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EL CAMPO DEL JUEGO. FUTBOL EN LAS TIERRAS INTERIORES DEL MUNDO RURAL / 350

JOHN PHILLIP SANTOS
Daniel Borris,
Las canchas. Juego de pelota / Ball courts
of Mexico,
Poesía y traducción: Forrest Gander y Valerie
Mejer Caso Blue Star Contemporary Art Center,
2011, edición revisada en 2024

En esta inolvidable serie de fotografías Daniel Borris narra su recorrido durante varios años por el centro de México. Cual buscador de oro, trae de vuelta la evidencia de las cosas extraordinarias que ha visto, del poder de los sitios a los que llegó, y relata cómo encontró su camino hacia el centro del mundo ancestral.

Sin embargo, aquí no hay pirámides, estelas, templos o muros con difuminados restos de murales que fueran pintados en colores brillantes. En su lugar, Borris revela una profunda continuidad del legado místico de México en lugares inesperados y ocultos. Estas fotografías saturadas en detalle, hechas con un enfoque ubicuo, llenas de innumerables trozos pequeños de la tierra mexicana. Este es el universo del Inframundo, el submundo mítico de los mexicanos ancestrales.

Aunque irónicamente, estas fotografías muestran una forma preeminente de la ausencia.

Las canchas de fútbol de Daniel Borris pueden parecer escenas de algún ritual desconocido. Encontramos su amplitud vacía, abandonada por igual por curas y fieles. Están imbuidas de un fuerte sentido de memoria y de expectación, el espacio sagrado de la ceremonia humana.

La ausencia carismática puede llegar a conectar al espectador con el misterio más profundo de la tierra mexicana. Este misterio ha sido evocado en dibujos y fotografías de previos exploradores, así como en las pinturas de diversos artistas mexicanos como José María Velasco y el Doctor Atl. Quizá también hay en ellas ecos de la fotografía norteamericana del paisaje de Death Valley de Edward Weston, así como del Pacifico Noroeste de Ansel Adams.

El ojo de Borris encuentra una especie de grandeza y majestuosidad en sitios que podrían pasar inadvertidos. ¿Podría haber sitios más comunes que estos?

Estas canchas mexicanas son emblemas de la devoción a un juego que resulta ser una obsesión en todo el planeta, el deporte consumado en nuestra globalizada era. Daniel Borris encuentra un modo de verlo que conjura el ancestral juego de pelota de México. Existen ruinas del juego de pelota en todas las grandes ciudades del mundo precolombino, desde Chichén-Itzá hasta Tula.

Los lugares de las imágenes de Borris vienen de un otro México olvidado: las tierras interiores del mundo rural de hoy y los confines de pueblos en Yucatán, Michoacán, Hidalgo y Guanajuato, así como en otros estados. Nos lleva a estos lugares a través de una mirada que asume una presencia chamánica, rodeados por el vasto mundo natural de México, apenas enmarcados por las improvisadas estructuras humanas. .Qué se supone que debemos ver? ¿A dónde debe enfocarse nuestra visión? La procesión del pasado de México parece emerger en refracciones fantasmales.

Tú puedes verlo, entre otros fotos, contra los filos de yerba en Cenotillo, Yucatán; las piedras en El Batán, Guanajuato. Intenta ver a través de la ancestral y mística neblina yucateca en las escenas de Cancha de Grillos o Xocchel. Pon especial atención en las desparejas orillas de aquella ruina, o la torre de la iglesia colonial justo detrás del poste de la portería en el Chan Cenote.

Ciertamente estos postes, con frecuencia desvencijados y rascuaches, perturban las fotografías como la apertura de la cámara a través de la cual Borris fija su mirada en el mundo. Sin embargo, en la extraordinaria escena de Santa Rosa, Querétaro, Borris nos muestra postes que han sido rodeados y perfectamente espejeados por el agua plácida de la cancha inundada. La portería suspendida en el panorama de un cielo nublado, seccionado por una estrecha franja de tierra mexicana, esta portería se convierte en la entrada al Inframundo, un puente que se abre dentro de la tierra de los ancestros, a través del que somos invitados a encontrar nuestro camino.
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