trabajos de construcción en terrenos de la comunidad. Todas estas acciones se dan en medio de un ambiente violento y racista, porque en la población mestiza hay un desprecio muy profundo contra los originarios de la región.
A pesar de las intimidaciones, la comunidad de San Lorenzo de Azqueltán continúa y sostiene su lucha legal en el Tribunal Unitario Agrario del Distrito 16 de Guadalajara, donde busca el reconocimiento formal de su propiedad sobre las 39 mil hectáreas.
Otra de sus luchas ha sido la construcción de su autonomía. Para ello se hermanó con el Congreso Nacional Indígena (CNI), y en 2013 se llevó a cabo un congreso en su comunidad. Esa asamblea marcó un parteaguas al interior y desde ahí se decidió comenzar el trabajo por la vía de la autonomía.
La resistencia del pueblo tepehuano es constante, no ha parado. Así ha sido, como hemos visto, desde el periodo colonial, pero ahora vamos a concentrarnos en los últimos 13 años, desde el año en el que la comunidad gritó su “Ya basta” y dijo a los caciques racistas “aquí estamos, aquí seguimos y no nos vamos”. Desde 2013, no han dejado de recuperar tierras. Año con año, la comunidad de Azqueltán ha recuperado territorio por la vía legal, y es por eso que la presión y amenazas son cada vez mayores, a tal grado que el año pasado sufrieron el asesinato de su compañero Marcos.
JUSTICIA PARA MARCOS
El 26 de noviembre de 2025, en el predio recuperado conocido como El Caracol, un grupo de pistoleros ingresaron y dispararon al representante agrario de Azqueltán, Marcos Aguilar Rojas, y dejaron gravemente herido a su hermano Gabriel, ambos delegados del Congreso Nacional Indígena.
Benjamín, el joven que narra esta historia y quien es el actual comisariado, era sobrino de Marcos, y lo recuerda con mucha nostalgia, pero también con mucho orgullo. Cuando comenzó a hablar de su tío Marcos, cambió su postura y su rostro. Me dice que no se tiene que olvidar quién fue Marcos de Azqueltán, pues él entregó su vida por la tierra. Benjamín recuerda que Marcos, comunero, ingresó a la lucha en 2015, porque no veía justo el despojo que sufría su pueblo. A Marcos le interesó también la cultura, pues era danzante y animaba a la gente a participar. Después se casó, tuvo cinco hijos y construyó su casa en San Lorenzo de Azqueltán.
Benjamín recuerda que su tío, además de ser muy animoso, danzante y respetuoso, buscaba fortalecerse en la espiritualidad tradicional y era muy bueno en hacer las estrategias para las tomas de tierras. Era, pues, un companero en el que se confiaba plenamente. Después de su asesinato, Azqueltán se ha recuperado poco a poco. La muestra está en que ahora su sobrino está en la lucha, porque se sabe a profundidad que la lucha sigue. Ésta es probablemente una de las armas más poderosas de los pueblos, la de sostener un compromiso por generaciones, por el bien colectivo. “Luchar por un bosque que nunca verás”, así de desinteresado debe de entrarle uno a la lucha de nuestros pueblos u organizaciones. Después del asesinato de Marcos, Azqueltán está de pie, fortaleciéndose en su organización, en su determinación por la recuperación de tierras a pesar de las constantes amenazas y el ambiente violento de la región. El pueblo tepehuano se fortalece recuperando y practicando sus ceremonias ancestrales, tomando sus sitios sagrados, vistiendo sus trajes tradicionales. La lucha por la tierra los ha llevado a fortalecer su cultura, espiritualidad y tradiciones milenarias.
Los asesinos de Marcos pertenecen al grupo de caciques y pequeños propietarios de la región, que con el fortalecimiento del pueblo tepehuano se sienten amenazados y orquestan una serie de violencias, crímenes y atropellos a un pueblo que sólo ejerce su derecho. También es importante señalar el papel de las autoridades municipales y regionales, y de cómo, cuando se trata de garantizar la seguridad de la población, no tienen la capacidad ni la disposición de ayudar, sino que, al contrario, garantizan o por lo menos facilitan que los terratenientes y caciques de la región hagan hacer valer su ley en la zona. En ese sentido, Azqueltán está solo frente a ellos.
RESTITUCIÓN TERRITORIAL, AUTONOMÍA Y CULTURA
La historia de Azqueltán nos recuerda que nuestra mirada siempre debe ser con una vista amplia. Debemos comprender a nuestros pueblos a profundidad, desde una perspectiva histórica. En otras palabras, si sólo queremos entender a Azqueltán con lo que es actualmente —que es mucho— , no seremos capaces de saber que ese pueblo no se rendirá. Ha estado ahí en sus tierras y ahí seguirá, valiendo a la lucha de los originarios.