ZACAPOAXTLAS DE SAN JUAN DE ARAGÓN
“Órale güerito nalgas miadas”, fue el grito frecuente que escuché la primera vez que asistí a la batalla de Puebla, en el Penón de los Baños, hace más de 30 años. Me imagino que, en 1862, los zacapoaxtlas le gritaban así a los franceses mientras todo se llenaba de humo, pólvora, gritos y cadáveres regados alrededor de los fuertes de Loreto y Guadalupe.
Muchos años después, en la misma batalla, pero en su representación en el pueblo de San Juan de Aragón, me recalcaron que la original y más buena de las batallas es la que se hace aquí desde hace 130 años, según sus dichos. Algunos originarios de San Juan se mudaron al Penón, llevándose la receta y haciéndola más famosa por estar cerca del aeropuerto. Tal vez los turistas hagan la crónica de la batalla desde el avión. Por lo menos verán las columnas de humo. De todas maneras, el festejo es importado de otros pueblos más lejanos, allá por Puebla o Tlaxcala.
Es un viaje al desmadre, a la emoción y la victoria de hace 164 años. Gritos, mucho humo, mucha pólvora, mucha cerveza. Cientos de franceses y zacapoaxtlas conviviendo a la hora de la comida. Tenemos el privilegio de saludar a Zaragoza comandando el ejército de Oriente junto con sus generales Negrete, Berriozabal y Díaz. Hasta Juárez cuidado por su escolta femenil se pasea y saluda. No estuvo presente en la batalla, pero vive en San Juan. Y del lado francés a Charles Ferdinand Latrille. Los galos de estos lares no son tan güeritos. También hay soldados turcos o argelinos.
Previo a la batalla y después de la comilona, Manuel Doblado firma los acuerdos de la Soledad. Eso pasa unos meses antes en Veracruz. Aquí en San Juan los ejércitos están listos. El público sufre el mal del puerco. Transcurre la ceremonia de la firma pero todo se va a la basura. De lo que tienen ganas lo sanjuanenses es de echar desmadre y el dedo en el gatillo está incontrolable.
Los mosquetones escupen fuego y humo; el ollín penetra todos los poros. La batalla ya comenzó en la avenida grande y se arman varios frentes. Los oídos zumban con sordera pasajera. Nos encanta el desmadre, el festejo y la victoria siempre con un toque de patria e historia nacional.
Año tras año, zacapoaxtlas y franceses del pueblo de San Juan de Aragón celebran la victoria.