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DIÁLOGO CON EL DIABLO EN LA SIERRA NORTE DE PUEBLA

MIXTEGA VICENTE PEDRO y NEYDA LAJA SANTOS

Las culturas guardan un sinfín de memorias, historias y relatos que muchas veces son cuentos de no creer. En medio de cerros que cobijan a un pueblito donde la palabra fiesta es sinónimo de alegría, unión, convivencia y sincretismo se encuentra San Pablito, una comunidad que cada año faltando justamente una semana antes de la esperada Semana Santa realiza su fiesta de carnaval, fiesta que no es como cualquiera pues conlleva una preparación que la hace única e interesante. Dicen los abuelos que para que esta fiesta se pueda llevar sin ningún percance se tiene que rendir culto a una deidad que muchos llaman “el diablo” o “culto de los dioses”, que según a decir de ellos es el dueño de esta fiesta. La comunidad se organiza por comparsas de acuerdo al barrio al que pertenecen y en cada uno tiene que existir uno al que ellos denominan “representante mayor”, pero éste no puede ser cualquier persona, debe cumplir ciertas características, como la de ser un hombre respetado dentro de la comunidad, que no tenga problemas familiares, que sea fiel a su esposa y a su palabra, pero lo más importante, tiene que ser de “sangre fría” para que pueda aguantar la presencia y poder entablar un diálogo con este misterioso personaje.

La fiesta inicia el domingo, pero desde el sábado cada barrio tiene que haber elegido a su representante mayor, pues este mismo junto a su familia prepararán comida que será la ofrenda, junto con una vela y aguardiente; el día domingo entre la una y dos de la mañana, el representante mayor junto a otros cinco o seis integrantes más, vestidos con pantalón de mezclillas adornados de listón o chaquira, botas, un paliacate que cuelga desde la cabeza hasta los hombros, camisa, sombrero, acompañado del trío elegido por sus integrantes y máscaras que simulan ser el rostro del diablo, acudirán al lugar en donde realizan el culto, y a diferencia de los demás, el representante mayor lleva consigo una muñeca.

Si se observara en lo más alto se podría ver cómo las diferentes comparsas se disponen a ir al lugar donde realizarán este intercambio, son lugares completamente oscuros, donde la luz de la luna parece no poder alumbrar y en donde los ruidos parecen no existir, específicamente en el barrio de Ndёtö (piedras encimadas, en otomí) se lleva a cabo debajo de un gran árbol que por años ha sido testigo de esta impresionante fiesta, al llegar ahí el representante mayor escupe el aguardiente hacia los cuatro puntos cardinales, luego se arrodilla con la muñeca y empieza el diálogo con el diablo mientras el resto observa en silencio, aproximadamente dura entre diez y quince minutos que son suficientes para que el representante mayor pida por quienes bailarán, al mismo tiempo que pide permiso para dar inicio a la gran fiesta, si éste acepta, su espíritu se meterá dentro de la muñeca, la cual acompañará al representante mayor durante toda la semana de festividad, para terminar se le enciende una vela y se retiran bailando hacia el centro de la comunidad.

Los siguientes días, la gente que observa cómo bailan puede disfrutar de todo la alegría que cada comparsa emite, pero no dejan que la muñeca los toque por que el espirito ahí dentro puede ocasionar alguna enfermedad más si la persona es de “sangre débil” es una fiesta que guarda aún más hechos que pueden ser contados, pero sin duda la preparación de éste es uno de los má asombrosos porque para los de San Pablito, Carnaval no es sólo fiesta, es responsabilidad, respeto y un diálogo con el diablo.

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