EL BASURERO DE SANTO TOMÁS CHAUTLA
De que se muera la ciudad de Puebla, mejor muéranse ustedes!, fue la sentencia con la que Manuel Bartlett Díaz, en su cargo como goberador del estado de Puebla, condenó en 1995 a los habitantes del pueblo originario náhuatl de Santo Tomás Chautla al convertir su territorio en una zona de sacrificio con la instalación del basurero municipal poblano conocido como relleno sanitario de Chiltepeque realizada por el alcalde Rafael Cañedo Benítez.
Esta maldición gubernamental la recordó un anciano ejidatario de Santo Tomás Chautla en una visita de la Profepa en meses pasados, poco antes de que esta procuraduría resolviera el pasado mayo una superficial clausura temporal y parcial derivada de la denuncia del colectivo animalista poblano “Yo seré tu voz”, que fue violada por los ayuntamientos de Puebla, San Andrés, San Pedro Cholula, Amozoc y otros municipios conurbados así como por la empresa concesionada “Rellenos Sanitarios S.A. de C.V.” (RESA), que siguieron depositando toneladas de residuos poblanos autorizados y basura restringida de poblaciones conurbadas, ocasionando el rechazo y la protesta de la comunidad. Juntos alcanzan la cantidad de dos mil toneladas diarias de basura en el relleno sanitario de Chiltepeque.
Para la imposición de Chiltepeque en Santo Tomás Chautla, el poder poblano bajo el control del “nacionalista” Manuel Bartlett Díaz recurrió a las características estrategias de la clase política como la división, amenazas, violencia, el reparto de migajas y armas de fuego a manos traidoras, la manipula
ción y el autoritarismo contra la población local y los barrios migrantes que se opusieron a este monstruo poblano de la basura.
Antes de la instalación de Chiltepeque, el basurero poblano era un vertedero no controlado que estaba en las barrancas del volcán La Malinche cercanas al estadio de fútbol Cuauhtémoc y, ante el crecimiento de la urbe, ésta se dividió en cuatro sectores licitando a diversas pequeñas y medianas empresas la recolección y depósito de la basura.
Esta situación duró muy poco, ya que desde el mismo 1995, cuando se crearon los organismos descentralizados como el Organismo Operador de los Servicios de Limpia en la capital y otros semejantes en territorio poblano para la recolección de la basura, se concesionó el depósito de los residuos a favor de la empresa Grupo Apycsa S.A. de C.V., que enseguida cambió su nombre a la mencionada RESA, que es propiedad de Francisco Julián Abed y su entorno, cuyo consorcio también tiene concesionado el Centro Integral de Servicios (CIS) en la ciudad de Puebla y la operación del relleno sanitario de Teziutlan, contratos que le han hecho ganar millones de pesos del erario en el privatizado y lucrativo negocio de la basura y otros más.
Santo Tomás Chautla, “Lugar de Aguas Grasosas” o “Lugar de Ciénegas”, es un pueblo conurbado que se ubica en la zona centro-poniente de Puebla en dirección a Cuauhtinchan (el pueblo nahua conocido por los anales de la “Historia Tolteca-Chichimeca”), cerca del manicomio El Batán y la cárcel de San Miguel, que en el siglo pasado perteneció a las municipalidades de Tecali de Herrera y Totimehuacan. Al ser disuelto este último pueblo originario como municipio, tanto éste como Santo Tomás Chautla fueron absorbidos por el municipio de Puebla dentro de la política colonial gentrificadora, degradándolas a tener enquistada una ladina y corrupta Junta Auxiliar Municipal al servicio del ayuntamiento.
La población de Chautla asciende a 6 mil 540 habitantes según el último censo del INEGI, lo que significa que a cada poblador le tocaban 305 de las 2 mil toneladas de basura que diariamente se depositaba en Chiltepeque hasta mayo de 2026. Este vertedero municipal e ilegalmente intermunicipal tiene una dimensión cercana a las 70 hectáreas, albergando alrededor de 11 millones de toneladas de basura acumuladas durante 31 años de “vida útil”.
Los lixiviados que se producen en Chiltepeque son tan grandes en volumen y dimensión que en época de lluvias se transforman en un tóxico y cancerígeno río de metales pesados y otros contaminantes que se escapan de ese sitio de disposición final de residuos, polucionando unas 47 colonias urbanas, juntándose en la corriente del río Alseseca para que después de un recorrido de 15 kilómetros con 200 metros terminen vertidos en la presa de Valsequillo, una laguna reconocida dentro de la “Convención sobre los Humedales de Importancia Internacional” o “Convención de Ramsar” o ”Hábitat de Aves Acuáticas”, en donde también se depositan las descargas del contaminado río Atoyac.
Pero la sucia, mortal y carcinogénica amalgama de lixiviados y descargas residuales de las cloacas industriales y municipales de los baños de alrededor de 2 millones de habitantes de Puebla y la zona conurbada no queda contenida en la presa de Valsequillo, ya que esa mescolanza de peligrosos y mutagénicos tóxicos y desechos humanos navega 133 kilómetros regando campos de cultivo en Amozoc, Acatzingo, Tepeaca, Tecamachalco, Tlacotepec y Tehuacán.
La decisión de construir el relleno sanitario de Chiltepeque en Santo Tomás Chautla tiene la misma historia y propósito que el basurero de Tehuacán ubicado en el pueblo originario náhuatl de Santa María Coapan o en diversos paisajes del territorio poblano afectados por el mismo problema o con el riesgo de ser mayormente perjudicados próximamente, como Tepanco de López, la región cholulteca, Atlixco, Acatlán de Osorio, Chalchicomula de Sesma y Ocelonacaztla, Teziutlan y Cuetzalan en la Sierra Norte y, en estos momentos focalizada en San José Chiapa con el “Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar Puebla”.
Esta historia se repite por todos los rincones del país y el mundo en donde la modernidad, industrialización, sobrepoblación urbana, aumento de la producción de basura y falta de voluntad de la clase política en resolver la prevención y gestión de los residuos han llevado a los gobiernos a reproducir sistemáticamente el racismo y clasismo ecocida.
Es decir, sólo buscan contener el problema de la basura en la urbe aventándosela a los pueblos y comunidades o barrios indígenas, campesinos o proletarios con un andamiaje burocrático que legaliza y normaliza este sistemático crimen ambiental y sanitario.
La Profepa ha dejado entrever su resistencia y negativa a realizar la clausura total y definitiva del relleno sanitario de Chiltepeque o el de otros rellenos sanitarios denunciados como el de Ciudad Serdán o Chalchicomula de Sesma con el consiguiente proceso de remediación y saneamiento ambiental, argumentando qué si hacen las clausuras exigidas, los presidentes municipales “no tendrían a donde llevar la basura”. ¡Pobres alcaldes! Esto deja ver claramente que su labor no es procurar la protección al medio ambiente sino procurar y proteger a los delincuentes ambientales oficiales.
Aeste problema sin solución se le ha bautizado como vertederos a cielo abierto, rellenos sanitarios, sitios no controlados, incineradoras, estaciones de transferencia, centros de confinamiento o recicladoras de basura limpia, denominación de moda desde la visita de Sheinbaum Pardo el 11 de abril del presente 2026 a San José Chiapa.
¿Qué prefieren, un basurero a cielo abierto o una recicladora de “basura limpia”? Precisamente, esta pregunta y falaz dilema que soltó Claudia Sheinbaum desde su pódium a los pobladores del “Movimiento en Defensa del Agua, la Tierra y la Vida de San José Chiapa” que protestaban contra la anunciada “recicladora de basura limpia” (que es parte del proyecto de industrialización “Polo de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar Puebla”), vuelve a confirmar que el racismo ecocida sigue siendo parte de la política del Estado mexicano y sus gobiernos.
La gente de la rumbada de San José Chiapa ya contestó: “Queremos que se clausure el relleno sanitario (intermunicipal) de San José Chiapa —es decir, el mencionado basurero a cielo abierto—, pero no queremos reciclar la basura de otros lados, sólo queremos reciclar la nuestra”.
Este proyecto, que fue rechazado en el estado de Hidalgo en diciembre pasado mediante el ejercicio de la “consulta ciudadana”, quiere ser impuesto en la Cuenca Libres Oriental del estado de Puebla mediante la fuerza del Estado y con el trabajo sucio del gobierno poblano, cuyo trono está en manos de Alejandro Armenta Mier, alumno destacado del pederasta “gober precioso”, que el pasado 1 de mayo recorrió el desfile —no marcha obrera— de la mano de Leobardo Soto, el líder charro de la CTM en Puebla. Esa tiranosaúrica imagen dice más que mil palabras.
Durante tal escenario, el gobierno federal ha estado violentando el Convenio 169 de la OIT y el Acuerdo de Escazú, ya que de manera contradictoria a lo afirmado por Sheinbaum en San José Chiapa, las comunidades que están en riesgo de ser afectadas como Nopalucan, Lara Grajales, Mazapiltec y el propio Chiapa en Puebla como Cuapiaxtla de Tlaxcala, no han sido informadas ni mucho menos consultadas ni tomadas en cuenta en un proceso de real y democrática participación y decisión ciudadana.
Al contrario, el oscuro lado público de Armenta es la amenaza y la represión, como lo fue el despido injustificado de Julisa Contreras Zuñiga de su trabajo en el Tribunal Laboral del Estado de Puebla, como venganza a su participación en la protesta en la visita de Sheinbaum a su terruño.
Paralelamente, el gobernador poblano y sus operadores se han dedicado a manipular reuniones, acarrear paleros y repartir baratijas para controlar o detener el creciente y organizado descontento de la población contra este oscuro y ecocida proyecto industrial, que agravaría el problema ambiental que padece la Cuenca Libres-Oriental con la contaminación producida por Granjas Carroll de México (GCM) y la empresa de autos de lujo o de alta gama Audi de México, filial de la alemana Volskwagen —que sólo dio pocos y precarios empleos a los habitantes— pero que tienen enormes concesiones otorgadas por Conagua, mie mientras la vida campesina tiene restringido el acceso al agua de su ancestral territorio nahua.
El INPI jugó su papel de títere ladino en esta mugrosa historia, al decretar sin facultades legales que en la zona de San José Chiapa no hay ni existen pueblos o comunidades indígenas para evitar la consulta indígena e imponer este clúster o parque industrial sin el consentimiento previo, libre e informado de los pueblos originarios afectados.
¿Cuántas toneladas diarias de basura, origen y clasificación piensan llevar, depositar, incinerar y supuestamente reciclar en San José Chiapa? Esta duda irresuelta esconde en su respuesta el volumen de racismo que el gobierno quiere llevar por toneladas a San José Chiapa.
Ante este desolador paisaje de basura, política y contaminación, desde diversos rumbos y regiones del territorio poblano se han gestado resistencias y movimientos contra los basureros en una historia que empezó en la Ciudad de Indios en la lucha indígena y ambiental contra el relleno sanitario de Tehuacán, la cual que se extiende y articula por todas las direcciones para detener el racismo y el clasismo de todos los basureros político-partidarios.
Martín barrios Hernández es integrante de la Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán, A.C., 07 de junio de 2026.