LOS DESAMPARADOS
Estoy buscando un amor en la basura, tratando de satisfacer mis inescrutables necesidades, no encuentro más que pedazos de promesas repeliendo. Deseo un amor completo, una rosa sin espinas, capaz de cuidarme. Anhelo lo que aprendí desde pequeña, lo que la sociedad siempre busca. Anhelo unos brazos que me sostengan, a mí y a mis demonios.
Estoy rota buscando entre repulsivos basureros. Absorbiendo incertidumbre, digiriendo precariedad. Quiero despertar desnuda con todos mis amantes devorando mi carne con ternura, quiero mirar sus ojos y llenarme de refutable deseo; aniquilante confusión. Quiero asesinarlos por odio y dominación. Despreciar su cariño, romper nuestro amor y lanzarlo al precipicio. Quiero envejecer sola con la esperanza entre mis costillas. Algún día llegará un príncipe, tocará mi puerta y me prometerá una tierra nueva. Voy a envejecer angustiada por eso sigo buscando entre un montón de desechos, siempre rota al borde del fracaso.
Si yo dejara de buscar e intentara reconstruir mi balsa, si aboliera mi obstinación por navegar entre mares de sabotaje y sumisión. Si comienzo a atisbar mis pensamientos intentando extirpar y emancipar un concepto que me hace naufragar sin remedio. ¿Acaso no terminaría completamente sola? ¿Qué me hace creer que no me hundiría entre tristeza y silencio? Acaso habría un individuo, un desamparado con ganas de follarme en medio de la tormenta, un romántico con la cara agrietada por la lucha contra el amor romántico, un empedernido desgraciado que no espere nada a cambio. Capaz de quererme sin poseer mi autonomía, sin dominar mi alteridad. Un salvaje adorable quien al mirar mi maldita cara pueda mirar la resplandeciente vida y que juntos podamos navegar aventuras, trepando a nuestra balsa a todos los olvidados, construyendo una comunidad cuyo destino sea la sonrisa vívida, el cuidado mutuo. ¿Es este otro discurso ilusorio, otra fantasía de niña?
La sociedad me quiere sola, cansada, obnubilada, compitiendo en la búsqueda de la falsedad. Cuando logre encontrar a mi amor en la basura, cuando logre construir un cuerpo perfecto de cartón, trapos y putrefacción, ese día lo voy a abrazar tan fuerte hasta destruirlo. Aunque mi amante no me vea a los ojos, incapaz de acariciarme, aunque su olor sea detestable: voy a dormir todas las noches con su cadáver. Voy a dormir con sus huesos teñidos de repulsión, para no morir sola, para morir amando y que la misericordia del cielo pueda, algún día, concederme el poder de amar en otra vida.
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Luis Ángel Gándara Olaya (Yao Tonalli) (Teziutlán, Puebla, 1998) estudió la licenciatura en Lengua y Cultura en la Universidad Intercultural del Estado de Puebla. Practicante de la fotografía, la danza y la escritura. Entrenador deportivo y de básquetbol.