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MARADONA. ALABANZA A UN HÉROE DEL PUEBLO PALESTINO

MAHMOUD DARWISH

El poeta palestino Mahmoud Darwish escribió este texto cuando Argentina recuperó el título mundial de futbol que había perdido en 1982, derrotada por Italia. En 1986 Argentina ganó otra vez la final en México, contra los ingleses y bajo la conducción de Diego Armando Maradona.

1. ¿Qué has hecho con el reloj, que hiciste de nuestra cita?

¿Qué haremos ahora que Maradona regresó con su familia en Argentina?

¿Con quién nos sostendremos, después de acostumbrar tanto la seguridad de nuestros corazones y sus temores al milagro de sus piernas? ¿A quién voltearemos por emociones y entusiasmos, después de volvernos adictos a él durante un mes, cuando pasamos de espectadores a adoradores?

¿Para quién alzaremos nuestros gritos de pasión, júbilo, y las huellas de la sangre, después de encontrar en él un héroe, un héroe que vitoreemos, que oremos por su victoria, un talismán, y temer por él —y por nuestras esperanzas depositadas en él—, no se vaya a romper?

El individuo, el individuo, no es algo nuevo en la Historia.

Oh Maradona, oh Maradona, ¿qué has hecho con el reloj? ¿Qué hiciste de nuestra cita?

2. Recordaremos seguir despiertos

El vacío de las tardes avanza sobre nosotros como tambor de acero, para que no esperemos a nadie. Arrastraremos nuestros pesados pasos hacia la burocracia del alma y el tiempo, y nos veremos forzados a aceptar nuestras obligaciones, retomaremos el chismorreo cotidiano sobre clima, racismo y guerras civiles.

Y recordaremos, para seguir despiertos, una edad dorada que vivimos:

La era en que Maradona visitó nuestra añoranza, y abandonamos todo para dedicarnos al ritual que nos conmovía: amar a Maradona, rodear sus pies con espacio y piedad, saltando a la pantalla para romper el pesado cerco de los alemanes que sofoca el aire en torno a sus músculos, y la denuncia al árbitro brasileño, que le rompió el corazón a Maradona, así como un desalmado rompe el corazón de niño inocente… sin ninguna razón, excepto el estar celoso del genio de la infancia.

3. Se escapa como el sonido

Tiene el rostro de un niño, de un ángel,

Tiene el cuerpo de la pelota,

Tiene el corazón de un león,

Tiene las piernas de una gacela gigante,

Y tiene nuestra ovación: Maradona… Maradona, y su nombre suda. Pesca el balón como un hábil gato callejero de las piernas de una mula. Dribla como un zorro con la fuerza de un buey, y salta como leopardo sobre el inmenso portero, al que convierte en conejo: ¡Gol!

Maradona se persigna, besa el suelo. Se yergue. Está rodeado. Se escapa como el sonido. Recoge el balón. Está rodeado. Pasa la bola como un regalo a los pies de su compañero que le ayuda a romper la fortaleza defensiva, y su compañero chuta desde lejos, hacia el público. Maradona aplaude desde el dolor.

No tira. Argentina moriría llorando. Si no anota, Argentina levantará un monumento a su desgracia en las Falkland. El sentimiento nacional dejaría de bailar, y la arrogante Inglaterra habría ganado la guerra dos veces.

Pero Maradona avanza con el balón a donde la autoridad se ha retirado. Maradona devuelve las islas a la Argentina. Y advierte al imperio británico que vive en la comodidad del pasado… de un pasado lejano.

4. ¿Qué es esta magia colectiva?

Este futbol ¿qué es? ¿Qué es esta magia colectiva de la que nadie ha descifrado el acertijo?

Maradona no invoca su instinto. El brasileño Sócrates es el pensador preocupado por la reflexión metafísica de los tiros de esquina. Zico persigue la pesadilla del penalti, que voló fuera de la cancha, llevándose con él los sueños de Brasil. Platini optimiza los arreglos de su retiro. El astuto Pelé lucha por ocultar sus regodeos que impactan en los reyes destronados. Pero Maradona sabe una sola cosa: el futbol es su vida, su familia, sus sueños, su país, su propia existencia.

Desde su infancia pobre en una casucha de láminas, aprendió a caminar con la pelota. Envolvía con lazos una lata para jugar con ella. Tal vez fue la pelota la que le enseñó a caminar.

Caminó por ella. Caminó para seguirla. Caminó para jugar con ella. Y caminó para controlarla.

Su infancia se revolvía alrededor de la bola de hilos hasta que, con su salario del mes, su padre le compró un verdadero balón. Y comenzó… hasta ser el jugador más joven de la selección argentina. Así, Maradona, el niño prodigio, se elevó desde los hogares más pobres a los horizontes más elevados, convirtiéndose en un emperador del futbol.

En su juventud nunca se interesó por el cine y la televisión. Sin embargo, ocupó todas las pantallas con sus pies, para ser visto por más de dos mil millones de personas que volteaban a él como a una estrella en el cielo. El balón fue con él, y se alzó con él hasta las mayores alturas del discurso.

5. El tormento del portero y la patada del penal

Maradona es esa estrella que ninguna otra puede opacar. El futbol, que se ha vuelto su futbol, se pliega a sus pies. Las estrellas se apartan de su atracción, fascinadas por lo que ven, por presenciar el milagro de la formación, para rezarle al Creador y su creatura, para celebrar sus penurias, manifestadas en otros, y entonar alabanzas para quien los ha derrotado con su gratitud: ¡que júbilo el de los derrotados por el pie de Maradona!

Ese pie, el de Maradona, con su otro talón mitológico, el de Aquiles… son los dos pies más famosos en la historia de las leyendas.

Así que por qué suprimir la pregunta reprimida, encendida por esta hermosa locura, la locura de que el futbol se disemina como una enfermedad contagiosa en millones de personas: por qué no puede el futbol ser arte o literatura.

¿Y por qué la literatura no podría lidiar con esta pólvora emocional que prende a millones en su relación con el escenario que se torna en una escena dramática?

Ahora: ¿existe alguna tortura más intensa, alguna soledad más grande que la del portero ante un penal?

Y: ¿existe presión sicológica más pesada que pararse en la línea precisa entre el éxito y el fracaso, controlando el destino del espíritu de una nación, cuando el tirador experimentado se coloca para tirar?

¿No son acaso más duros, más delicados y más explosivos estos momentos de la emoción individual y colectiva, que los afrontados por el jugador de Dostoievski, por ejemplo?

6. Guerra de interpretaciones ¿Qué con tal fútbol?

Es una especie de guerra interpretativa, y un escenario real para ajustar el balance de los poderes, de mantenerlo, para crear un diferente nivel de lo real, o estabilizarlo. Es el juego de reconfigurar el mundo sobre diferentes cimientos, con mérito distinto.

Una guerra global donde la imaginación de las naciones juega su papel ausente o presente. Nadie se fija en la raza de los cuerpos, su habilidad e inteligencia, que expresan las características de los países al ataque o en defensa, en danza y violencia, en individualidad y colectividad. Todos se involucran.

Quizás los aficionados son los jugadores más apasionados, y acarrean al juego sus historias psicológicas, sus interpretaciones personales y deseos de compensación. Elevan el deporte al nivel de la expresión simbólica, esa que es imaginada para representar el espíritu de la nación y llevarla a superar a las otras. Es la esencia del nacionalismo explosivo: la súbita revelación sobre uno mismo en referencia al “otro”. Es también la libertad de expresar aspectos de uno, tal vez suprimidos por motivos políticos, de género o raza.

Es una explosión de libertad de expresión sobre una libertad ausente, o una soberanía que pretende conservar su dominio. En ocasiones refleja luchas sociales, y otras la unidad interna de fuerzas sociales en su pugna nacional con el exterior.

Ello es lo que permanece del consenso en torno a una idea, un entusiasmo, una fuerza, una meta. Es la guerra de interpretaciones, y una de sus manifestaciones fue la repentina unidad europea en torno a Alemania durante la final de 1986, se tomó la forma de un enfrentamiento de europeos contra latinoamericanos, mientras el “tercer mundo” no expresó unidad.

Este significado lo encarnó el árbitro brasileño, el mercenario alienado, que hizo grandes esfuerzos para absolver a “Europa” de posibles cargos, puesto que la medida de integridad ¡es la europea! De manera que fue ciego a las burdas infracciones alemanas y castigó a Maradona con crueldad excesiva, recordándonos que el Tercer Mundo no se une con los suyos, sino que se aliena al amo. Admira el ejemplo del otro, adula a “Occidente”, y no obtienen nada a cambio que lo iguale con el otro, además de la derrota.

7. El Rey Necio no detiene la Ola del Mar

Pero Maradona, como nos lo ha dejado en claro, elevó estas interpretaciones. Ha erigido el futbol al nivel de la abstracción musical transparente, llevándola a una pureza absoluta.

No sacó de nosotros los sentimientos nacionales pues no es de los nuestros. No despertó la solidaridad del Tercer Mundo representado por Argentina, que no quiere esta afiliación y disfruta su deuda impuesta, la sujeción oficialmente racista, sino que arreció en nosotros el sentido de autodefensa contra los ataques racistas de Occidente, incluidos los comentaristas de la televisión francesa.

Maradona jugó por amor al juego. Convirtió al futbol en una canción, mezcla de samba y tango.

Nada lo detiene, así como el Rey Necio no puede detener la Ola del Mar. Eso dicen los expertos deportivos que encuentran en las resonancias poéticas la única manera de describir a este ángel diabólico, el creador de oportunidades, el hábil carterista presente en todos lados, que convirtió las canchas mexicanas en su dominio personal.

La Copa es Maradona. Fuerte como buey. Veloz como un misil.

Ingresa a la cancha como quien entra a un templo. Destroza las defensas y anota. Es la estrella de nuestro tiempo. Los doctores no hallarían sangre en sus venas, sino el combustible de un cohete. Atraviesas como el aire los espacios más estrechos. El rey coronado que “anotó el primer gol contra los ingleses con la mano de Dios y la cabeza de Maradona”. 8. Maradona, ¡oh héroe!

Maradona, héroe mío, ¿a dónde iremos esta noche? Maradona, ayuda a tus padres, ayúdanos a sobrellevar esta vida, y ayúdanos a liberarnos del tedio y condúcenos al deseo del heroísmo individual.

Maradona, ¿cuándo dejará tu nombre nuestros labios para regresar a nuestras lecturas de Hegel y Nietzsche? ¡Maradona, Maradona, Maradona!

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Artículo-poema originalmente publicado en la revista Al-Yaum Al-Sábia, en 1986; posteriormente el escritor Hassan Khadr lo incluyó en una antología de prosa árabe. Khaled Mattawa lo tradujo al inglés para Michigan Quarterly Review, de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, en la primavera de 2026. La presente versión, a partir de la traducción de Khaled Mattawa, es de Hermann Bellinghausen.

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